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20200627

La seña del quieto, de Diego Salas

La seña del quieto

En el hoyo funky, de Neri Tello

Pedro Valderrama

Vórtice vértice, de Juan Marcos Chávez Cajiga

Vórtice Vértice de Juan Marcos Chávez Cajiga | Le Nous Cultura

El viento y las palabras. Renovación poética de Jalisco (autores de 1980-2000)

El viento y las palabras. Renovación poética de Jalisco by Xóchitl ...

Malalengua, de Ramiro Aguirre

Editorial La Zonámbula: Malalengua de Ramiro Aguirre

Espiga antes del viento, de Carmen Villoro


Una mujer, un libro, de Rossana Camarena


Cuerpo te llamas, de Marlene Zertuche


Yo, el viajero, de Veselko Koroman


Habitar los días, de Ramiro Aguirre


El inventor del Sí, de Julio César Galán

20140102

Verónica de María


ESTOY LIMPIANDO EL SUELO
de mi casa de una cera
que cayó desde las bolas de plastilina
donde jugué con mi niña hija.
Con una navaja estuve raspando
lo pegajoso ya prieto
(no verde ni azul, ni rojo o y amarillo)
y apareció por mi ruta
una morada mínima
(más chica que un hormiga
llamada asquil).
Y ninguno andaba perdido.
Tanto que tengo entre mis dedos
una bola de cera (tamaño canica)
y la hormiga y el asquil
me dieron a escribir
estas palabras de cera
                 y plastilina. 



Un libro de Raúl Bañuelos


Raúl Bañuelos nació el 30 de Enero en Guadalajara, Jalisco. Egresado de la Licenciatura en Letras de la Universidad de Guadalajara, donde es profesor investigador. Imparte talleres de poesía. 

Entre su libros de poemas encontramos Tan por la vida (1978), Menesteres de la sangre (1979), Por el chingo de cosas que vivimos juntos(1979); Poema para un niño de edad innumerable (1980), Puertas de la mañana (1983), Cantar de forastero (1988), Cuaderno de miniaturas (1992), Casa de sí (1994), Junturas (1996), Los solos (1996), Cantos del descampado (2004) y Puerta del cielo (2010).


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20120104

Viento Habitable


Ana Zambrano

Viento habitable de Raúl Caballero García (1952) es una antología que consta de treinta y tres poemas (algunos anteriormente agrupados en El agua inmóvil), perteneciente a la colección Pausa poética de Editorial La Zonámbula.
En la lectura de este libro se respiran varias de las estancias que conforman el movimiento natural del hombre. Por una parte, encontramos al personaje en el espacio del cual ha irrumpido al tiempo y la vida. Se hacen recorridos que van desde la ciudad del Sol hasta las calles de un San Juan que transportan al sujeto poético hacia las profundidades de Santa Tere, donde habrá de contemplar el nacimiento de un amanecer tan único como igual a todos los ya ocurridos.
A partir de lo anterior, habita en este viento de palabras la sensación vibrante de un cuerpo peregrino. El poeta escapa de sus límites citadinos y profana espacios sospechados o no, de sorpresa y aviso. La sustancia de quien se mueve regala añoranza, cansancio y también desahogo. Se trata de quien procura el cambio, lo vive y después trata de ponerle fin al regresar sobre sus pasos, teniendo como primer instinto de hacer, en nombre de la memoria de las tierras pasadas, una ansiedad que responde exclusivamente al frío de la soledad.
Ésta misma línea sigue la presencia femenina como ser causal de pasiones que motivan la afectación del hombre. Se describe aquí el llamado del deseo, la petición de poseer, la palabra que incita, el ritual que convence  y logra el momento donde piel y alma  se alcanzan y alzan hacia la suspensión de lo finito. En la poesía de Raúl Caballero se borda a la mujer que se ama y se tiene para, posteriormente, dejar expuesto el cuerpo y pensamiento de quien la ha perdido y vive su ausencia.
Vale la pena exponer tal realidad con sus dos vertientes. Por una parte, está la mujer lejana que duele y lastima la profundidad de lo sensible, acentuando la disforia de quien por ella es afectado. Hablamos de un lamento, un anhelo irrefutable de algo que se ha disipado. Es melancolía, agonía desesperada. Además de esto, se encuentra la ausencia que fortalece y revienta el amor, la distancia que es dolor y reclamo. Amor y muerte. Deseo que abre grietas y detiene la razón más no la cordura: “Sin casi todos pero sobretodo sin ti”, dice el poeta en un canto dirigido al ser amado, de inteligencia y distracción, de manos que recuerdan, de cuerpo que responde, de alma ofrecida y corazón cuya sangre es derramada. Ella, la que se tuvo pero ya no más… Ella, la mujer de Nunca.
En el óleo pincelado por Raúl Caballero García dentro de Viento habitable se establece, finalmente, la sentencia de que “nuestra tristeza siempre ondeará por el mundo”. Afirma que al llegar la entrega se deseará la ruptura, que al tener lo noble se buscará el caos, aquello que corroe porque perturba. Amar para terminar con el deseo y después seguir amando, seguir buscando, aquí o en cualquier otra parte, hasta que se deje de vivir, sin importar nada más, como causa fundamental del hombre y la vida, cuya dualidad siempre estará atravesada por una discontinuidad que establece la existencia y su movimiento.
Si se trata de un lugar, de una mujer, una ambición o un anhelo, el sujeto poético seguirá buscando, seguirá encontrando y seguirá perdiendo. Lo relevante de estos poemas reside en el recorrido realizado por el hombre, el cual le permite conocer todas sus facetas, jugar todas sus cartas. Ésta es, quizá, la mayor gracia de Raúl Caballero: exponer al hombre como poeta, o lo que es más, exponer al hombre dentro del poeta.

20111213

Una poesía elemental que pertenece a la cosmogonía del aire: Viento habitable, de Raúl Caballero García.

 Por Azucena Hernández

La primera impresión que nace al tener el libro Viento habitable (La Chintola, La Zonámbula 2011), de Raúl Caballero García, en las manos, se dirige directamente a la vista ya que la imagen de portada es un elemento para-textual importante, el cual siempre colabora en ofrecer un horizonte de interpretación al lector. Esta imagen es un fragmento del óleo Corazón inmigrante, de Waldo Saavedra. Representa un corazón alado cuya trayectoria, precisamente, se encuentra proyectada en la lectura de los poemas, en la atmósfera de lo habitable y lo cotidiano; de ahí el título, bastante acertado en mi opinión, que en conjunto con la pintura logra configurar en un todo el poemario de Raúl Caballero García.  
La voz poética que vive en esta obra es una voz migrante que ha pernoctado en diferentes ciudades, con estados emocionales y de conciencia acordes al espacio que canta. Sean lugares íntimos o externos, reales o imaginarios, tanto de México como de Estados Unidos, hay un itinerario de viajes discernible a lo largo del libro. Así dice el poeta con los versos:
He vuelto de un viaje donde los días y el aire
hicieron crecer un absurdo desapego
altaneros incendiaron el eco de mi voz (42)

Es una voz conmovida por las implicaciones del viaje. Las piezas que en él muestran el ‘espíritu migrante’ (como el mismo poeta lo ha denominado) son, quizá, un tumbleweed “entre coyotes”, la imagen que recorre todo el poema. Y el matorral migrante avanza así sobre el desierto para sublimar, en el trayecto que el viento provoca, los sentimientos de soledad, melancolía y ausencia:
matorrales fantasmas
que dejan a su pesar la raíz en las grietas de la tierra
en la llanura el viento los arrastra de un lado a otro
cruzan los desiertos del Norte
con la indiferencia de los perros salvajes
matorrales resecos
compañeros de las ventiscas de arena
sinónimos de soledad (43)

Es también el viento habitable el que transporta y arrastra a ras de tierra a esta planta que, como la voz del poeta y el poema mismo, suelta su semilla en la diáspora. Porque, finalmente, la verdadera poesía es aquella que algo le dice a su lector con la evocación de imágenes y sentimientos a través del lenguaje. Es así como la poesía se afianza en quien la recibe, es entonces cuando comienza a ser germinada.
El motivo del viaje en la poesía de Raúl Caballero siempre es fructífero. El itinerario nos llevará también por ciudades que se quedan grabadas en la memoria y en el corazón, como lo es “Tita sin fin, blues”, poema melancólico que cuenta una pequeña historia motivada por la espera y la soledad. La voz poética añora el regreso de la amada, y en la preparación del recibimiento y la bienvenida se intuyen o imaginan el equipaje y los recuerdos de ese tú amado hacia quien se dirige el poema:
Saltimbanquis aturdiendo el aire/
payasos con metáforas en versos y manos/
trovadores jazzistas dándole un concierto callejero a ti
                                  y a tus amigas después de la cena/
el nieto del blues y su abuelo negros que te hicieron
                                                          llorar en la plaza/
el canto de los niños que te iluminó en la catedral/
la soledad del hotel/

Todo, cada escena, es equipaje para este blues (21)

“Guanatos, río de piedras” es una fina pieza que narra el trayecto en un paisaje invernal que no únicamente permanece en lo descriptivo: el poema es una postal interior que, a fuerza de la repetición de estructuras y de metáforas novedosas, logra retratar un estado de la naturaleza tanto como el de una conciencia receptiva y sensible que retorna a un lugar cuya carga emotiva evoca los orígenes. “Guanatos, río de piedras” simboliza, en esta bitácora poética de cartas y de postales, de confesiones y esperas que es Viento habitable, el viaje mítico de un nosotros a un lugar que parece ser, al mismo tiempo, de la vida y de la muerte. Así lo dice el poeta:
Nos adentramos hacia el río de piedras adonde hemos de volver
Los harapientos árboles crepitan en la noche su desnuda osamenta
Los harapientos árboles alucinan el incendio del bosque
                       sueñan cataratas de pájaros
                                                                        rayos del sol
                       su falta de razón disemina los insomnios
Sus descarnados dedos
reciben de la luna un puñado de recuerdos (51)

La poesía de Raúl Caballero en Viento habitable es, por principio, una poesía elemental. Con esto quiero decir que, si bien a veces se muestra contemporánea y hace referencia al universo urbano, cotidiano e íntimo, los elementos naturales, especialmente el viento y el aire, tienen una presencia constante en todo el poemario. El viento o las metáforas aleves o etéreas otorgan cohesión semántica a esta colección de poemas.
“Dafne poseída” es la pieza que abre Viento habitable, poema de una delineada sencillez y un lenguaje espontáneo. En él se le da al lector una probada de lo que viene luego y que he mencionado antes: el logro de transmitir en imágenes la simbología de un elemento natural y violento como el viento, el cual finalmente se ve domesticado por el amor, pero esto no lo hace pasivo, sino que, en la unión con lo erótico, su expansión es absoluta:
me enloqueces y te penetro
te arrebato
me hundo en tus aromas
alcanzo tu néctar
y al final
tu dulzura
me vuelve música de flauta
aire acondicionado
tu deleite, frágil Margarita (7)

La poesía de Raúl Caballero, entonces, adquiere la metáfora de ser etérea y de pertenecer a la cosmogonía del aire. Así, la poesía salva la duda, ilumina la sinrazón y el temor, se vuelve “traductora del olvido”. El viento es la voz poética con su vértigo de palabras, pero tampoco debemos olvidar que, simbólicamente, el aire es el medio propio de la luz y del vuelo, de la comunicación entre la tierra y el cielo, entre la memoria y el presente. Por eso, Viento habitable también es poesía amorosa, y en este sentido, el amor se convierte en un viaje de dos, de esperas y de reencuentros, de compañías y de nostalgias, de tristezas compartidas. Así lo dice el poeta en “Carta”, poema que, como el título lo muestra, es la confesión amorosa de echar de menos al otro:
Ayer tiré mis huaraches viejos y tus zapatillas blancas, juntos
iban en una bolsa de Sun Harvest
me sentí sumamente humble con ellos.
Mis labios extrañan tus manos y tus piernas
mis manos extrañan tus nalgas y tus pechos
mis dientes extrañan tus labios y tu entraña
mis ojos, tu alma
mi corazón tu mirada
mi soledad la tuya
aguárdame Ita/(29)

Existe una riqueza de sentimientos y conceptos que el poeta capta a través de recursos como metáforas, símiles, repeticiones, la inclusión de giros novedosos e imágenes que por salirse del lugar común atrapan al lector y reconfiguran el sentido de esta poesía que, como el viento, trasciende las fronteras, tanto regionales como íntimas y temporales. Es entonces cuando escribir se convierte en un acto para acortar distancias porque representa una forma de volar y unir así la soledad propia con la soledad de la otredad.
Azucena Hernández estudió la Licenciatura en Literatura Hispanomexicana en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (México). Cursa la Maestría de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Texas en El Paso, en donde es miembro del consejo de redacción de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea. Ha publicado cuento y ensayo en revistas mexicanas y norteamericanas. Esta reseña se publicó originalmente en Somos en Escrito, revista en la red: somosenescrito.blogspot.com.

20110504

Pausa Poética- Catálogo- Por si la recua

Equilátero

De la nariz un triángulo.
Orejas y boca deltas.
No buscarle tres pies al gato,
áspera lengua lamiendo tú, y yo, y otro.
El triángulo de las bermudas desaparece lo gato.
Tres lados iguales como llenos de picos, de orillas
                                                                      desobedientes,
los ángulos intransigentes de nuestro tiempo
nos hacen razonar que somos péndulo.


Dora Moro
Por si la recua
La Zonámbula 2007


20110424

Pausa Poética-Davor Salat

El cuaderno se vuelve a las manos
y se mete bajo el lápiz.
todo es silencioso
como si escribieras
letras ya escritas.

las manos se escapan del sol de la ventana
y en un momento logran
apuntar lo olvidado.
las imágenes no se repiten
y las palabras quedan
más ligeras que la luz.



Murmullo sobre el asfalto
Dos poetas de Croacia
La Zonámbula, 2008

Pausa Poética-Lalo Quimixto Chacala

Hoy asesiné un reloj
Para no existir
Un ratito
un ratito
no más
Buscaron un puñal
En el tiempo
Había muerto el espacio
Huyendo hacia la nada
Esclavo Esclavo Esclavo
De los ríos
Rompo entradas y salidas
Quiero ser agua


Pez en el cielo
Lalo Quimixto Chacala
La Zonámbula, 2010

Pausa Poética-Lisi Turrá

Sin Palabras

Se fue no dijo
ni mu
sus ojos huidos dan todo
por esta soledad

algunos se van así
los dispersa el tiempo a cuenta
atravesando el silencio
esa desventurada aventura de a dos

o será costumbre
desaparecer de vez en cuando
no quererlo no querer estar con uno
dejando una irremediable imaginación
para la tragedia

no le importó de mí
ni el beso a sotavento que le gusta decir
ni el vaso roto con calcomanías
los discos revueltos de Salvatore Andamo
y pinceles moribundos en la
témpera fresca

vuelto loco
por no poder estar en ningún sitio
donde el amor le hable


Fulana
Lisi Turrá
La Zonámbula, 2009.

20110406

Poesía de Croacia en el Occidental





Hace uno o dos años, un grupo de escritores eslovenos visitó la ciudad de México y Guadalajara y presentó un libro de cuentos publicado por la UNAM. Eslovenia es un estado que se encuentra en el extremo norte de la antigua Yugoslavia. Su capital Ljubljana está a poca distancia de Zagreb, la capital croata. Los dos pueblos tienen una cultura más bien occidental, pero hablan diferentes lenguas eslavas. La antología del cuento esloveno se basa en una traducción del inglés, mientras la antología "Bajó la ceniza del antiguo fuego: Poesía de Croacia" publicada en el año 2010 por la editorial tapatía La Zonámbula, es una traducción directa del croata.


20110306

Poesía de Croacia

Un mal día

No pasó nada especial,
pero todo el día
me maltratan mis propias emociones.

Indeseables son
como el moho en el queso
que se quedó olvidado en el refrigerador,
como la espesa niebla tirada sobre los vidrios del auto
mientras trato de determinar el lugar del viraje.
Como la continua caravana de hormigas amarillas
que no vienen de ninguna parte
y persistentemente se deslizan por la pared
hacia la nada.

Esas tiranas ocuparon todo el espacio disponible,
liberadas hasta del más mínimo conveniente miedo
del ataque de cualquier diferente persona
o cosa.

Al final del día cedo y no resisto más
acostada en el sofá
miro por décima vez la película ya vista.

Qué bueno sería empezar a llorar por Ella
a la que Él justo ahora ha abandonado,o
levantarse de repente
pegarse en la rodilla o
dormirse,
antes de tomar una mala decisión.
Y acabar este día.

Diana Burazer
Bajo la ceniza del antiguo fuego
Poesía de croacia


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