martes 11 de agosto de 2009

Notas de prensa


miércoles 10 de diciembre de 2008

Novedades zonambuleras de fin de año


















viernes 17 de octubre de 2008

Colección de Literatura Infantil

SOY ROBIN ($ 80.00)
Soy Robin es la historia de un perro que narra sus aventuras de una forma amena y enternecedora. Los niños y adultos se convertirán en grandes amigos de Robin una vez que lean este libro.
Diana Aizemberg nació en Argentina. Actualmente vive en Guadalajara. Ella es amante de la literatura, los niños y los perros. Soy Robin es su primer libro.

A ROBIN SÓLO LE FALTABA HABLAR…


Historia de amor y despedidas, encuentros efímeros, romance y casamiento. Un libro que pone la pata
Por Lisi Turrá

Y habló. Abriendo su bocaza y con el hocico apoyado en cada potencial niño lector (y no tan niños), cuenta su historia perruna, la que transcurrió junto a su familia, sin olvidarse de los amigos que pasaron por su vida, algunos fugaces. Se nos presenta así: Soy Robin, y parece que viniera “a cuento” su cabeza dorada, grandota como el amor de un labrador, torpe como es el viento a veces, dulce como su lengua.
Robin es un perfecto cuentacuentos. Con lujo de lamidas relata cada momento de la aventura de su vida: la relación con Lucía, primera dueña a quien rendirá fidelidad por siempre; la despedida de ella, cuando se puso muy enfermo y casi… Al romperse el romanticismo que existía entre ambos; los segundos dueños y la vida en el campo donde conocerá a Tania, una labradora negra de ojos brillantes con la que tendrá un apasionante romance y tres perritos.
¿Quieres leer un relato que te cautive, pasar un delicioso momento con tus niños antes que las ventanas se cierren para el sueño? Arrópalos con lo que le pasa a un perro cuando se pone a escribir. Es como la vida de todos, la del vecino y la del perro del vecino, cotidiana, directa, ladrando la fortuna de un ser que fue elegido para compartir la vida con las personas ¿O es al revés? Además verdadera, porque yo lo conocí. Aunque la autora haya hecho algo de ficción con su historia (quién se puede resistir a eso), tuve el gusto de acariciarlo y que me permitiera jugar con su “maguego” (suerte de juguetito que eligen las mascotas y que son rebautizados con nombres ridículos).
Diana Aizenberg, escritora argentina que radica en Guadalajara, supo comprender el sentir de este chucho y hacer con sus sueños literatura, nada menos. Prosa austera y ágil, es el camino de una narradora que nació y vivió
su infancia en un pueblo lejos de Buenos Aires, donde un vendaval, las tardes de mate y tortas fritas y el vecindario pueden crear magníficas historias.
Formidablemente ilustrado y diagramado por Jorge Sposari, diseñador argentino también radicado en Guadalajara hace 10 años, Soy Robin es para los buenos ratos de chavos y papás, maestros, tíos, amigos que no son tíos pero que lo son, algún grande que recibió Soy Robin como regalo y que sabe apreciar la profundidad de lo común.
Acaricia la cabeza de Robin y estarás acariciando la cabeza del planeta.
Lo demás es cosa de perros.

martes 14 de octubre de 2008

Presentación de autores y libros de La Zonámbula

Este jueves 16 de octubre a las 8:30 pm, se presentarán todos nuestros títulos y autores en el Ágora del ex convento del Carmen, con las colaboraciones de Carlos López de Alba y Jorge Orendáin; y con la música de Naranjito Blues.

miércoles 12 de marzo de 2008

Senda Narrativa

LA OPORTUNIDAD Y OTROS RELATOS ($ 60.00)
Marco Aurelio Larios López (Guadalajara, Jalisco, México, 1959) es doctor en filosofía por la Universidad de Viena, Austria. Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara. Obtuvo el Premio Nacional para Primera Novela Juan Rulfo 1998, otorgado por el INBA y el gobierno de Tlaxcala con El cangrego de Beethoven (FCE, 2002). Es autor del libro de cuentos La música y otras razones para contar (EDUG, 1994, 1997, 2000 y 2003) y del diverimento verbal Erato. Ars amatoria en Guadalajara (Arlequín 1998, 2003). Y es Académico de lo Ficticio.





JACINTA ($ 50.00)
Yolanda Ramírez Míchel
(Morelia, Michoacán, 1965) reside en Guadalajara desde 1968. Es apasionada promotora de la lectura, maestra de literatura y español en varias instituciones educativas. Imparte talleres y cursos tanto en preparatorias como en la SOGEM. Ha participado en programas de radio y televisión como invitada y conductora. Sus cuentos, poemas y artículos aparecen en varias revistas nacionales e internacionales. Cuenta con artículos sobre promoción lectora e imparte conferencias en la Universidad de Guadalajara, en la Feria Internacional del Libro, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, así como en diversos foros educativos. Dedicó su primer trabajo formal a los jóvenes y niños con la obra El gran niño, electrones de un sueño (Editorial El Viaje [2005] y Editorial Progreso [2008]) Una muestra de sus poemas aparece en la antología Mariposario.

Jacinta
Por Laura Solórzano

Terminé la lectura de Jacinta pensado cómo definir el texto de Yolanda Ramírez, cómo referirme a él, cómo llamarle de algún modo. Un cuento de hadas? Un poema narrativo? Una historia para niños, un relato poético, un poema en prosa, un manifiesto femenino-mitológico? Se trata de un híbrido? un texto en el filo de dos géneros, un arcaísmo plenamente moderno? Pensar en él como poema o pensar en él como un cuento? Un poema dentro de un cuento de hadas que trata un asunto actual o viejo, pero vigente?
Aún cuando comprendo que darle al texto una definición o un nombre no importa, no deja de tener su interés el hecho de que fuera esta primera dificultad una forma de definición del mismo. Jacinta se mueve en varios terrenos, ocurre en el lenguaje y ocurre en la imaginación, ocurre entre las voces del narrador, y los personajes, entre el diálogo y el monólogo, así como sucede también en una algarabía de metáforas e imágenes colocadas con una libertad que sorprende e inquieta. Un cuento de hadas inquietante, intenso, sorprendente, que va de un lugar a otro, de un símbolo al otro. El espacio y el tiempo sin embargo, son los ejes que finalmente construyen esta ficción y dibujan el destino de Jacinta.
Jacinta es una mujer atrapada por un ogro, luego atrapada por la maternidad y finalmente por el silencio. La imposibilidad de huir o cambiar el destino es el tema del cuento, es el drama que empieza a formularse a partir del inicio de la vida conyugal y las voces que participan en el relato, la voz del narrador y la voz de Jacinta van tejiendo un mosaico, una colección de fragmentos emocionantes y coloridos por donde transita su vida.
Jacinta se desarrolla a partir del cuento de hadas, hecho que plantea una especie de sencillez sólo momentánea porque el texto se vuelve a cada instante más complejo. El lenguaje camina con abrumadora potencia para contar la historia de Jacinta: las percepciones de la infancia, los seres de la mitología, el ambiente del castillo y las voces que se meten al texto para seguir construyendo el tapiz de esta realidad evocada, equivocada, sujeta y dolorosamente brillante que inunda cada página.
El silencio para Jacinta es lo más difícil, ha sido arrinconada en el silencio, castigada en la soledad de la imposibilidad de la palabra como contacto amoroso. El drama de Jacinta crece, en la medida en que su voz va perdiendo la posibilidad de ser, y de lograr un vínculo.
Dice Jacinta: “construir un camino, un puente, un túnel, una avenida de palabras. Si sólo pudiera hablar sin que fuera sometida su voz….”
Me vienen a la memoria otros personajes femeninos en la literatura que han sido prisioneras de esta circunstancia doméstica y materna que las obliga a callar y asumir su realidad sin poder transformarla. Desde madame Bovary hasta Ana Karenina, las mujeres a merced de un matrimonio infeliz, a merced de su rol social, quedan imposibilitadas de dar a su pulsión vital ninguna salida. Sin embargo, recordando estas novelas, en ellas, la maternidad no restituye el amor, los hijos de Ana Karenina y de madame Bovary pasan desapercibidos, o casi son inexistentes (quizá porque estos personajes surgen de la pluma de dos hombres, dos escritores). En el caso de Jacinta, no es así. El vínculo con los hijos sí logra darle a Jacinta la experiencia del amor, pero no logra sin embargo salvarla del silencio. No hay otra vida y el muro del desamor e incomprensión del otro, se traduce en una cárcel invisible y penosa.
Es en esta cárcel donde la escritura resulta y ha resultado tiempo atrás, una vía de liberación, un escape, una fuga de la realidad opresiva, un vuelo hacia el exterior, de encuentro con la imaginación y, finalmente de encuentro con el interior del ser humano que muestra su luz y toda su oscuridad.
Como el arte en general, la escritura ha salvado a muchos. En el caso de las mujeres la escritura les ha devuelto su voz perdida. La salvación a través de la palabra que expresa no sólo la esencia de esta pérdida, sino algunas veces las causas y las circunstancias de este mutismo. El encierro se vuelve menos real si la voz puede salir, sí puede exponer su razón, y arrojar su veneno. Por eso Jacinta escribe, por eso pasa por esta experiencia reconfortada y plena.
Encontramos en este relato, una prosa que funciona con los recursos poéticos puestos al servicio de la narración. Un ejemplo de riqueza lingüística en conjunto con un relato que nos va sembrando en la silla de la lectura paso a paso, y observamos como el personaje se va hundiendo, se va muriendo en la desesperanza ante la grisura de su vida. El final es congruente con el de un poema y dejando en suspenso mi interpretación, creo que resulta de una fantástica ambigüedad y coherencia.
Jacinta no es un cuento feliz, pero sí es uno cuya felicidad está en la literatura y sus poderes de reencuentro con los eventos profundamente humanos que nos tocan a todos.

El Más acá del más allá de Raúl Aceves
Por Gabriel Gómez López

Mi amigo Raúl Aceves me ha encomendado una tarea que me enaltece: la presentación de su primer libro de narrativa. Inquieto, multifacético, en constante ascenso Raúl es, entre otras cosas: antropólogo, indigenista, ecologista, investigador literario, ensayista, antólogo, creador de diccionarios, gran poeta y aforista, aventurero del mundo de las letras, pero sobre todo un ser profundamente humano, singular personaje de nuestra mitología local.
Ahora bien, antes de leer el libro me enfrenté al desconcertante título “El más acá del más allá”, preguntándome si era una más de sus genialidades lúdicas o que, tras del título, ocultaba algo, considero que una de las condiciones elementales del poeta es su capacidad de ocultarse bajo el manto de las palabras, entonces tal vez podría comenzar desde el más allá hasta el más acá.
En fin, apenas abro el libro me topo de bruces con el prólogo, ¡escrito por el mismo!, lo cual lo hace más sospechoso del delito de ocultamiento ya que Raúl Aceves explica al lector los textos de Raúl Aceves, cierro el libro y me pregunto: ¿entonces qué voy a decir yo si él ya lo ha dicho todo? Siguiendo el hilo de la sospecha me brinco el prólogo y voy al primer texto, precisamente el que da origen al título y me encuentro que el narrador es un cadáver y esto alimenta mi inquietud dada mi tesis de que el poeta es un muerto-vivo, leo con atención algo que semeja una poética: “hacía rato desde que el muerto y yo no éramos la misma persona. Recuperar la conciencia de mí mismo después de aquel abismal oscurecimiento de mi mente como haber despertado de un mal sueño. Eso había sido mi muerte: un mal sueño”. Refiriendo además que, en ese sueño el narrador recordó toda su vida como proyectada en una pantalla de cine…, entonces la voz de la intuición me ordenó: si vas a leer su vida empieza por el final, o como dijo, genialmente, un político en la reciente campaña que nos torturó, “hazlo al revés”. Y así lo hice, de acuerdo con mi inveterada costumbre de ir contra la corriente comencé por leer el último de los textos, así a lo que Raúl llama “el postre” yo lo tomé como “botana.”
En este “Diccionario Personal” Raúl se encuentra como pez en el agua en el territorio de las definiciones: humorísticas, profundas, poéticas, sintéticos, sorprendentes por su frescura y brevedad, por el sutil erotismo, microhaikús, skandas germánicos, Raúl se regodea con los juegos de lenguaje.
AUTISTA, AVIÓN, ANÓNIMO, ANTIPSIQUIÁTRAS, AUTOINMÓVIL, ÁRBOLES, BICICLETA, BONSAI, CARACOL (MANDELSHTAM), CARICIA, CEREBRO, CERRO, CREPÚSCULO, DECADENCIA, DEMOCRACIA, DESOLADO DISCURSO, DROGADICTO, ERRATA, ESCRIBIR, FLOR, LENGUA, EXTRAÑAMIENTO, LOCO, LUZBEL, MATRIA (FOX), OSCURIDAD, PAPEL PASANTE, SIRENAS.
Tras la botana seguimos con los platillos del primer tiempo.
“Un cuento latinoamericano” es un texto diseñado como un reto a los eruditos, conocedores y, en especial, a los literodantes (literatos pedantes) se trata de reconocer a los autores a través de los títulos de sus libros, creo que la editorial ofrece una buena recompensa al primero que lo logre. En el desfilan en agradable compañía escritores célebres como Borges, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Rulfo; junto con los de culto Lezama Lima, Guimaraes Rosa, Macedonio Fernández, José Revueltas; los menos conocidos como Rafael Muñoz, Graciliano Ramos, Otero Silva y otros menos menos conocidos que no voy a mencionar porque no los conozco.
A continuación una breve incursión en un microbestiario, donde encontramos dos espléndidas especies, los palabrones (de boca monstruosamente grande y oídos minúsculos) y los escuchones (de inmensos oídos y bocas chiquitas) que nos remiten a los cronopios y famas de Cortázar; unos tienen la lengua desatada y su arma es el sonido, las palabras furiosas, y requieren de un auditorio aunque sea para escuchar su propia voz, aunque no sepan exactamente lo que dicen, los más peligrosos son los del sexo femenino y aman las reuniones sociales, los mítines, las grandes concentraciones; los otros sobreviven gracias a su habilidad para evadir a los anteriores, aman la soledad pero tienen una enorme debilidad: les gusta el chisme.
“La grieta” es un cuento de horror que se refiere a una falla más enorme que la de San Andrés, una amenaza latente e interior que nos persigue de manera implacable y acabará con el tiempo, el espacio, y la misma Nada, un homenaje a Macedonio Fernández.
En un segundo tiempo nos encontramos con tres relatos en los que se recrea ésta ciudad que algún día fue bella.
“La luz que dejaron prendida” me recuerda a un poema que alguna vez leí entre los legajos de un concurs o de poesía en Aguascalientes y que terminaba con una frase lapidaria. “Y cuando el último de nosotros se haya ido, ¿quién apagará la luz? Aquí la luz recorre la ciudad, a través del rayito de luz nos vamos adentrando hasta San Juan de Dios y los pasajes subterráneos hasta desembocar en la plaza de las sombrillas (que por cierto no sé si aún existe)
El segundo relato relacionado con la ciudad es una carta al tío Augusto, en él el narrador hace un recuento de su infancia y allí encuentra viejas máquinas de escribir, gigantescas bolas hechas con envolturas de papel aluminio, fierros de todas las especies, papeles llenos de polvo y teñidos de nostalgia…, nos presenta a la naciente colonia Chapalita, y se introduce en el mágico castillo que su tío construyó en la esquina de Tepeyac y las Rosas, un laberinto onírico con una cocina tan chica que casi no cabía en sí misma, un elevador que nadie usaba, un piano que nadie sabía tocar, un perico que decía leperadas, una alfombra de piel de venado perseguida por otra de piel de tigre, el tío tocando el violín a la manera del Tobi de la pequeña Lulú. El sitio donde el narrador hizo sus prácticas de alpinismo doméstico que le condujeron al alpinista domesticado de la edad adulta; y luego la decadencia de la colonia, la metamorfosis que transformó el castillo de sus sueños en: peluquería, lavandería, librería, nevería, copias al instante, etc., “Fuiste como un barco que navegó sobre la tierra más reseca, un barco que naufragó en el fondo de los sueños”, y nos remite al primer cuento del libro al decirnos “Quizá lo inútil en este mundo, sea lo útil en el otro, Quizá hacía más falta que alguien pusiera un poco de extravagancia en el más allá, quizá.”
Sigue el documento titulado Expedición arqueológica al Valle de Atemajac. Memorias del LI Congreso de Americanistas. Que, a pesar del engañoso título, está dedicada al tal rebaño autollamado sagrado por la plebe. En este manuscrito Raúl se recrea literalmente con la extraña tribu de los tapatíos, que se nombran como tales ante la dificultad de pronunciar el gentilicio de Guadalajara. Se analizan en el documento los pocos restos de la ciudad que han sobrevivido, tratando de encontrar la razón de la cultura kitsch que floreció en el fin del segundo milenio y dio origen a monumentos tan lamentables como los Arcos del Milenio, una de las maravillas del mundo antiguo. Aquí está el recuento de una insólita civilización que dio origen, entre otras cosas, a las tortas ahogadas, el pollo a la Valentina, a los alcatraces invertidos, mediante las pocas huellas que han quedado los arqueólogos del espíritu intentan reconstruirla, utilizando viejos códices del fondo de cultura, elementos esotéricos e imaginación en dosis homeopáticas, tratando de inventar la razón de ser de algunos sitios indudablemente sagrados, como la Plaza del Sol donde debieron realizarse rituales solsticiales, o la pirámide de concreto y cristal conocida como Jayat donde se hacía evidente la influencia de las tribus yankis. Se habla de una gran feria anual que congregaba a los principales tlacuilos del mundo literario y del malvado dios Pemextli causante de una catástrofe que dejó una gran cicatriz en la memoria.
Como entretiempo se nos ofrece un relato machista, jose alfredojimenista en el que encuentro la reminiscencia de un goberignorante que, durante la ceremonia del grito de Independencia, imploraba, ¿ontá la campana, ontá la campana? El texto termina con una alentadora frase (recuerden que estoy haciendo una lectura inversa) y nos dice: La fiesta apenas comienza.
En efecto continuamos con los platillos fuertes del menú: los tres últimos cuentos.
“Mi historia con Euterpe”, una extraña historia de amor entre Nicodemus, un merolico y una masa amorfa que pudiera ser Euterpe y que, víctima de una depresión rabelesiana, procedió a capitalizar los abundantes recursos mamíferos, siempre renovables, de sus enormes pechos. Narra la historia de los hijos de la extraña pareja, y el desdichado final de Nicodemus al comprobar que el hombre es muy parecido a los huevos estrellados y que una calle calcinante puede ser utilizada como sartén.
“El gran silencio” es una bella metáfora que juega con la Voz y el Gran Silencio; una búsqueda interior para encontrar la palabra como un árbol frondoso lleno de frutos, pájaros y sirenas irresistibles. Una voz que habrá que cultivar a la manera de Voltaire que recomendaba cultivar nuestro huerto. Calificaría a Raúl como un místilúdico que incluso en los momentos de mayor seriedad no puede evitar el burlarse un poco de sí mismo, pero que si leemos atentos sabemos se dirige a la palabra que no hablamos, la que habla en nosotros y que, a veces, trasladamos al decir.
Y arribamos al espléndido final que es el principio, “El Más acá del más allá”. Narrado por un cadáver que escucha los sonidos de los vivos, los rezos y plegarias, chistes y sorbitos de café con los que se despiden de él, luego ingresa en el sueño, en ese territorio intermedio entre el hombre y lo divino hasta que alguien toca su hombro y despierta, ¿lo hace?, nos preguntamos los lectores, ¿o vive en ese estado de suspensión temporal de la vida donde se engendra la poesía?, en fin, quien lo llama es Bartolomé, que a la manera de Hermes, el conductor de las almas al matadero, lo conduce por un camino que es un resumen de todos los caminos que ha caminado, las imágenes van brotando de su interior. Raúl se recrea con las enumeraciones del paraíso al que ha arribado: un lugar parecido a todos los lugares, con una playa tropical llena de bailarinas hawianas donde reparten cocos con ginebra y hay casas sin ventanas y ventanas sin casas, puertas que se abrían y puertas que se cerraban, torres como telescopios asomados a la distancia, escaleras eléctricas perdidas en las nubes, inmensos campos de trigo que ondeaba al viento, aludes de nieve sobre dunas desérticas, una mesa donde no se comía pero se apilaban libros escritos para poder entender otros libros. Escuelas para ser maestro y escuelas para ser alumno, escuelas para ser… “Todo estaba adentro, todo brotando de mi interior, Eso era lo que me maravillaba”. Nadie sufría, pero todos lloraban de gozo, todos estábamos enfermos de amor a la intemperie, por eso es inevitable que encontrara a la Dama sin gracias, la Mujer eterna, niña, anciana, novia, amiga, recién casada, la Dama de la muerte con quien hace el amor cien veces en cien diferentes cuerpos, el gozo llevado a la perfección. A su alrededor se esparcía toda una comunidad multicolor: negros con blanco, amarillos con rojo, verdes con morado.
Pero el hombre se cansa, cuanto más un cadáver, resultó que el paraíso era aburrido, todos los libros estaban escritos y leídos, ya nadie deseaba escribir nada más… Y, en ese momento de mi lectura encuentro el guiño de Raúl, que parece dirigido a este hipotético lector que soy yo y me dice: RESULTABA MÁS DIVERTIDO COMENZAR POR EL FINAL, PARA ASÍ ADIVINAR EL PRINCIPIO. ... EN EFECTO, LOS HOMBRES SOSPECHABAN QUE HABÍA UN DETRÁS, PERO VIVÍAN EN EL MÁS ACÁ DEL MÁS ALLÁ, EN EL ETERNO PRESENTE DEL AHORA, justamente donde nos encontramos, desde la perspectiva del poeta que tras ascender a las raíces del gran sauce sube hasta el séptimo piso, llega a la ventana y es testigo del milagro del mundo de todos los días: la calle gris, las banquetas llenas de hojarasca, los autos estacionados en segunda fila, y… nosotros, sus lectores.
Y ahora me doy cuenta de que toda la bonhomía de Raúl, su calidez y humanidad se deben a un accidente fortuito y terrible: es un poeta, un hombre que ha regresado del más allá y que, aquí, en el más acá, lleva en su frente el sello de quienes han sido tocados por la muerte y nos dice, con toda la sabiduría de su experiencia, que no tengamos miedo porque todo no es sino un juego, una ilusión… enhorabuena Raúl por este recién nacido hijo tuyo, ahora sé por qué escogiste un pediatra para recibirlo. Muchas gracias.

Sueños imperfectos ($ 70.00)
Roberto Ascencio

Nació en Ayotlán, Jalisco, en 1971. Estudió contaduría pública en la Universidad de Guadalajara y fue miembro del taller literario de Luis Patiño Téllez. Cursó el Diplomado en Creación Literaria en la escuela de escritores de la Sogem de Guadalajara. Actualmente participa en el taller de narrativa que imparte Mario Heredia.

jueves 21 de febrero de 2008

Serie Pausa Poética

Alba-vigía
Por Mónica Gameros

Melissa Nungaray no es una promesa de la poesía mexicana, es una realidad que nos aplasta con su grandeza. A su corta edad (hoy cuenta con 10 años) ya tiene varios libros publicados y va deslizándose con maestría innata entre la metáfora y la imagen que se queda en el lector, como se queda una postal ya conocida dentro de la reflexión que nos asalta al comprender aquello que nadie puede explicar.
De forma increíble Melissa se convierte no en la vocera de la humanidad sino en la conciencia de la misma humanidad monstruosa y caníbal.
No dudo que Melissa no persiga convertirse en la conciencia de alguien más y de su imprescindible existencia. ¿A caso no son la locura y la infancia las etapas más honestas de nuestra vida en sociedad? ¿No es entonces Melissa una voz nueva de la conciencia de nuestra estresada sociedad?
Melissa podría ser la existencialista del Siglo XX y haber saltado dentro de la máquina del tiempo para llegar a nuestro inicio de milenio sin problema alguno para adaptarse; pero seguro, es un alma vieja que ha vuelto del Nirvana con sus ojos ancestrales y su alma sabia. Es una palabra suelta en el aire que flota de una orilla del mundo hacia la otra parte que nos arranca los suspiros. Y pese a otras opiniones, creo que Melissa es una esperanza nueva en carne y hueso para la poesía mexicana.
Este libro es, lejos de lo que a primera y distraída lectura pareciera, una emisaria de la esperanza genuina, del amor que nos anuncia la redención y del resurgimiento de nuestra esencia imperfecta conversa en Ave Phoenix.
Melissa Nungaray se sabe frente a la puerta de la pubertad –ÉPOCA ÉPICA DEL DESCUBRIMIENTO DE UNA MISMA- como una oruga que se cristaliza para convertirse en crisálida. No parece que esto le provoque temor sino que se expone como una colonizadora de los miedos y avezada exploradora de las vértebras de la vida que como olas en picada, producen ecos en el huracán del salto cosmogónico de la humanidad en pleno siglo XXI.

El mundo contempla
la resistencia de la vida
cuando quito la corteza
de mi humanidad.

Si la pausa

por Carmen Villoro

Si acaso yo pudiera presentar este libro, si pudiera decir lo que no dicho canta no precisamente en las líneas sino en el silencio que acompaña a las palabras antes y después de ser nombradas… si la lluvia no fuera la carne del relámpago y el dolor un espejo que refleja el vacío de una mirada… si dios pudiera ser esta oración que repito para aliviar su ausencia… si el milagro no fuera la siempre evanescente aparición que se reafirma… si lo real pudiera ser este sueño que no se puede decir porque si se dice deja de decir lo que de cualquier modo no se pudo haber dicho si la verdad no fuera esta mentira irremediable con la que dibujamos un árbol o una rosa creyendo que es un árbol y una rosa… si el vaso no permaneciera vacío a pesar del agua que lo colma y el fuego no brotara de su propia sombra como un pájaro recién nacido… si el otro no fuera siempre el ausente que imanta el deseo con la promesa de un paraíso inexistente pero más cierto que la vida misma… si la ilusión no estuviera hecha de sangre y la falta no nos faltara y lo efímero no nos regalara el instante que se abre para dicha y desdicha… si la duda no fuera la única eternidad que poseemos… si hubiera un orden, una certeza, una sola palabra que dijera… no existiría el poeta, no este poeta que ha de permanecer en pausa para dejar que sea el silencio el que se exprese, no esta poesía que surge no del cuerpo sino de su hendidura, no de lo dicho sino de lo entredicho, no de la puerta sino del ojo de la cerradura, no del saber sino de la expectante luz que habita en el paréntesis.

Si la pausa, la dimensión del espíritu
por Enrique Carlos

Al terminar de leer Si la pausa de Jorge Orendáin, espectros como Li Po en China, Matsuo Bashoo en Japón o José Juan Tablada en nuestra Latinoamérica, no dejan de rondarme. No puedo mantenerme alejado de la relación casi obligada que encuentro entre los textos de este libro y la estructura poética del Japón haiku, aunque en Si la pausa se trate de poemas no sometidos a ninguna métrica, rima o cantidad de versos específicos, mantienen cada uno de ellos el espíritu primario de dicha estructura oriental: la brevedad del instante profundo y, por profundo, eterno.
Dice un poema de Damaris Calderón: La delicadeza/ del haiku/ es/ la delicadeza/ de las huellas/ de las patas/ de las garzas/ cuando se tratan/ de atrapar/ las palabras/ del haiku/ como las garzas/ ya han alzado el vuelo.
Dicho esto, es evidente que la grandeza y complejidad de un haiku se encuentra en la delicadeza y en lo efímero, otras cualidades encontradas en los poemas de Jorge, poemas destinados forzosamente a varias lecturas. En voz propia diría que este libro es un suspiro entre una palabra y otra, cuando algo nos ha obligado a detenernos; es sencillo, pasajero, rápido, pero hay que tener los sentidos bien abiertos para ver, que proviene del más profundo sentimiento, del más profundo ser.
Hablar del lenguaje, del texto mismo, es complicado en poemas tan breves. Sin embargo, cabe destacar la limpieza con que están construidos, la certeza con que se ataca al poema, sin titubeos, ninguna palabra tambalea, de una sigue la otra hasta el final y cada final es firme, pero con la necesidad de continuar otro principio. Una sensación de círculo, una sensación de pausa únicamente con la finalidad de continuar inundan el libro. Cito un poema que mejor que yo lo ejemplifica:


Esperar la muerte
no es dejar que la vida muera.

Si nos dejamos morir
iniciamos la escritura
de otro nacimiento.

Es también predominante una sensación de eco, la que estos textos nos dejan, pareciera que en ellos está escrito sólo la mitad del poema, poema que el lector debe redondear después de su lectura. Decía Stéphane Mallarmé que las partes en blanco del poema eran más importantes que las escritas; en estos poemas, tan breves, nos queda casi la hoja por completo en blanco, una pausa larga, que separa a un poema del otro tal vez, para escuchar los ecos que en nuestros cuerpos resuenan, para mirar con telescopios de papel todo el contexto que al poema le rodea.
Encuentro temas recurrentes, materias primas con las que Jorge teje su discurso, como la obsesión, la melancolía, la poesía misma y la filosofía.
La obsesión se encuentra en todo el libro en modo de suposición, preguntas recurrentes y la necesidad de cuestionar ciertas verdades para inventar nuevos horizontes. La melancolía está presente de un modo más desapercibido, como una gota de colorante azul en un vaso de agua, o una tarde cualquiera en la que siempre está por demás la lluvia. La poética aparece en varias ocasiones, como un resultado aparentemente accidental al ver y vivir el mundo desde los ojos de un poeta. Por ultimo, la filosofía recorre como columna vertebral el libro, sin embargo, llama mi atención cuando le hace frente a Dios, concepto tan amplio y desgastado, de un modo sorprendentemente elocuente y humano; vale la pena citar uno de estos poemas:

Si pensamos en un dios
le manifestamos al mundo
nuestra desdicha.

Si somos desdichados
le decimos al mundo
la importancia de un dios.

Se encuentran también de forma esporádica poemas íntimos, acaso misteriosos, sentimentales, lo que le da al libro calidez y cercanía. Otras veces se tropieza con poemas aforísmicos, poemas que terminan por decorar el poemario con un tono de juego, más nunca juguetón.
Citar ejemplos de todo esto sería citar el libro por completo, cada texto tiene su valor y su entraña, sus raíces en algo profundo y significativo. Sin embargo, me detendré en un poema más, para terminar este comentario, creo que podría ser un pequeño autorretrato del autor y de su espíritu haijin o haikusero:

Si de los ojos se descubre
el decir del alma,
de las palabras se refleja
la dimensión del espíritu.


POR SI LA RECUA ($ 50.00)

Dora Moro nació en Guadalajara en 1969. Sus artículos y poemas han aparecido en las revistas Tierra Adentro, El Subterráneo, La voz de la Esfinge, Letras de Michoacán, Foro Multidisciplinario de la Universidad Intercontinental, Alforja virtual, entre otras. Ha impartido cursos y talleres desde 1993 en distintas universidades, en la SOGEM y en foros independientes. Pertenece a la Red Autónoma de Talleres Literarios, A. C. Viajera obstinada a festivales dentro del país y en el extranjero, perpetrando lecturas y performances para hacer circular la poesía. Actualmente trabaja en un proyecto llamado Teoría de la Poesía Fractal. Su hipótesis del suicidio como método seguro de publicación sigue en veremos.



POLVO LUGAR ($ 50.00)

Xitlálitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, Jal. 1982). Estudió la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara, y fue estudiante de intercambio en la Universidad Rennes II-Haute Bretagne, en Francia. Ha colaborado en revistas de circulación local y nacional. En 2001 ganó el premio de Poesía y Cuento del ITESO en la categoría de poesía. Aparece en la antología Poesía viva de Jalisco (Secretaría de Cultura de Jalisco, 2002). Actualmente es miembro del consejo editorial de la revista Reverso y trabaja en el Conaculta y en Grupo Milenio.





CABRONCITO STANDARD ($ 50.00)

Carlos Alberto Cortés nació en Hostotipaquillo, Jalisco en 1976. Desde 1984 reside en Guadalajara. Integrante por varios años del antitaller de poesía "César Vallejo" coordinado por Raúl Bañuelos. También cursó dos años la carrera de canto en el Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara. Ha publicado poemas en las revistas Espejo humeante, Prisma volante, Tierra baldía, Memoria de la voz, y en el suplemento literario "La furia del pez" del periódico El Financiero. También aparece en las antologías Son de marzo y Figuración de instantes, de la Universidad de Guanajuato, y en Poesía viva de Jalisco, de la Universidad de Guadalajara.



TRANSMUTACIÓN INCORPÓREA ($ 50.00)

Arnulfo Sepúlveda Gutiérrez (Guadalajara, Jal., 1963) asistió al taller literario “César Vallejo” que coordinó Raúl Bañuelos en el Departamento de Estudios Literarios de la UdeG. De junio de 1996 a mayo de 1997 editó la revista mensual de poesía Presencias. Ha publicado en muy diversos suplementos y revistas locales y nacionales. Recibió mención honorífica en el premio de poesía de la Fundación Álica de Nayarit. Aparece en las antologías Tiro al blanco. Poesía última de Guadalajara (1998), Poesía de Jalisco del siglo XX (2001) y Poesía viva de Jalisco (2004). En 1995 apareció Variaciones, su primer libro de poemas.




POESÍA DE ESLOVAQUIA. BREVE MUESTRA ($ 60.00)

En esta muestra aparecen poetas que hicieron su aparición en el panorama literario eslovaco en los años ochenta, por lo general de forma individual. En Eslovaquia, ser un escritor joven era, en la primera mitad de los ochenta, una profesión de riesgo; entraban en conflicto las expectativas oficiales, el intento de controlar el flujo de sangre joven y la necesidad natural de los jóvenes escritores de liberarse de ese yugo. La capacidad de adaptación del régimen comunista provocó en los nuevos poetas una necesidad natural de diferenciarse de sus predecesores, especialmente de los más “resignados”, y encontrar su auténtico lugar, literariamente hablando. La legitimidad de adentrarse en la literatura eslovaca, que no pretende ser en forma alguna un manifiesto, la confirmaron después los propios autores que aquí presentamos.

PLEXILIO ($ 50.00)

Ángel Rafael Nungaray (Yahualica, Jalisco, 1968) es autor de los poemarios Estaciones de la noche (Secretaría de Cultura de Jalisco, 2002), En el vacío de la luz (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2002) y Morada ulterior (Secretaría de Cultura de Jalisco / Literalia, 2004). Está incluido en Poesía viva de Jalisco (Secretaría de Cultura de Jalisco / UdeG, 2004), Muestrario de letras en Jalisco (Impre-Jal., 2005), Los mejores poemas mexicanos (Joaquín Mortiz, 2006) y Animales distintos, antología de poetas mexicanos, españoles y argentinos nacidos en los sesenta (México, D.F, Arlequín / Fonca / Conaculta, 2008). Actualmente es becario del Programa para la Creación y el Desarrollo Artístico Jalisco 2008-2009. Además, ha colaborado en publicaciones como Periódico de Poesía, Ciclo Literario, Letras en Rebeldía, Mala Vida, Reverso, La Cabeza del Moro, Ventana Interior, Alforja, La Casa del Tiempo, Verso Destierro, Tierra Adentro, Literal y en el suplemento cultural del Occidental.

Plexlio
Por Raúl Aceves

Se trata de una poesía decantada, abstracta, antisolemne, refinada, donde hay una búsqueda de lo esencial, que merecería el calificativo de escritura ontológica o mística. Sus versos a veces se cristalizan en forma de cuasi-aforismos, y el uso heterodoxo de los signos de puntuación, como el punto y coma, y el subrayado con negritas, nos sugieren una pauta de lectura alternativa. Utiliza simbolismos e imágenes con un estilo tanto hermético, que invita a hacer un esfuerzo de desciframiento, como el que a continuación intentaré realizar, al que daré el título provisional de “lectura simbólica”. Este método consistirá en ir diciendo en prosa, lo que me sugirieron los versos de cada poema, y en ir descifrando los diversos símbolos y correspondencias que marcan el hilo rojo de la lectura, por lo que utilizaré el mismo sistema de numeración del 1 al 20.
1. Desde el inicio aparece el tema de la ceguera, más espiritual que corporal, como símbolo central aunado a otros símbolos conexos, como la sed (en el páramo del mundo) y el plexilio (un exilio de tipo ontológico). A la aridez del páramo corresponde la sed existencial, que se compara a una flecha que da en el blanco del cuerpo; en la aridez se produce la visión, la fortaleza del arco produce la transparencia, y la velocidad de la sed/ es directamente proporcional/ a la vigilia del cuerpo. Se nos introduce desde el primer poema en el sendero de una ascesis espiritual, que parte de un estado de ceguera del alma hasta llegar a la transparencia de la visión, mediante la práctica de la vigilia, es decir, del estar despiertos y alertas.
2. Existir es alejarse – nos dice-, y la escritura establece un diálogo equivalente a un abismo entre el ser y su reflejo, y pensar interrumpe ese diálogo. Dicho de otra manera, existir es alejarse del propio ser, para perderse en el reflejo.
3. Pero la fuente permanece inalterable, así como el desierto y la atávica proximidad de Dios. El agua de la vida brota de la profundidad de la fuente de el espíritu y sus cauces.
4. Por lo tanto, la sed es una bendición, es un cielo anticipado, un relámpago inmóvil en la memoria de la arboleda. La sed es la raíz del canto y del poema, el fruto flamígero. Y sólo sedientos serán invulnerables y tendrán la visión.
5. La sed se sujeta a la ley del cuerpo, y paradójicamente es fuego y no agua lo que corre por sus cauces, entre el alba y el sueño. El cuerpo es el eje del fuego y la sangre es agua convertida en fuego.
6. En el desierto interior hay un manantial y el desierto es el reflejo del manantial, así como el yo individual es el reflejo del Ser. La vigilia conduce al deslumbramiento del agua, y al florecimiento del germen en el desierto. Por eso el Ser puede decir: soy el germen del desierto. La aridez produce espejismos y “síndromes” que hay que desvanecer y remontar hasta llegar a los abrevaderos de la visión, donde: El desierto emerge/ como la señal del canto/ y la invisibilidad (algo con lo que estarían totalmente de acuerdo los peyoteros huicholes que peregrinan en busca de la visión a Wirikuta).
7. La sed conduce al llanto, cuando la visión se rompe en los rasgos del día y en el ojo del ocaso. Metamorfosis de la sed en las lágrimas, es decir, en lluvia benéfica que haga brotar el germen del desierto.
8. Yo debe subir aún más arriba que Dios, a un desierto, - dice un epígrafe de Angelus Silesius. Otra forma de decir que Dios espera inalterable al viajero visionario en medio de la aridez, donde el eco del espíritu es la transparencia.
9. La escritura, por su parte, es canto que se alza/ más allá del desierto/ de la página (…) La letra atraviesa la fuente y la aridez convirtiéndose así en una vía mística, donde la letra se convierte en flecha que da en el blanco del cuerpo.
10. La flecha tiene sed, y eso impulsa su vuelo a través del desierto del cuerpo. El fuego corre por los cauces del espíritu, impulsado por el arco de la fuente. La flecha tiene sed de fuego, y es impulsado por la sed.
11. La flecha se alza con el arco del cuerpo, la vigilia le da velocidad y el fuego la dirige a su destino, que es el centro del Ser y su reflejo.
12. El ojo de la flecha es la tentativa del espíritu, que es el ojo de la sed, fuente y raíz inalterable del relámpago incesante. Ese ojo busca al mismo tiempo la cima y la semilla, el destino y el origen de su exilio, es decir, de su viaje. La luz vence a la ceguera y el fruto al páramo, cuando el ojo de la flecha da en el blanco.
13. Estamos en el reino de las paradojas: ver es dejarse enceguecer por lo mirado. El auge de la luz coincide con el abismo y la aridez y el auge de la mirada, que se da en el desierto de la visión. El espejismo es una coartada del propio cuerpo para no llegar a la visión. El cuerpo es el ejede la visión y la sed su movimiento.
14. Somos seres nómadas exiliados en el territorio de la oscuridad: La noche es una región árida. / Al amanecer el manantial se abre, / es un ojo de múltiple pupilas. Sin embargo, en nuestro éxodo llevamos el manantial unido a la búsqueda del centro. Buscamos llegar al amanecer, donde el ojo se abre en el manantial donde nace la luz. Esa es la raíz nómada de la ceguedad.
15. El Ser nos mira desde el fondo del cauce y desde la superficie de lo corpóreo. El agua, que subyace en lo alto de la claridad, convertido en páramo líquido, es el espíritu que se extiende, el ser de la ceguedad. El agua, símbolo del espíritu, es también el origen de la sed.
16. La escritura se abre como un cauce para nuestra sed, y se cierra como un ojo para nuestra ceguera. El extravío es la única certeza de la escritura, y la sed es la fuente de la escritura. Sin ceguera y sin la sed, no habría escritura.
17. Escribir es retornan, pero no al punto de partida. Olvidar es la ruta más propicia. Escribimos para olvidar, no para recordar. La escritura se cierra como un ojo.
18. El ojo es la frontera. Cerrar los ojos es reanudar la comunicación con el manantial, romper los diques, y abrirlos es percibir la luminiscencia de los cuerpos que se desplazan a la velocidad de la sed. El ojo es una isla y ver es aislarse, separarse, retornar al exilio del desplome de la vigilia.
19. La pupila es el Minotauro del laberinto de la visión. La pupila, símbolo de la voluntad que oscila entre cerrarse y abrirse al manantial de la visión, puede moverse sin control ni dirección y arrasar lo que se encuentra a su paso, o puede convertirse en la punta de la flecha de la voluntad, el eje de la invisibilidad.
20. La construcción de la obra es también una construcción del cuerpo, dice un epígrafe de Antonio Ramos Rosa. Como si se tratara de una operación alquímica, lo importantes el hálito o impulso del que se procede la obra. El hálito es el ojo del Ser que nos vigila desde la oscuridad, es el vigía que como llama inalterable se vincula la visión del agua. El agua está en la raíz de la vigilia y avanza en el vértigo de la sed. A su vez, la sed circunda la semilla de la escritura, núcleo y propósito de la obra. Por eso dice que la obra procede del hálito.
Aquí conviene terminar mis comentarios a esta sección, justo donde aparece el hálito, para que él mismo se convierta en el guía y en el vigía de nuestra aventura por este páramo líquido de la escritura, y nos prepare para entrar en la sección del Plexilio, donde seguramente nos aguardarán ontológicas sorpresas.

SUR DE LA NOCHE ($ 60.00)

Fabián Muñoz nace en Guanajuato el 2 de octubre de 1968. Han publicado sus poemarios Esperando abril, En la niebla de los parques, Nimbus, Navegación de Medusa, Segundo laberinto y Dogal de Sombras e incluido en diversas antologías en México. También ha publicado ensayo, narrativa e investigación histórica en varios libros individuales y colectivos.
Ha colaborado en periódicos, revistas y suplementos culturales de México, España y Chile, y traducido al portugués en una Página de Internet de Brasil. En 1995 obtuvo el Premio Estatal de Poesía del Consejo para la Cultura de León y una mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos. Fue becario por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) con una Residencia Artística en Chile en el 2006.
Sur de la noche es el resultado de una intensa investigación de campo sobre la vida nocturna en Aguascalientes y varias ciudades del país, apoyada en buena medida por la Beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Aguascalientes (FECA) en el año 2001 en la categoría de Creador con Trayectoria. En ella, los lugares, personajes y situaciones son descritos con un lenguaje poético y directo en una historia que transcurre en una noche mostrando la inocultable realidad urbana.

Sur de la noche
Por Jorge Orendáin


Sur de la noche de Fabián Muñoz se une a nuestro catálogo porque consideramos que su propuesta compagina con nuestra visión.
Algunos de los poemas de Sur de la noche los escuché por vez primera hace aproximadamente tres años en Orizaba, Veracruz. Esa vez Fabián comentó que los poemas de Sur de la noche habían surgido de una investigación de campo sobre la vida nocturna en diversas ciudades del país, quizá Aguascalientes como la más importante, sin olvidar Guanajuato, DF y Tijuana. Eso de llamar “investigación de campo” a un trabajo que implica estar con prostitutas, borrachos y demás, me pareció en ese tiempo un tanto académico. Ahora, en vez de llamarle “investigación de campo”, quizá podemos decir “investigación de ciertas esencias o antiescencias nocturnas”, o tal vez “investigación de paraísos nocturnos”, o investigación de “la antivida”, por decirlo de una manera.
A este libro podríamos catalogarlo como una crónica poética-narrativa donde los personajes y espacios que aparecen van entretejiendo historias etílicas y eróticas donde los protagonistas centrales van dictando sus soledades en compañía. En esta crónica la vida “dura un sorbo de tequila”, el cual se va saboreando lentamente en complicidad de las manecillas del reloj.
Esta crónica poética-narrativa, bien sabemos que sucede a diario en una gran cantidad de cantinas o bares de cualquier ciudad de México.
Si bien la voz poética es en primera persona –no confundir con la voz de Fabián–, prácticamente representa todas las voces de quienes habitan esos lugares, y de todos aquellos que por ciertos azares de la vida no han conocido.
Esos espacios nocturnos que aparecen en Sur de la noche, me parece que son una buena manera de sentir el pulso de la ciudad y el barrio que habitamos; son un buen pretexto para desentrañar esos tantos fragmentos de historia que muchas veces nos negamos a mirar, sin saber que con frecuencia somos sus protagonistas esenciales.
Mirar la ciudad desde la noche nos ayuda a entenderla y saber que sus habitantes, eternos infelices, se enfrascan a diario entre ilusiones, mujeres, drogas, hombres y alcohol, y que pocas veces, casi nunca, saldrán de ese firmamento que la vida misma les ha diseñado.
Mirar la noche desde la perspectiva de este libro, nos debe decir tantas cosas que la vida de luz urbana esconde, quizá, placenteramente.
Como dice Fabián en uno de sus versos, la noche en estos lugares “es un plato que se come frío”, pero de donde todos comemos con la esperanza de que el amanecer venga lentamente desde el sur, que también existe y se vive mejor desde la palabra.

Azares y Azahares ($ 100.00)
Yong Tae Min

Yong-Tae Min nació en 1943 en Corea del Sur. Es doctor en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de literaturas españolas e iberoamericanas en el Departamento de Filología Hispánica de la Universidad Corea, en Seúl. Ha sido presidente de la Asociación Coreana de Hispanistas, vicepresidente del PEN Club coreano y tesorero de la Asociación de Hispanistas Asiáticos. Actualmente es presidente del Club de Amantes del Español, director del Instituto de Investigación de España y América Latina en la Universidad Corea y vicepresidente general de la Asociación Asiática de Hispanistas.
En español ha publicado los siguientes libros de poemas: A cuerpo limpio (Madrid, 1971), Tierra azul (Madrid, 1974), Isla (Barcelona, 1977), Obra poética de Yong-Tae Min (Burgos, España, 1985) y Río de Viento (Guadalajara, México, 1995). Yong-Tae Min ha publicado, además, ensayos sobre Cervantes, Federico García Lorca y la tradición del haikú en la poesía hispanoamericana, y ha traducido al coreano a César Vallejo, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda y Octavio Paz.

Edita La Zonámbula la obra poética del coreano Yong-Tae Min
Por Ricardo Solís/La Jornada Jalisco, viernes 15 de agosto de 2008

La editorial local La Zonámbula, dirigida por el poeta Jorge Orendáin, lanza una novedad para el lector de poesía, la compilación poética del autor de origen surcoreano Yong-Tae Min (1943), Azares y azahares, antología 1968-2007; con un prólogo de Raúl Aceves y un apéndice (a manera de postfacio) de Francisco Ynduráin. Una sobria presentación la de este volumen, una oportunidad nueva que este sello editorial ofrece para acercar la experiencia poética de otras latitudes al lector de por estas tierras.
El volumen agrupa las publicaciones de Min en español, detalle que resalta en el referido postfacio el poeta Ynduráin, como algo que puede ubicarse “dentro de la maravilla” al posibilitar para él la creación poética (“de la más refinada esencia”, nos dice el español), que reúne “los problemas de alcance más hondo” con elementos “de su peculiar sentir y pensar”, en lo que identifica como uno de los beneficios de su estudio riguroso de la tradición en lengua española.
En el estudio descriptivo que, en el principio, realiza el poeta Raúl Aceves, se verifica el recorrido por los temas y recurrencias varias que, dentro de la obra del surcoreano, pueden apreciarse, desde las poderosas impresiones de la infancia que evocan el desastrado ambiente de la guerra hasta el registro del instante en la memoria que contempla tanto las emociones como el sustento tradicional relativo a la literatura y sus imágenes.
Esta antología es, fundamentalmente, una reunión de poemas contenidos en sus publicaciones en español, a saber: A cuerpo limpio (1971), Tierra Azul (1974), Isla (1977), Estancias del tiempo (1985), Río de viento (Editado por la Universidad de Guadalajara, 1993) y una serie de poemas inéditos (que en el índice se consignan como Poesía de metamorfosis, pues así lo nombra Aceves).
Precisamente, en voz del poeta tapatío, la obra de Min contiene una “variedad de temas y acercamientos”, en un tono “grave” que no está exento de un “espíritu ligero y juguetón” y, también, de “filo reflexivo”. Por supuesto, ambos comentaristas de esta reunión de poemas no dejan de advertir las inevitables influencias orientales que pueden acusarse en el libro, pero resulta mucho más notable la habilidad del poeta para ‘filiarse’ a una tradición –en apariencia- tan ajena o distante.
Yong Tae Min es doctor en Literatura Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de literaturas españolas e iberoamericanas en el Departamento de Filología Hispánica de la Universidad de Corea, en Seúl. Ha llevado a cabo a lo largo de los años una importante labor en diversas instituciones como la Asociación Coreana de Hispanistas o el PEN Club Coreano.
Además de las publicaciones que se agrupan en esta antología (sus libros publicados en español), tiene además publicados ensayos acerca de la obra de Cervantes, Federico García Lorca y la tradición del haikú en la poesía hispanoamericana. Por si eso fuera poco, ha traducido al coreano a poetas de la talla de César Vallejo, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda y Octavio Paz.































Viento Versal
Por Paula Zulaica

Los vientos creadores se disparan desde un mismo punto hacia cada una de las direcciones posibles, a su paso violento simultáneamente se crea el todo de la nada.
Conozco Viento versal desde el inicio de los tiempos, conozco la tarea titánica que Angélica se propuso un día completar. Este poemario es fruto de los años y del trabajo arduo de su autora, que como los dioses falibles de antaño no contenta con lo que había creado lo devolvió de nuevo al barro para intentarlo de nuevo. No s fácil destruir lo creado por nuestras manos.
La versión final es exactamente lo que su autora había pretendido, extirpó dolorosamente cada indicio del yo, para que la voz lograra ese colectivismo, esa simultaneidad. La voz poética en Viento versal es una voz desde antes de los tiempos, desde antes de la palabra, del principio y del fin.
Esa voz inmemorial es la voz que brota de nuestras gargantas sin nuestra ingerencia. Es la voz desconocida, aprendida quizás en una ignorada prehistoria. Es la maldición de la boca-portal del profeta.
Leer Viento versal es descubrir la cruel y patética broma, de sabernos no parte del orden sino del caos, no parte de que está a punto de ser creado, sino de la oscuridad y el desorden a punto de desgarrarse.
Me declaro a la vez admiradora y estudiosa de la estilística poética de Angélica Maciel. Me maravillo de la pluma que escribe de secreciones corporales, de la mundanidad, de los olores y del caos en la manera más sublime. Una estilística en que orina y semen ostentan la sacralidad del agua bendita. La palabra nace de sus manos como dictada, como perfecta. En el producto final no encuentro nunca las costuras, la huella de la tijera, que yo sé por experiencia propia invertidos en esta obra, el trabajo infinito puesto en pulir cada una de las palabras, en tratar de atrapar los huidizos vientos con la boca.
Al leer saboreo los sustantivos, la letanía de las imágenes, su secuencia plural. Angélica crea mediante la secuencia de las imágenes y las metáforas presentadas una a otra como fotogramas montados con rapidez, creando movimiento sin derroche de verbos.
Es preciso iniciarse en este culto angelical de los sustantivos, sus bienamados objetos, leerla es verlos como por vez primera, encontrar el asombro de la caracola, el narval, el pelícano, la rosa de los vientos, el astrolabio.
Angélica no se nutre de mitos.
Los crea.



















Después de Babel
Por Víctor Ortiz Partida

“Es una afección de la edad”, “comerse al padre entero”, “padre nuevo”, “la torre de silencio”, “una boca”, “vomita camaleones”, “la mañana de las revelaciones”, “exhalé / orquídeas ponzoñosas”, “la virgen violenta”, “cazadora de las palabras”, “buscar la poesía en su cuerpo”…
¿De qué se habla cuando se hablad e poesía? ¿Qué hay detrás de los poemas que no esté ya al frente de los poemas? ¿Qué terreno pisamos cuando nos adentramos donde estuvo Babel? ¿Qué mundo recorremos cuando leemos Después de Babel, el nuevo libro de Paula Zulaica?
Para comenzar a responder estas preguntas puedo decir lo más evidente, que éste es un mundo de palabras y de versos formados de palabras como los que seleccioné al principio y como los siguientes:
“La culpa fue del árbol”, “Yo quiero ser el instrumento de tu aprendizaje”, “hacer el amor en nuestra propia lengua”, “Ya no se lee nada en este cuerpo”, “No confío en lo que las palabras puedan decir de nosotros”, “Mi nombre no dice absolutamente nada de mí”, “La orden bruta en tu lengua de beber”…
El mundo de Después de Babel, al franquear la puerta, al llegar a sus primeras páginas es un mundo de Dios y de misterio, de comunicación y de silencio, de poesía contra el silencio, de versos contra el propio Dios al que llegamos y del cual partimos impregnados de una nueva poesía.
En este nuevo libro de Paula Zulaica se muestra el ciclo de las palabras bien planteadas que crecen, dan sus múltiples mensajes, enseñan, disfrutan el momento, dudan, decaen y finalmente sucumben en terreno fértil para comenzar de nuevo:
“esta que soy yo / somos nosotras”, “Tú no buscabas el indecible nombre de Dios en mi cuerpo”, “Mi lecho fue el glosario / en donde como un niño / aprendiste el alfabeto y los fonemas”, “El silencio no es la ausencia, / es la estridencia / de todo lo que no necesitamos decirnos”…
Estas palabras, estos versos, estos poemas van convirtiendo a Dios en hombre, el amor de Dios, el amor por Dios, en el amor de hombre, el amor por el hombre, por un hombre. Dios hecho palabras es amor, pero también desamor y misterio.
El misterio va tomando cuerpo y se manifiesta en las extrañas palabras que dan nombre a los capítulos en que se va dividiendo este amor/desamor: Shemot, Veddas, Aisma Sutra…
“pensé que era yo / quien te escribía, / pero ya veo / que yo soy tu poema”, “libro último para salir al día” / “mi tendencia a desobedecer” / “una mujer en cambio, / no temerá nunca petrificarse”…
Las preguntas se transforman: ¿de que hablan los poemas y qué podemos decir de ellos? ¿Quién más, además de la poeta, está detrás y al frente de los poemas? ¿Si recordamos Babel con palabras estamos reconstruyendo Babel?
Cuando se habla de poesía no se está diciendo poesía, en este caso este pequeño texto es un saludo y también una invitación a que Paula Zulaica nos lea su poesía. Una de las mejores maneras de cumplir la poesía es escucharla en voz alta, especialmente en la voz del propio autor.
Antes de escucharla quiero felicitar a la editorial independiente La Zonámbula por seguir publicando libros y por publicar Después de Babel, libro en el que Paula Zulaica le da nombre y enuncia el cuerpo de su poesía. Espero seguir leyendo libros de La Zonámbula y también espero que Paula Zulaica siga cazando palabras y publicándolas.

Julio César Aguilar (Ciudad Guzmán, Jalisco, México). Poeta, editor, ensayista y traductor. Candidato al doctorado en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Texas A&M en College Station, Estados Unidos. Es médico cirujano por la Universidad de Guadalajara y maestro en Artes en español por la Universidad de Texas en San Antonio. Su obra se encuentra parcialmente traducida al inglés, francés, italiano, polaco y persa. Autor de Rescoldos (1995), Brevesencias (1996), Nostalgia de no ser mar (1997), Mano abierta (1998), El desierto del mundo (1998), El patio de la bugambilia (1998), Orilla de la madrugada (1999), Illuminated Mysteries/Misterios iluminados (2001), La consigna y el milagro (2003), Una vez un hombre (2004), La consigna y el milagro/The Summons and the Miracle (2005), Transparencia de lo invisible/Transparency of the Invisible (2006), El yo inmerso (2007).

miércoles 20 de febrero de 2008

Puntos de venta en Guadalajara

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