20110129

Zonambulantes

Rueda de casino
Por Carmina Nahuatlato Frías


Había inventado mi propio reloj, y movía sus manecillas conforme se me antojaban las horas. Era la matrona de mi tiempo y de mi decisión con quien bailar. Acostumbrada al silencio de mi recibidor, a mi cena ligera mientras veía el noticiero nocturno y apagar la luz cuando me despertaba el libro que caía de mis manos al quedarme dormida.
Por la mañana, el espejo escondido tras el vapor de mi ducha caliente, siempre al pendiente de un único reflejo, el mío, recibía una a una mis cremas y mis utensilios de maquillaje. Acepto que tal vez era mala para las matemáticas porque sólo contaba hasta el uno, no sabía dividir y mucho menos restar.
Tampoco cocinaba para dos y mi costumbre de dormir en diagonal en mi cama king size se ha enderezado porque llegó él.
He tenido que cambiar mis utensilios de cocina, contratar un servicio de cable que incluyera toda la gama de canales de deportes y aprender a sumar. Y todo por una canción de salsa.

La noche que lo conocí, mis pies se detuvieron frente al local atiborrado de palmeras y foquitos enredados en sus troncos. Desde ahí se escuchaba perfecto, el estridente sonido de las trompetas y los timbales invitando a todo mundo a bailar. Mis amigas por supuesto no resistieron y apenas nos asignaron mesa, se dirigieron a la pista sin esperar por . Entonces, él se acercó con esa sonrisa perfecta y me invitó a bailar.
Nuestros pasos torpes, poco a poco fueron delineando una perfecta sintonía en la pista de baile. Cinco canciones después, con una caballerosidad ahora en tiempos de extinción, me condujo a mi lugar y yo no pude resistir invitarlo a tomar algo. Para cuando el mojito había desaparecido en nuestros labios, la complicidad se había adueñado de nosotros y sin palabras nos paramos a bailar.
Cada viernes salía a bailar con mis amigas, ahora la costumbre, por razones que me niego a reconocer, era asistir sin falta al eterno Casino Tropical. Él y yo, ya no sólo bailábamos los viernes: las fiestas esporádicas de los sábados fueron buen pretexto para conocernos más, o al menos un beneficio para no llegar sola sin saber de qué o quién platicar. Luego de las fiestas, sobrevinieron las salidas al cine, el tomarnos de la mano, dormir en mi departamento o en el suyo.

Una noche de lluvia, ya no se marchó de mi departamento. Desde entonces estamos juntos y la silla de al lado está siempre ocupada. Mi celular que antes recibía mensajes melosos, ahora recibe un insistente “en dónde estás”. Mi escondite personal ahora es de los dos: él recorre los pasillos con una soltura que parecieran suyos, me encuentra bajo las sábanas y cuando menos lo imagino ya me he dejado atrapar por sus caderas.
A veces siento que me molesta tanta sutileza en su manera de tratarme. Sabe que mi día más que en la ducha, comienza en el espejo y siempre se retira de él cuando llego con mi batallón de frascos. Por alguna razón que todavía no entiendo, en cualquier lugar público me retiene de la cintura y si insisto separarme, me toma de la mano. Tal es su insistencia de tenerme cerca, que ya nunca camino a la orilla de la banqueta.
Llegar a los salones de baile tampoco es lo mismo. Estoy tan acoplada a él, que bailar casi ha perdido su aventura, después de cada vuelta que al regresar me encontraré con el mismo rostro, su sonrisa perfecta y mi libertad atrapada en una pista de baile.

Fue la primera vez que vistamos “Al son de la rumba”, cuando sentí que ya no tenía ganas de seguir con el mismo son de dos. El lugar casi era del estilo de todos: palmeras, mojitos…lo único diferente era el show. Cerca de la media noche, el cantante de la orquesta pidió se desocupara la pista de baile.
Despampanantes, aparecieron tras las cortinas estampadas de notas musicales, cuatro parejas. Ellas, con su atuendo de top y minifalda. A ellos que vestían sólo pantalones blancos de manta, podía contarles cada uno de los rectángulos que se formaban en su torso. Entonces, entre los ocho comenzaron a bailar una especie de orgía salsera. Las mujeres bailaban con uno y de sutil manera cambiaban de pareja: era la llamada rueda de casino. Para cuando la canción había terminado, todas habían bailado con todos ¡y los ocho felices! Yo en cambio estaba angustiada en mi asiento. Él había sido mi única pareja en todos estos meses, ¡la única! ¿la última? ¿para siempre?
Menos mal, que existe la rueda de casino —pienso, mientras el cubano de exquisito trasero extiende su mano hacia y yo le correspondo.

20110125

Anécdota de un desempleado

Por Andres Amezcua
Aceptaría cualquier cosa si fuera por las tardes, por $800.00 pesos semanales, de 14:00-21:30 pa' poder alcanzar mi camión. Hoy sin embargo no parece un buen día para encontrar algo así, estos tiempos no están para ponerse los moños. A la Secretaría del Trabajo, llegan en parvadas los esperanzados y desesperados, esas calorías excedentes del Estado. Los hay de todo tipo: rufianes tatuados intentando redimir su haraganería aceptando las jornadas largas que ofrecen las maquiladoras por un mísero sueldo; también están (y son la mayoría) los que en neolengua se conocen como los malbienvestidos, son esos tipos con plastas de gel en sus negros cabellos, morenos y con su ropa de vestir barata, que entran a la oficina timoratos, volteando a todos lados, llenos con miles de preguntas, con sus documentos bajo el brazo, esperando que les digan que formulario llenar. Estos buscan un trabajo más o menos decente: ya sea como vendedores de piso, ejecutivos telefónicos, mensajeros, promotores financieros, recepcionistas, call centers, guardias de seguridad... Finalmente, aparecen esporádicamente los profesionistas, se les puede reconocer por su mejor sentido de la moda y su cara de desesperación que refleja la angustía de aquel que piensa en la inutilidad de haber dedicado los mejores años de su vida al estudio. Arriban esperanzados a encotrar un trabajo que sea relativo a la práctica de su profesión. Sin embargo, a pesar de existir estas pequeñas diferencias entre los que llegan a la Secretaría, al final ninguno se diferencia en nada. Todos ellos se amontonan en la oficina a la espera de un pedazo de carne o, al menos, carroñear lo que no quisieron los otros. Y es que por mucha esperanza que uno pueda tener, lo único que te puede ofrecer la Secretaría son sólo restos hechos anuncios, folletos, boletines, suplementos semanales de empleo:



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Sí, ahora estaba seguro, no sería un buen día. Finalmente fue mi turno, después de estar dos horas sentado esperando la vocalización de mi nombre. Me atendió un empleado de unos 50 años, no levantó la vista para mirarme, tomó la hoja con mis datos y depués de una pausa me preguntó si sólo tenía cuatro meses de experiencia en el puesto que solicitaba; le dije que sí, pero que de todos modos había trabajado en otros lugares en el mismo puesto. Con aire de enfado me explicó que la experiencia valía por todos los trabajos que había tenido y que debí haber sumado todos los meses o años en total de experiencia en ese puesto. Pasarón algunos minutos hasta que finalmente rompio el silencio y me advirtió que no había ninguna plaza por la tarde, le dije que ningún empleo cumplía mis expectativas. Un tanto indiferente, me respondió que era eso o nada. Desanimado tome mi mochila, me levante y le dije gracias. Casi triste, salí de la oficina, un sol resplandeciente me besó la frente, caminaba lento, arrastrando los pies, atrás de mí se alejaba el Hospicio Cabañas bajo un orgulloso cielo azul. Tras cada paso me arrepentía de no haber aceptado ese trabajo de cajero de supermercado por las mañanas.

20110104

Praderas silenciosas





Autor: Álvaro Luquín

Me hundo en la tarde
entre pájaros heridos por el sol-

Observo cómo se extingue la incandescencia
y muere un niño en el regazo de su madre.

El sueño es tan lúcido
que me elevo entre su muerte.

El autor.

Nacido el 21 de Mayo de 1984. Estudió Artes Cinematográficas. Está incluido en las antologías Poesía Joven de Jalisco (Secretaría de Cultura) y 20 de 20: 20 poetas mayores  o con trayectoria escogen a 20 jóvenes (Conaculta Milenio). Praderas silenciosas es su primer libro.



-Autores en la Red-


"Expulsado de la humanidad": El Informador.
http://www.informador.com.mx/cultura/2013/441918/6/alvaro-luquin-expulsado-de-la-humanidad.htm"

20110101

Pausa Poética- Catálogo- Ricardo Yañez





Ricardo Yáñez nació en Guadalajara, Jalisco, en 1948, estudió Letras en la Universidad de Guadalajara y se ha dedicado principalmente al periodismo y la enseñanza. Ni lo que digo, Dejar de ser, Antes del habla, Divertimentos, Vado, Prosaísmos, Si la llama, Estrella oída y El alfabeto en la neblina son algunos de sus libros. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores. Actualmente trabaja en La Jornada Semanal.

20101223

La oportunidad y otros relatos

Por Andres Amezcua

En esta serie de relatos de Marco Aurelio Larios el eje central es la ciudad de Guadalajara. Ella es el testigo único que observa inmutable cada uno de los acontecimientos que suceden a los personajes. Ellos se mueven escurridizos por sus parques, sus plazas comerciales, sus mercados; sin darse nunca cuenta de su vigilancia. Creen engañar y se engañan al final ellos mismos. Son cuentos impregnados de un atisbo de sensualidad, sexo y traiciones. Y sin embargo, más allá de esto, lo que al lector más le atraerá es ese constante personaje llamado Guadalajara, la perla de occidente.

A lo largo de la lectura, es inevitable no imaginarse a cada uno de estos seres anónimos por el parque Revolución, por el Agua Azul, por plaza México, por el mercado Corona. Sólo por esto, sin dejar de considerar su prosa, los relatos de Marco Aurelio Larios resultan ya placenteros. La identificación es uno de los efectos que logra toda buena literatura y es ahí donde más acierta nuestro autor. No basta un buen uso formal y poético de las palabras, sino que es necesaria siempre una historia que haga que el lector se sienta plenamente identificado con ella. Y es en este sentido, donde nuestra Guadalajara se erige como la ciudad más bella del mundo en donde se pueda vivir. ¿Y por qué no creer esto? La fama y la belleza de las ciudades se basan también en que ellas han sido muchas veces el leit motiv de la literatura universal. Es tal la identificación que perderemos la conciencia de la ficción y llegaremos a un punto donde no sabemos si tales hechos son reales o meramente ocurrencias del autor. Él mismo juega con este efecto, y al final, por si alguna duda nos queda, nos deja unas direcciones de correos electrónicos para contactarnos con los protagonistas de cada una de las historias. ¿Realidad o ficción? Nosotros tendremos la última palabra.

Marco Aurelio Larios (Guadalajara México, 1959) es Doctor en Filosofía por la Universidad de Viena, Austria. Como académico actualmente es profesor investigador en el Departamento de Estudios Literarios e imparte cátedra en la carrera de Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara. Ha impartido cursos de literatura en la Universidad de Viena, Austria; en la Universidad de Rennes, Francia; y en la Universidad de Zagreb, Croacia. Como escritor obtuvo el Premio Nacional para Primera Novela Juan Rulfo 1998, otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y el gobierno de Tlaxcala con El cangrejo de Beethoven (Fondo de Cultura Económica, 2002). Autor de los libros La música y otras razones para contar(Editorial de la Universidad de Guadalajara, 1994) Erato. Ars amatoria en Guadalajara (Arlequín, 1998) y La oportunidad y otros relatos (La Zonámbula, 2007). Y es Académico de lo Ficticio.

20101117

Una probadita del libro que se viene: Versos dicen

En un artículo publicado en el diario La Jornada titulado Isocronías, el poeta jalisciense Ricardo Yañez nos da una probadita de su próximo libro, el cual La Zonámbula se encargará de editar. Aquí la nota.


Isocronías

Adelanto algo atrasado

Ricardo Yáñez
E

l mes de muertos no ha concluido, pero su día ya pasó. He ahí el atraso. Incluyo aquí, con el intermedio de la voz poética de un muerto en vida –¿yo mismo?– o casi, la ofrenda en sendos sonetos a mis padres, fallecidos hace ya tanto tiempo. Los textos que a continuación presento forman parte deVersos dicen, libro que si los tiempos nos son propicios los editores de La Zonámbula sacarán a la luz a finales de este mes. He ahí el adelanto. El ancho de esta columna no conviene al formato tradicional de la composición estrófica; optamos entonces por la horizontalidad dividida mediante diagonales, heterodoxamente señalando con tres de ellas, a más del punto y aparte, el final de los dos primeros textos.

¿Cómo nombrarla sin decir su nombre,/ Elvira, Elvira López? En el canto/ que le oímos cantar, tan ni quebranto/ ni exultación, nomás… Nada que asombre// y sin embargo queda por renombre:/ Elvira era cantar. López Estrada/ Elvira era cantar enamorada/ un no construir, más bien como un descombre.// Un ir quitando cosas, no poniendo;/ un ir quitando estorbos, decidiendo/ que nada es lo mejor, mejor que todo,// que si todo se tiene ya no hay modo/ de dar con nada más. Mejor quitar./ Todo se quita, fácil, al cantar.///

De cierto soy un muerto, y desearía/ ciertamente vivir, vivir espero,/ y ha de venir la hora, Dios primero,/ en que a vivir me lance la alegría// con que crece el frijol y la sandía/ rastrera agradecida pone esmero/ en desde el dulce suelo sol beber,/ y vendrá como quiero, sin querer.// Muertes hace que espero esperanzado,/ siento que ha de venir de un de repente/ a sonreír lo mucho caminado// desde hace tanto tiempo… Fatigado,/ muerto de no vivir, mi voz ausente,/ ¿miro abrirse el murmurio de esa fuente?///

Si yo supiera lo que fue diría/ lo que fue, pero ignoro lo que fuera./ Era mi padre, sí, ¿pero quién era?/ Era, estando tan cerca, lejanía.// Sé cómo se llamaba. Respondía/ al nombre de Manuel Yáñez Escoto/ y era bien parecido. Alguna foto/ ya perdida me dijo esa alegría.// Corría en bicicleta y de albañil/ anduvo, y mucho más de tracalero/ honestamente supo hacer dinero// y, cierto, de la calle era candil/ y oscuridad en casa, o eso pienso…/ Llama y vacío fue, que en mí condenso.


20101115

La Santa

LUCIO MASTRONARDI
Traducción al español: Andres Amezcua

Tenía molestias en un ojo. Me habían recomendado que fuera a que me lo revisara una mujer, que según decían, hacía milagros. La santa de Vigevano. Fui una tarde. La santa vivía en un edificio viejo en el valle de San Martino, uno de los barrios más viejos de la ciudad. Una mujer en la entrada me indicó, sin que le preguntara nada, el piso en el que habitaba la santa. Subí. A la escalera le faltaban algunos peldaños de madera, los cuales, para mi mala fortuna, ya estaban de por sí muy separados. Arribé a una galería adornada con un pasamano también hecho de madera que despedía un olor a marchito y entré en la única puerta que había. Ya en el interior, me encontré en una vieja y grande habitación llena de señoras. Cuadros de Cristo en todas las posiciones posibles colgaban en las paredes: cuando oraba, con el corazón en la mano, predicando, cuando hacía milagros, cuando salía el Calvario, muriendo, cuando resucitaba… Todas las paredes estaban llenas de aquellos cuadros que no dejaban ver siquiera los colores de los muros. La gente se sentaba en la sala esperando con paciencia su turno. Sobre la mesa había una caja de zapatos con un agujero en la tapa. La santa estaba sentada en el bordo de una cama plegable con el crucifijo en una mano y el rosario en la otra. Vestía una túnica de fraile, tenía una cara cachetona con ojos negros y vivos. Su cabello era corto y manchado, el cual se dividía en mitad al centro de la cabeza. Su voz era comunicativa y de habla dialectal.

Sentada frente a ella, una señora le contaba sus penurias. Su hijo estaba por meterse en un grave problema. Se había enamorado de una… mujerzuela. —Yo le he dicho: si te casas con ésa, te niego como hijo. Pero no entra en razón—. Decía la mujer, a quien comenzaban a llenársele los ojos de lágrimas. —¡Nosotros somos gente honrada, no quiero emparentarme con una mujer así!

La santa se levantó. Se tomó la cabeza con las manos. Una pariente suya pidió silencio —Intenta hablar con Jesús, repitió:

—¡Aquella mujer ha embrujado a tu hijo!

—¡No! —gritó la mujer.

La santa echó una mirada a los cuadros de su santo padre, como le llamaba ella.

—Pasaré toda la noche orando por ti y por tu hijo. Verás que mi santo padre me escuchará y deshará el embrujo.

—Espero que me haga este favor —dijo la mujer.

La santa le dio la imagen de un santo con una oración al reverso para que la dijera cuando su hijo estuviera en casa. La mujer sacó un portafolio y metió con cuidado la imagen en una de las bolsas. Antes de irse, introdujo en la caja de zapatos un billete de mil. Ya en la salida, le dijo a la santa:

—Si me hace el favor, yo la sabré recompensar.

—Mi santo padre no necesita nada —le contestó la santa, fiera, alzando la cruz.

Tocó el turno a otra señora. Cuando se sentó frente a la santa explotó en llanto. Entre lágrimas decía que su marido tenía una fábrica de zapatos junto con otro socio que se encargaba de venderlos.

—Sólo nosotros sabemos a dónde nos lleva aquel socio, los daños que nos ocasiona, el trabajo que perdemos a diario… Mi marido quiere separarse y él no está de acuerdo. Por esta situación mi esposo enloquece, pasa las noches enteras en vela, siempre con aquella preocupación fija en su mente.

—¿Qué quiere el socio para separarse? —preguntó la santa.

—Quiere la fábrica entera y el dinero. Quiere que le demos todo nuestro trabajo…

La santa se levantó, se movió a la otra parte de la cama y sacó del tocador un amuleto; repentinamente se desvaneció en el suelo.

—Silencio, está en crisis —murmuró la pariente que le ayudaba.

Por algunos minutos sólo se escuchó el ataque de hipo de la mujer que esperaba el diagnóstico.

La santa se recompuso y dijo:

—Denle todo aquello que pide. Desháganse de todo lo que tienen y comiencen desde cero tú y tu marido. La fábrica está maldita. Yo pediré a mi santo padre para que las cosas salgan bien.

La mujer se fue con un semblante dubitativo —qué mensa— se quejaba —ahora todas nuestras pertenencias quedarán tiradas a la suerte. Ni en sueños…

Fue el turno de una joven mujer. Se sentó ruborizada frente a la santa, miraba nerviosa a todos lados de la habitación, se notaba que se le caía la cara de vergüenza por tener que decir su problema delante de todos.

—Yo sé porqué has venido —dijo la santa mirándola fijamente —No logras salir embarazada, ¿verdad?

La joven mujer asintió.

—Hace ya tres años que mi esposo me lleva con uno y otro especialista — murmuró con voz cansada.

—¿Y aún es afectuoso contigo?

—Ya nunca me dice nada. Tiene una fábrica junto con su hermana, y cada que ella viene a visitarnos él se entusiasma como nunca por el simple hecho de ver a su sobrino. Siempre que quiero su atención me dice que ahora no, que tiene muchas cosas que hacer. Tanto esfuerzo para que al final le deje toda la fábrica al sobrino. Aún así, cuando salimos siempre hay alguien que dice: “qué bonita pareja”; si supieran que cuando regresamos a casa no tenemos ganas de vernos ni en pintura.

La mujer le hablaba en la oreja a la santa, pero la voz se escuchaba de todos modos fuerte. La santa le hizo que se recostara sobre la cama. Con las manos le oprimía el vientre, le hacía una cruz y al mismo tiempo murmuraba una oración.

—Espera el periodo de la luna llena —dijo—. Si no quedas embarazada después de esto, dile a tu marido que vaya a examinarse.

—¿En verdad? —preguntó exaltada la esposa.

La santa entrecerró los ojos y sonrió perspicazmente. En ese momento apareció, sostenida por dos señoras, una muchacha con las piernas paralizadas. La santa corrió a encontrarla y la abrazó. Dijo que había sido curada por ella y que por tal, le era muy apreciada aquella pobre alma. La cara de la muchacha se iluminó mientras las manos de la santa la sostenían.

—¿Hiciste lo que te dije? —preguntó la santa.

La mujer indicó que sí. —He hecho sólo una vuelta alrededor de la mesa. —Dijo.

La santa se sorprendió y después de un momento de silencio, gritó:

—Da rápido dos vueltas. ¡No la ayuden! ¡Adelante!

La pobrecilla se alzó y a duras penas logró agarrarse de la mesa. —¡No!—, le gritó la santa. La joven caminó con esfuerzo alrededor de la habitación, deteniéndose a cada paso y retomando de nuevo el camino. Después de una vuelta se desvaneció sobre una silla.

—Da otra vuelta —le reprendió la santa. La joven se alzó y retomó el camino, la santa estaba atrás de ella cercana, y le decía:

—Estoy aquí, ten fe. No toques la mesa, estoy aquí, estoy aquí, avanza, sin miedo; ves que tu puedes, vamos...

La joven dió tres vueltas y finalmente se sentó sobre el borde de la cama y exclamó:

—¡No me he cansado!

Una de las mujeres que la acompañaba dijo: —Aquí lo logra, pero en la casa no. Aquí están ustedes.

—¡No es cierto! —irrumpió la santa—. Yo no hice nada, es mi santo padre que está en todos lados y también en su casa.

Besó a la joven y le ordenó a las dos mujeres que la acompañaban que le diera tres vueltas alrededor de la mesa; y que después de tres días regresaran. Las mujeres se lo prometieron.

—¡Ahora vete! —gritó a la joven, que esforzándose por no apoyarse en la silla y en la mesa llegó a la salida.

La santa se sentía cansada. Pidió un vaso de agua, pero antes de beberla hizo el signo de la cruz como si fuera un conjuro.

Tocó el turno a otra mujer que tenía una pequeña fábrica. Ella se había peleado con una de las trabajadoras, y en el altercado la amenazó diciéndole que moriría cuando ella escuchara sonar una campana.

—Cuando suena una campana, basta una solamente, para que un miedo inexplicable se apodere de mí, es peor que un tormento —dijo la mujer —y las campanas nunca dejan de sonar...

—¿Despediste a la trabajadora?

—Sí, pero aquellas campanas, santa señora, aquellas campanas...

—Cuando escuches las campanas —dijo— esfuérzate en no pensar que suenan por aquélla.

La mujer movió bruscamente la cabeza. —Ya lo he probado —dijo—. Al inicio, nunca les hacía caso, ahora es un suplicio que inicia desde la mañana y continúa hasta la noche...

— Entonces, persígnate tres veces a cada campanazo —dijo la santa— con tres réquiems juntos.

Fue el turno de una anciana. Su hijo, según la anciana, era un diseñador y quería irse a trabajar al sur de África. Un señor rico de Vigevano había puesto una empresa allá, y el muy tonto quería ir a mostrar su oficio a los zulú. Quería firmar un contrato por diez años, ya que así haría mucho dinero allá y podría regresar a Vigevano a emprender algo grande, un bello negocio de zapatos. —¡Ayúdeme a convencerlo que no se vaya! —dijo la anciana triste y desesperada.

—Mándamelo aquí, le diré sólo cuatro palabras y le haré que se le vayan las ganas de irse —comentó segura la santa—. Lo espero mañana —finalizó.

Finalmente fue mi turno. Me senté delante de la santa.

—Tengo un ojo que me lagrimea —dije, indicando el ojo.

—¿Te chilla el ojo? — me pregunto la santa. Me tomó de la cabeza, me sopló el parpado y se persignó. De una caja sacó una fotografía de Jesús tamaño infantil y me la dio.

—Vela fijamente —indicó—. La miré.

—¿Ves una cruz en su frente?

—No.

—Yo sí. Sigue mirándola...

Las mujeres que estaban en la habitación comenzaron a rodearme, y en un abrir y cerrar de ojos, todas miraban la foto fijamente. Algunas dijeron que sentían un ligero olor a perfume que emanaba de la foto.

—¿Ves la cruz? —me volvió a preguntar la santa.

—Sí, ahora la veo. La santa me miró contenta.

—Yo soy una pobre mujer, sin estudios, sin nada; pero mi Señor me ilumina. Se los puedo mostrar a todos. Cuando una cosa no les vaya bien, o les afecte, hagan como han hecho ahora. Tomen una foto de Jesús y mírenla fijamente hasta que vean una cruz como la que han visto hoy.

La caja del dinero estaba llena, tanto que el mío no entraba. La pariente de la santa la sustituyó por otra. Mientras salía, ingresaba más gente. Y muchas más personas me encontré en las escaleras, en el pasillo y en la entrada del edificio. Mientras regresaba a casa, el ojo aún me chillaba, pero a cada rato era menos, hasta que finalmente no me chilló más.


Biografía del autor:

Lucio Mastronardi fue un autor italiano del boom económico, que nació el 28 de junio de 1930 en la provincia de Vigevano. Su obra más conocida es su trilogía vigentina: Il Calzolaio di Vigevano (1956), Il Maestro di Vigevano (Einaudi 1962), Il Meridionale di Vigevano (Einaudi 1964). El verismo, corriente italiana por antonamasia, y su visión crítica hacia el éxito económico italiano, que impregnan su obra, hizo que la crítica llegara a compararlo con Giovanni Verga. Se suidido un día de abril de 1979, su cuerpo fue encontrado por un pescador en las aguas del Ticino.

20101109

Reseña: Poesía filosófica y humorística en alemán

Por Andres Amezcua

Por sentido común, podríamos intuir que conceptos tales como filosofía y humor no van muy de la mano, y menos aún si tales conceptos son aplicados a la tradición poética alemana. La seriedad alemana es una idea tópica muy común en nuestro contexto, en el cual todo está salpicado del humor y del doble sentido, donde la broma nunca falta en cualquiera de nuestras situaciones cotidianas. Sin embargo, tal prejuicio ha sido ganado a pulso por los mismos alemanes. Sus principales corrientes filosóficas clásicas (Idealismo y Romanticismo) resultan todo menos llenas de humor. Nietzsche, que debió conocer bien a sus paisanos, trata de justificar de una manera menos prejuiciosa la incapacidad del espíritu alemán para el humor. En el aforismo 27 del Más allá del bien y del mal comenta:

Es difícil ser comprendido: en especial si uno piensa y vive gangasrotogati (al ritmo del Ganges) entre hombres que piensan y viven de otro modo, a saber, kurmagati (al ritmo de la tortuga) o, en el mejor de los casos, mandeikagati...

Hablando del idioma en términos musicales, Nietzsche explica más a detalle tal incapacidad en el aforismo 28:

Lo que peor se deja traducir de una lengua a otra es el tempo (ritmo) de su estilo: el cual tiene su fundamento en el carácter de la raza (...) El alemán es casi incapaz de usar el presto (rápido) en su lengua: por tanto es licito inferir legítimamente, también es incapaz de muchas de las divertidas y temerarias nuances (matices) del pensamiento libre, propio de espíritus libres. Así como el buffo (bufón) y el sátiro son ajenos a su conciencia, así Petronio y Aristófanes le resultan intraducibles. Todo lo serio, pesado, solemnemente torpe, todos los géneros fastidiosos y aburridos de estilo están desarrollados entre los alemanes con abundantísima multiformidad ...

Para Nietzsche, no exento de un atisbo de prejuicio, el gusto alemán es un gusto rococó in moribus et artibus (tanto en las costumbres como en las artes).

Por fortuna, pero irónicamente, Nietzsche representa ese aspecto humorístico de la tradición poética alemana, y no sólo él, sino que también muchos otros grandes poetas y escritores alemanes que no son muy conocidos por este lado del charco. En efecto, el cliché del alemán serio y profundo se debe en gran medida a que de los autores que nos han llegado traducidos (porque de poesía y literatura alemana se conoce bastante en México), sólo un aspecto de su tradición ha sido exhaustivamente agotado. Esta antología tiene como propósito, en palabras de Vogt, hacer visible aspectos diferentes de la poesía alemana relacionados con la reflexión crítica y el humor. La antología incluye poemas emparentados con el aforismo, la sátira e incluso con el chiste y refrán popular, pero que, según Vogt, pocas veces ocupan lugares destacados en la historia de la poesía alemana.

Para invitar al lector a hacer una lectura de esta antología les dejo una probadita del tipo de poemas que se encotrarán.



Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781)

Elogio de la pereza

Pereza, ahora quiero cantarte

también a ti un pequeño himno de elogio

Oh cuánto ------ me ------- cues -------- ta

¡elogiarte ---------------------- dignamente!

Sin embargo, quiero hacer lo que pueda

después del trabajo descansa uno a gusto.

Supremo bien quien te tiene a ti,

cuya vida tranquila ------------

¡Ay! -------- bostezo -------- me estoy cansando ----------

Bueno ---- así ----- tal vez --------- me perdones

que no puedo entonarte un himno de elogio

no me dejas hacerlo.

20101015

Arco iris blanco

LA “AMBIGÜEDAD” DEL HILO NEGRO*

Miguel García Ascencio

I. Un hilo no tan negro
Descubrir el agua hervida es tanto como encontrar el hilo negro. Como reprochar a alguien por mostrarnos lo sabido. Una frase hecha para decir que no repitan lo obvio.
El hilo negro no siempre es hilo negro de forma tajante. No existe afirmación o conocimiento que no parta de otros saberes. Casi todo sería hilo negro. Hervir el agua fue un descubrimiento de grandes repercusiones para la salud.
Ramiro Aguirre, además de irónico al titular su libro con esta frase peyorativa, es modesto, y toma precauciones frente a la crítica. La difusión de saberes asimilados, siempre será el hilo negro. Esto hace quien produce revistas no especializadas, suplementos culturales y los articulistas en la sección de arte y literatura de diarios y publicaciones periódicas. Hilos negros a cada paso.

II. La biografía como eje
Ocho son los autores (casi todos novelistas, excepto un poeta y un fabulista), biografiados por Ramiro Aguirre en El hilo negro: Charles Bukowski, John Fante, Sándor Márai, Graham Greene, Augusto Monterroso, Paul Bowles, Joseph Brodsky y V. S. Naipaul, con estilo ágil, en el que mezcla ensayo, relato y técnicas de la biografía.
En estos ensayos-relato pesa más la biografía. Le siguen reflexiones oportunas acerca de las características de cada autor. Sobresale una de sus intenciones: esquivar la academia, el engolamiento y la saturación de teoría.
Cuando me refiero a biografías, es preciso aclarar que las aquí presentadas no obedecen a un esquema lineal y esquemático de biografiar: fechas de nacimiento, de aconteceres importantes en la vida del autor, y para finalizar, de su muerte. Con tal secuencia inamovible.
No son “cartas” de papelería: las fechas imprescindibles las da en el momento adecuado, sin repetir dicho orden en las otras.
La biografía importa en el texto de Ramiro Aguirre, pero como ayuda para comprender al autor y su producto literario.

III. “Monografías” a partir de lo biográfico
La acumulación de estas biografías puede ofrecer elementos para elaborar “monografías” que:
a) Nos descubran los vuelcos y pulsos de una época a través de sus escritores. Dicho de otra forma, cómo entendieron su entorno y cultura. De qué manera influyeron en el mismo.
b) Cómo repercuten los acontecimientos nacionales o internacionales en la obra de un autor. Cómo les afectó.
c) Reflejos de época en su literatura.
d) Vestigios de su vida personal en su producción literaria.
e) Etcétera, lo que nos encauza a lo sociológico o sicológico en la literatura, faceta que obliga a discurrir con algún método de análisis e irremediablemente nos enfanga en la academia.
Este libro, sin buscar lo anterior, en conjunto responde a varios de tales planteamientos.

IV. Lo de uno en “todos”
Con el afán de ver qué hay detrás de estas biografías, encontré que en los biografiados existen muchas coincidencias, las que en sentido riguroso, no lo son: no hay efectos sin causa. El autor de El hilo negro, de forma consciente o inconsciente, aglutina tales aspectos y los evidencia. Veamos.
Casi todos los autores que reseñó, vivieron una niñez, que en el mejor de los casos, fue solitaria. Augusto Monterroso el más afortunado. En el peor, sufrieron violencia intrafamiliar. Un extremo de ésta, la padecida por Charles Bukowsky. Víctimas de enfermos de alcoholismo o neuróticos sin curación. Ello los obligó a crecer en constante conflicto con sus padres o familia.
Otro aspecto que los unifica es el de las penurias económicas desde la infancia, en la adolescencia o en grandes porciones de su vida. Van de empleo en empleo, lo que muchas veces apenas les permite subsistir. Lo dejan por voluntad propia o los corren. De vendeobjetos a periodistas por mientras. Ya con oficio, algunos serán corresponsales de revistas con distribución internacional y designaciones concretas de trabajo. Hasta uno de ellos (Graham Greene) servirá como espía a las órdenes de Inglaterra, a la vez que escribe para Life.
Que hayan dejado la universidad o la consideraran no indispensable, constituye otro de los matices de su personalidad. Son autodidactos con un plan preconcebido. Una obsesión los alimenta: quieren ser escritores. De nuevo Monterroso es un caso especial: recibe clases particulares. El nivel económico de sus padres lo permite. Los demás creyeron que la mejor universidad es la vida in situ, el transcurrir y la observación de los acontecimientos.
La mayoría de estos escritores conoció los “bajos fondos” de la sociedad: arrabales, zonas calientes, barrios bravos, los tumultos, en el límite entre la delincuencia desorganizada y el abismo de la pauperización. Pobreza que busca satisfacer requerimientos por las vías de la transgresión. Cuando no, la picardía fue el antídoto contra los modales cultos.
Cuando no procedían de una familia en que el padre aspiró a ser escritor o fue periodista profesional o aficionado, el consejo habitual era: dedícate a una profesión de provecho: no pierdas tu vida inútilmente. Pocos viven con decencia de eso. Parientes y conocidos no podían entender los dictámenes de la vocación.
Como consecuencia de vivir de forma congruente sus preocupaciones literarias y su pasión por escribir, vieron con claridad la estructura económico-política de su entorno y sus trampas: la mayoría criticó lo falaz del “sueño americano”, su consumismo glotón, sus afanes de riqueza, su ir tras la felicidad en donde no puede ser encontrada. Unos lo hacen con sarcasmo, otros permiten que las tramas de sus novelas desenmascaren lo encubierto.
En apariencia lejos de la historia, pero no de las historias, reflejaron los aconteceres históricos importantes en el mundo o sus repercusiones: desde la prolongación de la revuelta cristera en México (Graham Greene), hasta conflictos bélicos en Asia y África. También movimientos independentistas de varios países del tercer mundo.
El lado oscuro del corazón podría ser una frase que identifique a la mayoría de estos escritores. Otra vez, excepto Monterroso. Escriben desde la derrota, pero siempre cuidadosos de salvaguardar los valores de libertad y justicia. En lo personal, todos fueron independientes hasta donde las circunstancias lo permitían.
Muchos de estos escritores serán trotamundos, viajeros contumaces por adicción o por trabajo. De un país brincan a otro y de un continente al de más allá. Mundializados y mundializadores sin pretenderlo. Su producción lleva a los lectores a ver el mundo desde una órbita no folclorista. Descubren en cada obra las características específicas de las culturas a que se refieren. Monterroso es el no tan “movedizo”, el que limita su territorio a Centroamérica y México. En todos existe una visión universal, totalizadora, la que parte de lo personal: el individuo como ente similar a otro del planeta.
Ser trotamundos quizá resulte del sentimiento de desarraigo de algunos de estos escritores. Con raíces diferentes al lugar en donde radicaron, fueron de muchos entornos y a profundidad tal vez de ninguno. En todo caso escribir fue su universo, territorio que transportaban consigo a donde fuesen. Territorio que se agrandó con la suma de experiencias y el vivir en la patria afectiva de las personas que trataron.

V. Qué y para qué escribir
Una preocupación constante del autor de El hilo negro es transmitirnos el sentir de sus biografiados con relación a la escritura: qué y para qué escribir, además del cómo hacerlo. El qué se los dicta la experiencia, ya sean argumentos guardados o resguardados en su memoria o la síntesis después de acumular reportajes y anotar lo visto.
Este qué, para qué y cómo, hace formular a estos escritores una serie de parámetros: escribir no es dar noticias, sino envolver los acontecimientos con un tono que los haga memorables. Lo memorable no radica en los estilos recargados. Podríamos afirmar que hacen periodismo literario: estilo directo, ausencia de adornos, eficacia expresiva…
Junto a lo anterior en la forma, el fondo será retratar a sus personajes. Oírlos hablar, ver cómo se mueven, qué los angustia, de qué manera transmiten su pensamiento a los demás. Una vez salvaguardado lo fundamental, unos se inclinan por el realismo sucio (Charles Bukowsky) y otros por la ironización. De malditos la mayoría tiene un poco.
Otros hacen montajes con situaciones de su vida o personas cercanas a ellos. Ya víctimas de las circunstancias o reflejo de lo que observan, creen que escribir es una responsabilidad y que, indiferentes o no a los valores morales, sus conductas repercuten en el entorno.
Escribir será la consecuencia de haber vivido lo que luego llegará al papel. Que el tiempo no se evapore. Que nos recuperemos en lo escrito. Somos historia si la hacemos letra. Tal postura los presiona a ser autobiográficos o con pinceladas de su biografía en el perfil de sus personajes.

VI. Los trasfondos
Ramiro Aguirre encontró los hilos negros que buscaron los autores que reseña: vivimos en sociedades que no ofrecen un desarrollo igualitario. Esto permite que algunos declaren sin declarar, o haciéndolo, que simpatizan con la marginalidad. No quieren salvar a las clases en abandono, sino dejar claro que éstas constituyen los idóneos para sus fotografías.
De forma directa o indirecta, ponen en claro las trampas del capitalismo: que la multitud subsista como mano de obra rentable, para que una minoría tenga abundancia. Describen la desintegración de la burguesía, la soledad como resultado del individualismo y lo difícil que es alcanzar la felicidad pregonada.

VII. Conclusión
El hilo negro, de Ramiro Aguirre, ofrece la oportunidad de tener acceso de manera sintética, a una bibliografía amplia sobre dichos autores. Hay que aprovechar este desbroce de vías.

* Texto leído en la presentación de El hilo negro, el 14 de octubre de 2010, en la Alianza Francesa, Guadalajara, Jal.

20100716

Una nota que nos llega desde Croacia

Datum objave: 13.7.2010 u 12:06h
Objavljena zbirka desetoro hrvatskih pjesnika
Hrvatski suvremeni stihovi u Meksiku


ZAGREB – Izbor pjesama desetero suvremenih hrvatskih pjesnika »Bajo la ceniza del antiguo fuego: Poesía de Croacia«, koje je izabrala i prevela hispanistica Željka Lovrenčić, objavljen je u Meksiku, izvijestilo je danas Društvo hrvatskih književnika.

Knjigu je objavila nakladnička kuća La Zonámbula iz Guadalajare, a uredništvo potpisuje meksički pjesnik i sveučilišni profesor književnosti Jorge Orendáin.

Predgovor knjizi napisao je Davor Šalat, a naslov zbirka nosi po pjesmi Ante Stamaća »Pod pepelom davne vatre«. U knjizi je zastupljeno po pet pjesnikinja i pjesnika s po deset pjesama: Diana Burazer, Ružica Cindori, Lana Derkač, Dunja Detoni-Dujmić, Diana Rosandić te Luko Paljetak, Delimir Rešicki, Joja Ricov, Ante Stamać i Borben Vladović.

Knjiga je objavljena uz potporu hrvatskog Ministarstva kulture.

Nakon uspjeha hrvatskih književnika u Čileu, gdje su na portalu čileanske književne udruge Letras de Chile do sada objavljeni radovi trinaestorice naših autora, sada će se hrvatska poezija moći čitati i u Meksiku.

La Zonámbula je u prijevodu Željke Lovrenčić objavila 2008. knjigu Lane Derkač i Davora Šalata »Murmullo sobre el asfalto« koja je potaknula uspješnu suradnju.

Hispanistica Željka Lovrenčić do sada je objavila osam knjiga prijevoda na španjolskome jeziku, od toga šest u inozemstvu (Čile, Meksiko, Španjolska, Bolivija). (Hina)

http://todoennoticia.com.mx/occidente-municipios-jalisco/cerda-martha-mientras-agonizas-la-zonambula-2020/