20170317

Tormenta de tierra de Ale Oseguera



Tormenta de tierra es una recopilación de textos poéticos de Ale Oseguera escritos entre 2006 y 2016, años en los que ha vivido en Barcelona. En este poemario «de joven poeta vieja», como la llama el escritor Carlos Zanón, hay versos con sabor a vino, sangre y barro. Con un estilo que por momentos adquiere el ritmo de una canción de rock, ella transforma sin miramientos a personas, sociedades y emociones en fenómenos naturales, en experiencias transoceánicas, en soledad, en expiación. Invita a saltar sin paracaídas.

Ale Oseguera. Es periodista de profesión, escritora por vicio y performer de oficio. Nació en Guadalajara, Jal., en 1982. Sus textos, entre artículos periodísticos, poesía y narrativa de ficción, han sido publicados en las antologías Cuentos para sonreír (Hipálage, 2009), Tú y yo coincidimos en la noche terrible (NAR, 2012) y Libro Rojo 6 (Pan de Letras, 2014). En Barcelona ha trabajado como locutora de radio, periodista cultural y analista de política internacional. Participa habitualmente en la escena de literatura oral de Barcelona en la competición Poetry Slam y con las compañías Las Hermanas del Desorden y Prostíbulo Poético, en espectáculos donde también canta y actúa. Se la puede seguir en su blog: http://dobleaire.wordpress.com

20170309

Un soplo de esperanza

La inesperada llegada de Santo y Blue Demon a la casa de un matrimonio detona una disputa. El resultado es de pronóstico reservado. Con el relato de las peripecias en que se ven envueltos este par de viejos luchadores abre Un soplo de esperanza, el libro de cuentos de Jorge Valdivia García, que se presenta este jueves 9 de marzo en la librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica (FCE).
Este libro es el primero como escritor de ficción de Jorge Valdivia, quien durante 17 años se desempeñó como periodista y editor en los diarios Siglo 21, Público y Milenio Jalisco.
Amor, bondad, deseo, sarcasmo, suspenso, crudeza, ironía, pero sobre todo humor, en tonalidades que van del blanco cándido hasta el negro profundo o el rojo escarlata, colorean los catorce relatos que conforman Un soplo de esperanza. Un universo variopinto de personajes e historias se despliega a lo largo de las páginas de este libro, donde igual es posible encontrar a dos famosas figuras de la lucha libre, como Santo y Blue Demon, a un espejo enamorado, a un merodeador nocturno que vigila a otro, a un oculto bienhechor que no es lo que aparenta, como a una cuija y una cucaracha en parsimoniosa lid.
Un soplo de esperanza es una publicación de La Zonámbula, un proyecto editorial independiente que surge en 2007 en Guadalajara con la finalidad de publicar obra literaria (poesía, cuento, novela, ensayo), tanto de escritores con trayectoria como de nuevos autores, principalmente del estado de Jalisco. A la fecha ha publicado más de cien títulos en sus cuatro colecciones: Pausa Poética (poesía); Árbol de Semillas (literatura infantil), Arcoiris Blanco (ensayos literarios) y Senda Narrativa (cuento y novela). Un soplo de esperanza forma parte de esta última.
La presentación de Un soplo de esperanza estará a cargo de la periodista y conductora Sonia Serrano Íñiguez, y de Víctor Ortiz Partida, director del Museo del Periodismo. Arranca a las 19:30 horas de este jueves 9 de marzo. La sede es la librería José Luis Martínez del FCE, que se ubica en avenida Chapultepec Sur 198, en la colonia Americana. La entrada es libre.

El autor
Jorge Valdivia (Guadalajara, 1967) estudió ciencias de la comunicación. Fue reportero y editor en los diarios Siglo 21, Público y Milenio Jalisco, así como columnista en estos dos últimos. Ganó el Premio Jalisco de Periodismo 2009, en la categoría Noticia. Desde 2012 labora como editor de publicaciones académicas y escribe ensayos sobre temas de coyuntura económica, política y social para la colección Análisis Plural. Sus cuentos han aparecido en revistas y suplementos culturales.


20161115

Homenaje a Raúl Bañuelos

9 de noviembre, 2016
Ex Convento del Carmen


Jorge Orendáin


1
De Raúl puedo decir que es un amigo con quien se puede inventar el mar desde el residuo de una cerveza o desde los ojos de una mujer que habite esta ciudad u otra que no nos pertenezca. De él, les podría hablar de su afición al futbol, a los toros, al ciclismo, al beisbol, a la música, a la lucha libre y de las largas pláticas que sobre el Atlas sostenía con su padre, ese otro niño de edad innumerable.
También les podría platicar de cómo son sus talleres de poesía, de cómo ha impulsado desinteresadamente a muchos jóvenes a la escritura; de cómo es cuando ríe, llora, se enoja o descubre una palabra nueva, o de cómo platica con sus hijos, esposa, hermanos y alumnos; o también de sus libros que habitan en su casa, o de todos los lápices miniatura que siguen con él, siempre a punto de escribir alguna palabra.
Pero hoy me toca decir que Raúl tiene una casa donde habitan dos camas para un tiempo, un techo por si viene muy recio la lluvia y una puerta donde amanece, se hace tarde, llega la noche, y se miran las cosas del mundo por una rendija. Por esa puerta, nos invita a entrar o salir del mundo porque “algún día ya no tendremos puertas/ y seremos como el aire y el sol/ abiertos a todas las miradas/ a todas las sabidurías/ a todos los ofrecimientos”.
En la casa poética de Raúl siempre se mira un colibrí que “vuela para quedarse quieto” y llega del futuro “a volar sobre el es y el qué será”. También hay una ventana que recibe como puede los amaneceres. Desde ahí, Raúl observa la luz y el viento que entran dibujando un mundo. En esta casa, él abre la puerta y camina por la ciudad en lluvia y nos invita a beber la luz con raíz en tierra, para echarnos a “caminar como un río”; y nos advierte que este río en realidad nunca se va, porque permanece en la memoria de todo aquel que moje su mirada en sus aguas.
En ese andar por las calles, Raúl encuentra a un niño de edad innumerable que le lanza una canica por el suelo y los pájaros le regresan todo el tiempo. Raúl toma la canica y la mete en una bolsa donde “cabe ese rayo a favor de la lluvia”.
La poesía de Raúl habita en un barrio donde hubo un volantín que dio vueltas por el mundo en caballos de madera, tortugas, aviones, sapos y luciérnagas, pero que hoy está varado en un rincón de la noche.
Desde su poesía, un pez le habló alguna vez del hombre “cosas largas, anchas y tremendas”; le dijo que “la amargura le viene de no ser mar, ni río, ni lluvia/ y de ser hombre como cualquier cosa cualquiera”.
En el camino nos va diciendo que “las ballenas hacen posible el mar” y que “la lluvia ama del río lo que tiene de agua”. A veces, Raúl saca de la manga un poema, “lo mete en la otra y desaparece”.
En sus palabras, Raúl nos habla de su padre, del abuelo, de su madre, del músico, de sus hermanas, de sus hijos, de su esposa y de gente querida.
Al abrir cualquiera de sus libros, nos vamos a encontrar con un cielo apalabrado de azul, de transparencia, de múltiples voces y, sobre todo, de poesía.
Raúl escribe porque fue niño y aprendió a escribir en cuadernos y en las cosas. Él sigue siendo ese niño que sabe que las palabras que plasma en sus cuadernos o carpetas son una puerta amplia para habitar múltiples cielos. Nunca ha olvidado 4 de los elementos fundamentales que debe tener un buen poema: belleza, precisión, hondura, resonancia.
En gran parte de los poemarios de Bañuelos, es frecuente encontrar los temas de la puerta y el cielo. No es momento de profundizar en esto; pero sí decir que la propuesta poética de Raúl, desde su inicios, puerta y cielo son palabras constantes. Por ejemplo, en 1983 uno de sus libros se intituló Puertas de la mañana. No en vano, hace no mucho tiempo, Raúl le dijo a Gustavo García de la revista Proceso que “Los poemas son una casa entre el cielo unívoco y la tierra dividida”.

2
En un decir que no se puede decir en un dos por tres, y que nada tiene que ver con la prisa, te decimos gracias por todas las palabras y su poesía, por todo el tiempo en diversos espacios, por los lunes, los viernes, los sábados.
Gracias por tu casa y su ventana abierta y la gran familia que siempre nos ha recibido (madre Tere y padre Pablo que ahora habitan otras dimensiones; hermanos, sobrinos, Vero hija, Pablito hijo, Anabel esposa).
También gracias por la compañía en estadios, cantinas, viajes, por alentar nuestros primeros libros, las primeras revistas, las primeras lecturas en público, las primeras entrevistas en los medios de comunicación.
Son muchos decires que no caben en este decir, son muchas botellas de buen vino (bueno, casi siempre), muchos periquetes, muchos gritos en los partidos del Atlas, muchas novias que se fueron (bueno, a mí).
Gracias por tu entusiasmo y trabajo en la Fundación de la Red Nacional Autónoma de Talleres Literarios y por las ediciones que has apoyado, como Trashumancia, Arlequín, El Viaje, El Hoyo, Armario, Juglares y Alarifes, Luvina, Incluso, Péñola, Ea!, El Itinerante y La Zonámbula, entre muchas otras.
Sin duda, somos muchos quienes te damos las gracias por creer en nuestra pasión por la poesía, es decir, por la vida. Este sencillo homenaje es una muestra del tanto cariño y respeto que te tenemos, no sólo en Guadalajara, sino en varias ciudades del país. Y también quiero extender estas palabras para felicitarte por tu gran labor como estudiante, investigador, antitallerista y profesor de la Universidad de Guadalajara, institución que aún te debe mucho, y de la cual recientemente te has jubilado.
Te extendemos un abrazo y los mejores deseos Por el chingo de cosas que nos quedan por vivir en esta Casa de sí que has construido.


Muchas gracias.

http://todoennoticia.com.mx/occidente-municipios-jalisco/cerda-martha-mientras-agonizas-la-zonambula-2020/