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20200629

Zonambulantes- Julio Ruiz Monroy



Dibujo tu silueta en grises,
en tonos oscuros.

Claros de carne y sombra.

Mi línea limita tus hombros y caderas.

Dibujo tus pies: lazos de azar y contacto.

Dibujo tu rostro conmovido,
diluido en el marco pálido: fondo donde naces dibujada, simple ligera, de pluma volátil.

Dibujo tus ojos: círculos y óvalos.

Te veo lanzar miradas,
luciérnagas de dios, brillantes en el fulgor natal del papel.

Dibujo tu vientre,
un vientre mas como cualquiera,
de diosa nunca vista para ser preñada.

20200623

Rumores que matan, Elda Castelán

Rumores que matan



Elda Castelán Rueda

 




 

Así es amiguitas, hay que cuidarse mucho, porque qué creen, mi cuñado murió el domingo, sí, Mario. No, él no estaba trabajando. Pero, es que, nosotros, bueno, ellos no creían en el covid, decían que era cosa del gobierno y empezaron a andar como si nada… El 10 de mayo tuvieron festejo y anduvieron como si nada… él murió el domingo 31.  Y bien triste porque no hay misa, ni funeral. Ahora toda la familia está en cuarentena. Además, mi sobrino nos contó que cuando ingresaron a su papá había camas y respiradores pero, cuando ya lo sacaron, el hospital estaba saturado. Y mi cuñado era sano, deportista, cincuenta y cinco años. Bueno, fumó por más de veinte años… Pero no se cuidó… No creía…

 

 

***

 


Tengo antojo de un brownie, voy a ir a la pastelería de acá cerca.

—Pero, ¿no tienes miedo de salir a cada rato?

No, Dios está conmigo, no pasa nada.

Ah y ¿saben? En el templo que está a la vuelta de donde vive mi suegra, ofician misa a puerta cerrada. Claro, no nos dimos la paz y estábamos distanciados. Pero, pues sí hace falta comulgar y estar en la casa de Dios. Déjenme pregunto a mi suegra los horarios y les paso los datos.

 

 

***

 

A mí me dio mucho gusto lo que expresó ayer el gobernador, ¿sí lo oyeron? Dijo que eran unos pendejos esos que no hacen caso. Qué bueno que él sí se atreve a decirles lo que muchos quisiéramos haberles gritado.



***

 

Yo no entiendo esa gente necia que sigue saliendo a los tianguis y los mercados, cuando ya se les dijo que son focos de infección. Tan fácil que es llamar y te llevan a tu domicilio todo lo que quieras. Yo por eso, le pagué a “mi muchacha” su sueldo completo y le dije que en dos meses no viniera, espero que ella no salga.

—Ah, y, para no salir ¿se va a comer los billetitos que le diste picados con sal?



***

 

Ay mira, como dice el dicho: cuando te toca, aunque te quites, y cuando no te toca, aunque te pongas. Mi vecina Lupita, setenta y seis años, fumadora, hipertensa vive sola y se alimenta muy mal, le dio el covid y la libró. Sí, estuvo internada pero ni ventilador necesitó. Así que yo no me preocupo, sí me cuido pero tengo que ir al banco, al mercado, a la farmacia y la gente no respeta la distancia y una no puede hacer nada, así que tú tranquila…

 


***

 

Estoy feliz con el gobernador por lo que informó ayer: Ahora sí cero tolerancia y la policía empezó a levantar a la gente que no traía cubrebocas.

—Pero, el cubrebocas no es necesario en la calle, solo en espacios cerrados y donde no se puede guardar distancia. Y, en segundo lugar, vi en el video que los policías traen el cubrebocas en la barba.

Pues sí, pobrecitos, ellos andan trabajando y cumpliendo órdenes del gobernador, y él sí sabe lo que hace. Así que hay que obedecerlas.

 

 

***


 

Ayer fui al mercado de abastos, pero ahí el gobernador instaló túneles de ozono, pasas por él y una brisa te baña.

—Ah, ¿y eso te protege del covid?

Creo que sí, por eso los pusieron en varios lados.

—Ah, pues que lo publicite más para que todo el estado pase por esos túneles y esté protegido. Seríamos el primer estado sin covid. ¡Interesante!

Ya me pusiste a pensar… yo creía que al pasar por el túnel y con el cubreboca…

—¿Quedabas inmune? ¿Protegida? Por favor, trata de leer un poco…

Me informo, pero hay tanta cosas publicadas.

—No creo, la información científica es muy poca, solo en la página de la oms o algunas entrevistas con médicos epidemiólogos. Y que tú verifiques su currículum en internet. ¿Acaso no te enseñaron a usar fuentes fidedignas en tu doctorado?

 

 

***


Ay amiga, mejor te llamé para platicarte... Qué crees que le pasó a mi mamá, ¿recuerdas que ella tiene un restaurante popular desde hace como 30 años? Ahora con la pandemia prefirió no cerrar, dijo que por ahí mucha gente seguía trabajando y, otra cosa, no podía liquidar a sus cinco empleadas que han estado con ella tantos años. Realizó todos los trámites ante la secretaría de salud y le dieron un permiso para vender comida solo para llevar, obvio con más medidas de higiene que de costumbre.

    Pero, estoy sorprendida lo que me contó que le sucedió ayer. Dice que llegaron cuatro señores y en tono imperativo le ordenaron que les arreglara una mesa porque iban a quedarse a comer ahí. Mi mamá les contestó que no podía, que salubridad le había otorgado un permiso solo para vender comida para llevar y se los mostró. Entonces los tipos, señalándole el bordado de sus camisas, le dijeron que ellos eran trabajadores del ayuntamiento, que andaban supervisando que los comercios abiertos cumplieran con el reglamento… y que les acomodaran una mesa para seis. A mi mamá no le quedó más que obedecer. Dice que todos traían el cubrebocas en la barba, y solo dos utilizaron el gel antibacterial que está en el mostrador. Después llegaron otros y total la mesa era de diez personas comiendo. ¿Reglamento en orden? ¿Sana distancia? Esa solo nosotros la marcamos…

 

20161021

Poemas de Melissa Cornejo

Limerencia


Y de repente, suspiro.
Porque puedo, porque vivo.
Y respiro los recuerdos,
y te siento, y te sigo.

Permanezco en tu vida,
y me alegro de que vivas.
Tú: sensación agridulce
de silencios prolongados.
Yo: sentimiento iluminado
y letras desveladas.

Y entras sin permiso para irte sin aviso.
Tú dueles, yo te abrazo a mí.
Pero dueles de una forma a la que ya me acostumbré;
dueles en el pecho y en el pelo,
en las uñas y en los dedos,
en la vida y en el ser.

Porque sentir sin tenerte no es nada,
y seguir sin vivirte no llena.
Ya no cuento los días,
ni las lunas.
Porque así, sin decirlo, siempre vuelves.
Y yo espero.
Tú vienes, yo muero.

Estás donde sea, pero no dondequiera.
Porque de querer, estarías aquí conmigo.
De querer sabemos tú y yo,
y sabe este lío.
De querer saben las flores,
las letras y este vacío que vive en mí.

Y te doy acogida una vez más.
Te espero un poquito más.
Y cada día te pienso.
Y pienso que no vuelves,
sin saber que nunca te vas.

Limerencia sin sentido,
y cada día, despacito,
volvemos a empezar.



Monogamia



Llámame anticuada, cerrada o ilusa.
Mi amor, llámame pendeja si quieres.
Pero estoy educada a la antigua.
Todavía creo en que las relaciones son de dos,
no por celos o egoísmo, sino porque no cabe nadie más.
Creo en la comunicación entre las dos partes,
no en tener que adivinar tus reproches mudos.
Creo en construir una vida junto a la otra persona,
si así lo desea, claro está.
Yo no vivo así, a lo pendejo,
me niego a entregarme con la incertidumbre,
con el no saber si mañana estarás, clavado en el pecho.
Porque, ah, he de aclarar que yo me entrego.
Nunca he aprendido a estar a medias,
no supe involucrar la carne sin el espíritu;
tú debes saber de eso: somos indisolubles.

No puedo seguirme engañando,
seguir permitiendo que vayas por ahí.
Amándome a ratos, y amando a otra, y a otra, y a otra.
Sintiendo que no sé llenarte,
que no valgo tanto,
que no te entretengo,
que no te cautivo.

Te quiero, y me dueles,
pero me duele más lo que me hago al estar a tu lado.
Me duele mentirme, apagarme, reducirme.
Requiero exclusividad, ¡maldita sea!
No hay nada más cautivador que saber tuya a la otra persona.
Me mueve hasta los huesos saber que mi pareja es leal,
que está conmigo venga lo que venga.
La estabilidad me seduce,
vaya que soy anticuada
pero ansío la cotidianeidad de un día lluvioso,
de un café
de un poema
de una historia relatada en silencio en un par de ojos marrones.
Muero por tener un par de manos que sean sólo mías.
Unos labios que me besen sólo a mí.
Una voz que no mienta.

No sé si algún día encuentre lo que busco,
pero me debo la simple oportunidad de seguirlo buscando.
Me debo la libertad,
la estabilidad.

Te quiero, pero me quiero más a mí.
Quiero más a mis ojos,
quiero más mi sonrisa,
valoro más mis horas de sueño, de impasibilidad.

Mi amor... no lo olvides.
No te echaré de menos.



Siempre



Estás como para quererte a mi lado.
Quererte un minuto, dos horas, tres vidas.
Quererte como nunca,
Como siempre lo hice y no lo sabía.
Quererte porque me nace.
Tenerte a mi lado por siempre,
Aunque ''siempre'' se reduzca a un instante.
Tocarte aunque sólo sea el alma, aunque sea la sonrisa.
Eres poesía para mi alma,
Eres cielo, eres vida.

Por siempre...
Lo que «siempre» decida durarnos.



La poesía



Apreciar la poesía en la simpleza
y la simpleza en la poesía.

Gente que no sabe hacia dónde va,
pero lucha por llegar más rápido.

El día que rompe con su parsimonia habitual
y su contraste con la prisa cotidiana.

La risa de un niño rompiendo el hechizo,
la mirada de su madre.
La sonrisa fugaz.

Y en medio del ruido está este silencio entre nosotros.
La poesía.



Parasíntesis



¿Quién dijo que la poesía debe ser bella?
Si alguien lo dijo, es porque nunca ha amado.

Te escribo con rabia,
con temblores entorpeciendo mis dedos,
lágrimas nublando mis ojos.
Pero no, mi amor.
Esta vez no es así.
Esta vez no lloro de tristeza,
no lloro por saberte perdido una vez más.

Lloro por mí,
¿Es que acaso no tengo voluntad?

Te detesto.
Detesto que inspires letras corrientes.
¿Por qué no te comportas?
Deberías ser buena musa, como las demás.
Deberías inspirar belleza,
amor,
vida,
color.

Pero inspiras pura mierda,
como ésta.
Como cada coma que he escrito los últimos meses.

Odio que me pidas discreción,
pero al minuto siguiente reproches vivir en anonimato.
Odio que me des ese lugar,
uno que nunca te pedí, que nunca quise.
El lugar de la eterna engañada,
de la que no satisface,
de la que no llena.

Odio alimentar tu neurosis
y que ésa sea mi única función en tu vida.
Yo, alimentando el síntoma de un loco.
Mi loco.

Odio que esto termine así.
No era para tanto,
no éramos para tan poco.



Tal vez



A veces te extraño más de la cuenta
si es que «la cuenta» realmente existe.
Como si se realizara un análisis cuantitativo de lo que es extrañar a alguien.

En ese caso, el análisis del amor debería ser cualitativo.
No decir «te amo mucho», sino, te amo bien.

Si el extrañar se mide en cantidad y el amor en calidad,
tal vez lo romántico vuelva a tener sentido.
En este mundo de números, transacciones, negocios y remuneración.

Tal vez si ponemos el amor por escrito ante un notario,
tal vez si es avalado por alguna secretaría
y es colgado en una oficina como cualquier otro diploma...

Tal vez así nos dure.
Tal vez...



Algún día



Algún día llegará el día.
Llegará el momento preciso
de tenerte y no perderte
de quererte eternamente.



Ausencia



Jamás me atrevería a decir que tú me haces feliz.
Nunca delegaría tal responsabilidad a otra persona.

No quiero decir que eres «mi otra mitad»,
yo siempre he estado entera.
Existe la falta,
lo acepto. La vivo.
Pero no busco otro ser que me complete,
como si fuera un maldito rompecabezas de más de mil piezas
Con un letrero en la frente:
«apto sólo para mayores de 10 años».

No quiero caer en romanticismos absurdos,
accidentes gramaticales, ambigüedades.
Pero nunca te quitaría el mérito de empujarme a creer de nuevo.
De romper mis esquemas, reinventar mis paradigmas y colorearme el alma.



Arte



Arte tatuado en el brazo
e impregnado en cada célula.
Poesía en mis átomos.
Pedazos de mi alma en mi arte.



Ambivalencia



Ahí estamos tú y yo,
entre el odio y el amor.
Ahí, donde no sabes qué más.
Ahí, donde no hay marcha atrás.

Ahí, donde no me quieres tener,
donde no me quieres perder.
Atrapados en momentos efímeros, fugaces.

Y todo nos llega a manera de tormenta,
para dejarnos secos unos días más.

Ahí, donde el cariño es esporádico,
donde los besos no existen
y las miradas se agotan.

Ahí, donde soy yo la que odio,
porque soy yo la que amo.



Moral de lo feo y lo bello



He comenzado a pensar que quizá sea verdad lo que los junkies, yoggies y de más nos han querido vender.
Quizá la vida sea tan bella como la pintan.
Quizá lo horrible son nuestros anteojos.

¿Por qué ser tan narcisistas esperando que la vida se ajuste a nuestros caprichos y «necesidades»?
¿Quiénes nos hemos creído para intentar interrumpir el devenir y querer cambiarlo?

Comencemos por aceptar que la vida es como es, y no como creemos que debería de ser.
No es como te lo prometieron tus padres, como Disney lo cuenta desvirtuando los cuentos de los hermanos Grimm.

Retomando el Budismo y Las Cuatro Nobles Verdades, la vida es sufrimiento,
pero si abandonamos nuestro pensamiento polarizado, infantil e irracional,
si miramos en retrospectiva, podremos darnos cuenta de que muchas veces el sufrimiento marca más que las victorias.
Nos deja más aprendizaje, más crecimiento, más evolución.

¿Qué pasaría si la vida nunca pusiera a prueba la capacidad de adaptación de las especies?
Simple. No habría evolución. No caminaríamos, jamás avanzaríamos ni conoceríamos más allá.

¿Por qué le tememos tanto al sufrimiento, al crecimiento, al cambio?
Tal vez la belleza de la vida reside en que hemos experimentado el sufrimiento, las desventuras y el horror.

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Más Heráclito, menos Disney por favor.

http://todoennoticia.com.mx/occidente-municipios-jalisco/cerda-martha-mientras-agonizas-la-zonambula-2020/