20101115

La Santa

LUCIO MASTRONARDI
Traducción al español: Andres Amezcua

Tenía molestias en un ojo. Me habían recomendado que fuera a que me lo revisara una mujer, que según decían, hacía milagros. La santa de Vigevano. Fui una tarde. La santa vivía en un edificio viejo en el valle de San Martino, uno de los barrios más viejos de la ciudad. Una mujer en la entrada me indicó, sin que le preguntara nada, el piso en el que habitaba la santa. Subí. A la escalera le faltaban algunos peldaños de madera, los cuales, para mi mala fortuna, ya estaban de por sí muy separados. Arribé a una galería adornada con un pasamano también hecho de madera que despedía un olor a marchito y entré en la única puerta que había. Ya en el interior, me encontré en una vieja y grande habitación llena de señoras. Cuadros de Cristo en todas las posiciones posibles colgaban en las paredes: cuando oraba, con el corazón en la mano, predicando, cuando hacía milagros, cuando salía el Calvario, muriendo, cuando resucitaba… Todas las paredes estaban llenas de aquellos cuadros que no dejaban ver siquiera los colores de los muros. La gente se sentaba en la sala esperando con paciencia su turno. Sobre la mesa había una caja de zapatos con un agujero en la tapa. La santa estaba sentada en el bordo de una cama plegable con el crucifijo en una mano y el rosario en la otra. Vestía una túnica de fraile, tenía una cara cachetona con ojos negros y vivos. Su cabello era corto y manchado, el cual se dividía en mitad al centro de la cabeza. Su voz era comunicativa y de habla dialectal.

Sentada frente a ella, una señora le contaba sus penurias. Su hijo estaba por meterse en un grave problema. Se había enamorado de una… mujerzuela. —Yo le he dicho: si te casas con ésa, te niego como hijo. Pero no entra en razón—. Decía la mujer, a quien comenzaban a llenársele los ojos de lágrimas. —¡Nosotros somos gente honrada, no quiero emparentarme con una mujer así!

La santa se levantó. Se tomó la cabeza con las manos. Una pariente suya pidió silencio —Intenta hablar con Jesús, repitió:

—¡Aquella mujer ha embrujado a tu hijo!

—¡No! —gritó la mujer.

La santa echó una mirada a los cuadros de su santo padre, como le llamaba ella.

—Pasaré toda la noche orando por ti y por tu hijo. Verás que mi santo padre me escuchará y deshará el embrujo.

—Espero que me haga este favor —dijo la mujer.

La santa le dio la imagen de un santo con una oración al reverso para que la dijera cuando su hijo estuviera en casa. La mujer sacó un portafolio y metió con cuidado la imagen en una de las bolsas. Antes de irse, introdujo en la caja de zapatos un billete de mil. Ya en la salida, le dijo a la santa:

—Si me hace el favor, yo la sabré recompensar.

—Mi santo padre no necesita nada —le contestó la santa, fiera, alzando la cruz.

Tocó el turno a otra señora. Cuando se sentó frente a la santa explotó en llanto. Entre lágrimas decía que su marido tenía una fábrica de zapatos junto con otro socio que se encargaba de venderlos.

—Sólo nosotros sabemos a dónde nos lleva aquel socio, los daños que nos ocasiona, el trabajo que perdemos a diario… Mi marido quiere separarse y él no está de acuerdo. Por esta situación mi esposo enloquece, pasa las noches enteras en vela, siempre con aquella preocupación fija en su mente.

—¿Qué quiere el socio para separarse? —preguntó la santa.

—Quiere la fábrica entera y el dinero. Quiere que le demos todo nuestro trabajo…

La santa se levantó, se movió a la otra parte de la cama y sacó del tocador un amuleto; repentinamente se desvaneció en el suelo.

—Silencio, está en crisis —murmuró la pariente que le ayudaba.

Por algunos minutos sólo se escuchó el ataque de hipo de la mujer que esperaba el diagnóstico.

La santa se recompuso y dijo:

—Denle todo aquello que pide. Desháganse de todo lo que tienen y comiencen desde cero tú y tu marido. La fábrica está maldita. Yo pediré a mi santo padre para que las cosas salgan bien.

La mujer se fue con un semblante dubitativo —qué mensa— se quejaba —ahora todas nuestras pertenencias quedarán tiradas a la suerte. Ni en sueños…

Fue el turno de una joven mujer. Se sentó ruborizada frente a la santa, miraba nerviosa a todos lados de la habitación, se notaba que se le caía la cara de vergüenza por tener que decir su problema delante de todos.

—Yo sé porqué has venido —dijo la santa mirándola fijamente —No logras salir embarazada, ¿verdad?

La joven mujer asintió.

—Hace ya tres años que mi esposo me lleva con uno y otro especialista — murmuró con voz cansada.

—¿Y aún es afectuoso contigo?

—Ya nunca me dice nada. Tiene una fábrica junto con su hermana, y cada que ella viene a visitarnos él se entusiasma como nunca por el simple hecho de ver a su sobrino. Siempre que quiero su atención me dice que ahora no, que tiene muchas cosas que hacer. Tanto esfuerzo para que al final le deje toda la fábrica al sobrino. Aún así, cuando salimos siempre hay alguien que dice: “qué bonita pareja”; si supieran que cuando regresamos a casa no tenemos ganas de vernos ni en pintura.

La mujer le hablaba en la oreja a la santa, pero la voz se escuchaba de todos modos fuerte. La santa le hizo que se recostara sobre la cama. Con las manos le oprimía el vientre, le hacía una cruz y al mismo tiempo murmuraba una oración.

—Espera el periodo de la luna llena —dijo—. Si no quedas embarazada después de esto, dile a tu marido que vaya a examinarse.

—¿En verdad? —preguntó exaltada la esposa.

La santa entrecerró los ojos y sonrió perspicazmente. En ese momento apareció, sostenida por dos señoras, una muchacha con las piernas paralizadas. La santa corrió a encontrarla y la abrazó. Dijo que había sido curada por ella y que por tal, le era muy apreciada aquella pobre alma. La cara de la muchacha se iluminó mientras las manos de la santa la sostenían.

—¿Hiciste lo que te dije? —preguntó la santa.

La mujer indicó que sí. —He hecho sólo una vuelta alrededor de la mesa. —Dijo.

La santa se sorprendió y después de un momento de silencio, gritó:

—Da rápido dos vueltas. ¡No la ayuden! ¡Adelante!

La pobrecilla se alzó y a duras penas logró agarrarse de la mesa. —¡No!—, le gritó la santa. La joven caminó con esfuerzo alrededor de la habitación, deteniéndose a cada paso y retomando de nuevo el camino. Después de una vuelta se desvaneció sobre una silla.

—Da otra vuelta —le reprendió la santa. La joven se alzó y retomó el camino, la santa estaba atrás de ella cercana, y le decía:

—Estoy aquí, ten fe. No toques la mesa, estoy aquí, estoy aquí, avanza, sin miedo; ves que tu puedes, vamos...

La joven dió tres vueltas y finalmente se sentó sobre el borde de la cama y exclamó:

—¡No me he cansado!

Una de las mujeres que la acompañaba dijo: —Aquí lo logra, pero en la casa no. Aquí están ustedes.

—¡No es cierto! —irrumpió la santa—. Yo no hice nada, es mi santo padre que está en todos lados y también en su casa.

Besó a la joven y le ordenó a las dos mujeres que la acompañaban que le diera tres vueltas alrededor de la mesa; y que después de tres días regresaran. Las mujeres se lo prometieron.

—¡Ahora vete! —gritó a la joven, que esforzándose por no apoyarse en la silla y en la mesa llegó a la salida.

La santa se sentía cansada. Pidió un vaso de agua, pero antes de beberla hizo el signo de la cruz como si fuera un conjuro.

Tocó el turno a otra mujer que tenía una pequeña fábrica. Ella se había peleado con una de las trabajadoras, y en el altercado la amenazó diciéndole que moriría cuando ella escuchara sonar una campana.

—Cuando suena una campana, basta una solamente, para que un miedo inexplicable se apodere de mí, es peor que un tormento —dijo la mujer —y las campanas nunca dejan de sonar...

—¿Despediste a la trabajadora?

—Sí, pero aquellas campanas, santa señora, aquellas campanas...

—Cuando escuches las campanas —dijo— esfuérzate en no pensar que suenan por aquélla.

La mujer movió bruscamente la cabeza. —Ya lo he probado —dijo—. Al inicio, nunca les hacía caso, ahora es un suplicio que inicia desde la mañana y continúa hasta la noche...

— Entonces, persígnate tres veces a cada campanazo —dijo la santa— con tres réquiems juntos.

Fue el turno de una anciana. Su hijo, según la anciana, era un diseñador y quería irse a trabajar al sur de África. Un señor rico de Vigevano había puesto una empresa allá, y el muy tonto quería ir a mostrar su oficio a los zulú. Quería firmar un contrato por diez años, ya que así haría mucho dinero allá y podría regresar a Vigevano a emprender algo grande, un bello negocio de zapatos. —¡Ayúdeme a convencerlo que no se vaya! —dijo la anciana triste y desesperada.

—Mándamelo aquí, le diré sólo cuatro palabras y le haré que se le vayan las ganas de irse —comentó segura la santa—. Lo espero mañana —finalizó.

Finalmente fue mi turno. Me senté delante de la santa.

—Tengo un ojo que me lagrimea —dije, indicando el ojo.

—¿Te chilla el ojo? — me pregunto la santa. Me tomó de la cabeza, me sopló el parpado y se persignó. De una caja sacó una fotografía de Jesús tamaño infantil y me la dio.

—Vela fijamente —indicó—. La miré.

—¿Ves una cruz en su frente?

—No.

—Yo sí. Sigue mirándola...

Las mujeres que estaban en la habitación comenzaron a rodearme, y en un abrir y cerrar de ojos, todas miraban la foto fijamente. Algunas dijeron que sentían un ligero olor a perfume que emanaba de la foto.

—¿Ves la cruz? —me volvió a preguntar la santa.

—Sí, ahora la veo. La santa me miró contenta.

—Yo soy una pobre mujer, sin estudios, sin nada; pero mi Señor me ilumina. Se los puedo mostrar a todos. Cuando una cosa no les vaya bien, o les afecte, hagan como han hecho ahora. Tomen una foto de Jesús y mírenla fijamente hasta que vean una cruz como la que han visto hoy.

La caja del dinero estaba llena, tanto que el mío no entraba. La pariente de la santa la sustituyó por otra. Mientras salía, ingresaba más gente. Y muchas más personas me encontré en las escaleras, en el pasillo y en la entrada del edificio. Mientras regresaba a casa, el ojo aún me chillaba, pero a cada rato era menos, hasta que finalmente no me chilló más.


Biografía del autor:

Lucio Mastronardi fue un autor italiano del boom económico, que nació el 28 de junio de 1930 en la provincia de Vigevano. Su obra más conocida es su trilogía vigentina: Il Calzolaio di Vigevano (1956), Il Maestro di Vigevano (Einaudi 1962), Il Meridionale di Vigevano (Einaudi 1964). El verismo, corriente italiana por antonamasia, y su visión crítica hacia el éxito económico italiano, que impregnan su obra, hizo que la crítica llegara a compararlo con Giovanni Verga. Se suidido un día de abril de 1979, su cuerpo fue encontrado por un pescador en las aguas del Ticino.

20101109

Reseña: Poesía filosófica y humorística en alemán

Por Andres Amezcua

Por sentido común, podríamos intuir que conceptos tales como filosofía y humor no van muy de la mano, y menos aún si tales conceptos son aplicados a la tradición poética alemana. La seriedad alemana es una idea tópica muy común en nuestro contexto, en el cual todo está salpicado del humor y del doble sentido, donde la broma nunca falta en cualquiera de nuestras situaciones cotidianas. Sin embargo, tal prejuicio ha sido ganado a pulso por los mismos alemanes. Sus principales corrientes filosóficas clásicas (Idealismo y Romanticismo) resultan todo menos llenas de humor. Nietzsche, que debió conocer bien a sus paisanos, trata de justificar de una manera menos prejuiciosa la incapacidad del espíritu alemán para el humor. En el aforismo 27 del Más allá del bien y del mal comenta:

Es difícil ser comprendido: en especial si uno piensa y vive gangasrotogati (al ritmo del Ganges) entre hombres que piensan y viven de otro modo, a saber, kurmagati (al ritmo de la tortuga) o, en el mejor de los casos, mandeikagati...

Hablando del idioma en términos musicales, Nietzsche explica más a detalle tal incapacidad en el aforismo 28:

Lo que peor se deja traducir de una lengua a otra es el tempo (ritmo) de su estilo: el cual tiene su fundamento en el carácter de la raza (...) El alemán es casi incapaz de usar el presto (rápido) en su lengua: por tanto es licito inferir legítimamente, también es incapaz de muchas de las divertidas y temerarias nuances (matices) del pensamiento libre, propio de espíritus libres. Así como el buffo (bufón) y el sátiro son ajenos a su conciencia, así Petronio y Aristófanes le resultan intraducibles. Todo lo serio, pesado, solemnemente torpe, todos los géneros fastidiosos y aburridos de estilo están desarrollados entre los alemanes con abundantísima multiformidad ...

Para Nietzsche, no exento de un atisbo de prejuicio, el gusto alemán es un gusto rococó in moribus et artibus (tanto en las costumbres como en las artes).

Por fortuna, pero irónicamente, Nietzsche representa ese aspecto humorístico de la tradición poética alemana, y no sólo él, sino que también muchos otros grandes poetas y escritores alemanes que no son muy conocidos por este lado del charco. En efecto, el cliché del alemán serio y profundo se debe en gran medida a que de los autores que nos han llegado traducidos (porque de poesía y literatura alemana se conoce bastante en México), sólo un aspecto de su tradición ha sido exhaustivamente agotado. Esta antología tiene como propósito, en palabras de Vogt, hacer visible aspectos diferentes de la poesía alemana relacionados con la reflexión crítica y el humor. La antología incluye poemas emparentados con el aforismo, la sátira e incluso con el chiste y refrán popular, pero que, según Vogt, pocas veces ocupan lugares destacados en la historia de la poesía alemana.

Para invitar al lector a hacer una lectura de esta antología les dejo una probadita del tipo de poemas que se encotrarán.



Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781)

Elogio de la pereza

Pereza, ahora quiero cantarte

también a ti un pequeño himno de elogio

Oh cuánto ------ me ------- cues -------- ta

¡elogiarte ---------------------- dignamente!

Sin embargo, quiero hacer lo que pueda

después del trabajo descansa uno a gusto.

Supremo bien quien te tiene a ti,

cuya vida tranquila ------------

¡Ay! -------- bostezo -------- me estoy cansando ----------

Bueno ---- así ----- tal vez --------- me perdones

que no puedo entonarte un himno de elogio

no me dejas hacerlo.

20101015

Arco iris blanco

LA “AMBIGÜEDAD” DEL HILO NEGRO*

Miguel García Ascencio

I. Un hilo no tan negro
Descubrir el agua hervida es tanto como encontrar el hilo negro. Como reprochar a alguien por mostrarnos lo sabido. Una frase hecha para decir que no repitan lo obvio.
El hilo negro no siempre es hilo negro de forma tajante. No existe afirmación o conocimiento que no parta de otros saberes. Casi todo sería hilo negro. Hervir el agua fue un descubrimiento de grandes repercusiones para la salud.
Ramiro Aguirre, además de irónico al titular su libro con esta frase peyorativa, es modesto, y toma precauciones frente a la crítica. La difusión de saberes asimilados, siempre será el hilo negro. Esto hace quien produce revistas no especializadas, suplementos culturales y los articulistas en la sección de arte y literatura de diarios y publicaciones periódicas. Hilos negros a cada paso.

II. La biografía como eje
Ocho son los autores (casi todos novelistas, excepto un poeta y un fabulista), biografiados por Ramiro Aguirre en El hilo negro: Charles Bukowski, John Fante, Sándor Márai, Graham Greene, Augusto Monterroso, Paul Bowles, Joseph Brodsky y V. S. Naipaul, con estilo ágil, en el que mezcla ensayo, relato y técnicas de la biografía.
En estos ensayos-relato pesa más la biografía. Le siguen reflexiones oportunas acerca de las características de cada autor. Sobresale una de sus intenciones: esquivar la academia, el engolamiento y la saturación de teoría.
Cuando me refiero a biografías, es preciso aclarar que las aquí presentadas no obedecen a un esquema lineal y esquemático de biografiar: fechas de nacimiento, de aconteceres importantes en la vida del autor, y para finalizar, de su muerte. Con tal secuencia inamovible.
No son “cartas” de papelería: las fechas imprescindibles las da en el momento adecuado, sin repetir dicho orden en las otras.
La biografía importa en el texto de Ramiro Aguirre, pero como ayuda para comprender al autor y su producto literario.

III. “Monografías” a partir de lo biográfico
La acumulación de estas biografías puede ofrecer elementos para elaborar “monografías” que:
a) Nos descubran los vuelcos y pulsos de una época a través de sus escritores. Dicho de otra forma, cómo entendieron su entorno y cultura. De qué manera influyeron en el mismo.
b) Cómo repercuten los acontecimientos nacionales o internacionales en la obra de un autor. Cómo les afectó.
c) Reflejos de época en su literatura.
d) Vestigios de su vida personal en su producción literaria.
e) Etcétera, lo que nos encauza a lo sociológico o sicológico en la literatura, faceta que obliga a discurrir con algún método de análisis e irremediablemente nos enfanga en la academia.
Este libro, sin buscar lo anterior, en conjunto responde a varios de tales planteamientos.

IV. Lo de uno en “todos”
Con el afán de ver qué hay detrás de estas biografías, encontré que en los biografiados existen muchas coincidencias, las que en sentido riguroso, no lo son: no hay efectos sin causa. El autor de El hilo negro, de forma consciente o inconsciente, aglutina tales aspectos y los evidencia. Veamos.
Casi todos los autores que reseñó, vivieron una niñez, que en el mejor de los casos, fue solitaria. Augusto Monterroso el más afortunado. En el peor, sufrieron violencia intrafamiliar. Un extremo de ésta, la padecida por Charles Bukowsky. Víctimas de enfermos de alcoholismo o neuróticos sin curación. Ello los obligó a crecer en constante conflicto con sus padres o familia.
Otro aspecto que los unifica es el de las penurias económicas desde la infancia, en la adolescencia o en grandes porciones de su vida. Van de empleo en empleo, lo que muchas veces apenas les permite subsistir. Lo dejan por voluntad propia o los corren. De vendeobjetos a periodistas por mientras. Ya con oficio, algunos serán corresponsales de revistas con distribución internacional y designaciones concretas de trabajo. Hasta uno de ellos (Graham Greene) servirá como espía a las órdenes de Inglaterra, a la vez que escribe para Life.
Que hayan dejado la universidad o la consideraran no indispensable, constituye otro de los matices de su personalidad. Son autodidactos con un plan preconcebido. Una obsesión los alimenta: quieren ser escritores. De nuevo Monterroso es un caso especial: recibe clases particulares. El nivel económico de sus padres lo permite. Los demás creyeron que la mejor universidad es la vida in situ, el transcurrir y la observación de los acontecimientos.
La mayoría de estos escritores conoció los “bajos fondos” de la sociedad: arrabales, zonas calientes, barrios bravos, los tumultos, en el límite entre la delincuencia desorganizada y el abismo de la pauperización. Pobreza que busca satisfacer requerimientos por las vías de la transgresión. Cuando no, la picardía fue el antídoto contra los modales cultos.
Cuando no procedían de una familia en que el padre aspiró a ser escritor o fue periodista profesional o aficionado, el consejo habitual era: dedícate a una profesión de provecho: no pierdas tu vida inútilmente. Pocos viven con decencia de eso. Parientes y conocidos no podían entender los dictámenes de la vocación.
Como consecuencia de vivir de forma congruente sus preocupaciones literarias y su pasión por escribir, vieron con claridad la estructura económico-política de su entorno y sus trampas: la mayoría criticó lo falaz del “sueño americano”, su consumismo glotón, sus afanes de riqueza, su ir tras la felicidad en donde no puede ser encontrada. Unos lo hacen con sarcasmo, otros permiten que las tramas de sus novelas desenmascaren lo encubierto.
En apariencia lejos de la historia, pero no de las historias, reflejaron los aconteceres históricos importantes en el mundo o sus repercusiones: desde la prolongación de la revuelta cristera en México (Graham Greene), hasta conflictos bélicos en Asia y África. También movimientos independentistas de varios países del tercer mundo.
El lado oscuro del corazón podría ser una frase que identifique a la mayoría de estos escritores. Otra vez, excepto Monterroso. Escriben desde la derrota, pero siempre cuidadosos de salvaguardar los valores de libertad y justicia. En lo personal, todos fueron independientes hasta donde las circunstancias lo permitían.
Muchos de estos escritores serán trotamundos, viajeros contumaces por adicción o por trabajo. De un país brincan a otro y de un continente al de más allá. Mundializados y mundializadores sin pretenderlo. Su producción lleva a los lectores a ver el mundo desde una órbita no folclorista. Descubren en cada obra las características específicas de las culturas a que se refieren. Monterroso es el no tan “movedizo”, el que limita su territorio a Centroamérica y México. En todos existe una visión universal, totalizadora, la que parte de lo personal: el individuo como ente similar a otro del planeta.
Ser trotamundos quizá resulte del sentimiento de desarraigo de algunos de estos escritores. Con raíces diferentes al lugar en donde radicaron, fueron de muchos entornos y a profundidad tal vez de ninguno. En todo caso escribir fue su universo, territorio que transportaban consigo a donde fuesen. Territorio que se agrandó con la suma de experiencias y el vivir en la patria afectiva de las personas que trataron.

V. Qué y para qué escribir
Una preocupación constante del autor de El hilo negro es transmitirnos el sentir de sus biografiados con relación a la escritura: qué y para qué escribir, además del cómo hacerlo. El qué se los dicta la experiencia, ya sean argumentos guardados o resguardados en su memoria o la síntesis después de acumular reportajes y anotar lo visto.
Este qué, para qué y cómo, hace formular a estos escritores una serie de parámetros: escribir no es dar noticias, sino envolver los acontecimientos con un tono que los haga memorables. Lo memorable no radica en los estilos recargados. Podríamos afirmar que hacen periodismo literario: estilo directo, ausencia de adornos, eficacia expresiva…
Junto a lo anterior en la forma, el fondo será retratar a sus personajes. Oírlos hablar, ver cómo se mueven, qué los angustia, de qué manera transmiten su pensamiento a los demás. Una vez salvaguardado lo fundamental, unos se inclinan por el realismo sucio (Charles Bukowsky) y otros por la ironización. De malditos la mayoría tiene un poco.
Otros hacen montajes con situaciones de su vida o personas cercanas a ellos. Ya víctimas de las circunstancias o reflejo de lo que observan, creen que escribir es una responsabilidad y que, indiferentes o no a los valores morales, sus conductas repercuten en el entorno.
Escribir será la consecuencia de haber vivido lo que luego llegará al papel. Que el tiempo no se evapore. Que nos recuperemos en lo escrito. Somos historia si la hacemos letra. Tal postura los presiona a ser autobiográficos o con pinceladas de su biografía en el perfil de sus personajes.

VI. Los trasfondos
Ramiro Aguirre encontró los hilos negros que buscaron los autores que reseña: vivimos en sociedades que no ofrecen un desarrollo igualitario. Esto permite que algunos declaren sin declarar, o haciéndolo, que simpatizan con la marginalidad. No quieren salvar a las clases en abandono, sino dejar claro que éstas constituyen los idóneos para sus fotografías.
De forma directa o indirecta, ponen en claro las trampas del capitalismo: que la multitud subsista como mano de obra rentable, para que una minoría tenga abundancia. Describen la desintegración de la burguesía, la soledad como resultado del individualismo y lo difícil que es alcanzar la felicidad pregonada.

VII. Conclusión
El hilo negro, de Ramiro Aguirre, ofrece la oportunidad de tener acceso de manera sintética, a una bibliografía amplia sobre dichos autores. Hay que aprovechar este desbroce de vías.

* Texto leído en la presentación de El hilo negro, el 14 de octubre de 2010, en la Alianza Francesa, Guadalajara, Jal.

20100716

Una nota que nos llega desde Croacia

Datum objave: 13.7.2010 u 12:06h
Objavljena zbirka desetoro hrvatskih pjesnika
Hrvatski suvremeni stihovi u Meksiku


ZAGREB – Izbor pjesama desetero suvremenih hrvatskih pjesnika »Bajo la ceniza del antiguo fuego: Poesía de Croacia«, koje je izabrala i prevela hispanistica Željka Lovrenčić, objavljen je u Meksiku, izvijestilo je danas Društvo hrvatskih književnika.

Knjigu je objavila nakladnička kuća La Zonámbula iz Guadalajare, a uredništvo potpisuje meksički pjesnik i sveučilišni profesor književnosti Jorge Orendáin.

Predgovor knjizi napisao je Davor Šalat, a naslov zbirka nosi po pjesmi Ante Stamaća »Pod pepelom davne vatre«. U knjizi je zastupljeno po pet pjesnikinja i pjesnika s po deset pjesama: Diana Burazer, Ružica Cindori, Lana Derkač, Dunja Detoni-Dujmić, Diana Rosandić te Luko Paljetak, Delimir Rešicki, Joja Ricov, Ante Stamać i Borben Vladović.

Knjiga je objavljena uz potporu hrvatskog Ministarstva kulture.

Nakon uspjeha hrvatskih književnika u Čileu, gdje su na portalu čileanske književne udruge Letras de Chile do sada objavljeni radovi trinaestorice naših autora, sada će se hrvatska poezija moći čitati i u Meksiku.

La Zonámbula je u prijevodu Željke Lovrenčić objavila 2008. knjigu Lane Derkač i Davora Šalata »Murmullo sobre el asfalto« koja je potaknula uspješnu suradnju.

Hispanistica Željka Lovrenčić do sada je objavila osam knjiga prijevoda na španjolskome jeziku, od toga šest u inozemstvu (Čile, Meksiko, Španjolska, Bolivija). (Hina)

20100529

El día que me lo mataron

Por Felipe Ramos

Eso fue pasando la hora del almuerzo. Serían como las nueve de la mañana porque ya el puerco estaba gruñendo, pos quería de tragar. Fui al corral, en cuanto me vio se puso de buen humor, me olía las patas y con la cabeza me aventaba como jugando o diciéndome que ya le diera su maíz. Yo le acaricié la cabeza. Vi que estaba más gordo que el día anterior.”Vas bien Pipeco”, así le decía de cariño.”Cuando engordes más, te voy a llevar al pueblo de San Miguel y te voy a vender. Con lo que me den compraré más puerquitos pa’ engordarlos y así criar muchos, que se pongan bien gorditos y venderlos”. El Pipeco nomás me aventaba con la cabeza porque ya le andaba. Fui y le traje un puño de zapotes, le hice un revoltijo con mezquites y unos granos de maíz pa’ que se pusiera en paz. Esa revoltura le gustaba mucho. Después amarré los baldes y los atravesé con un leño de mezquite, para luego colgármelos en la espalda pa’ arrimarle su agua.
Me encaminé al pozo. En eso estaba llenando mis baldes, cuando de chiripada voltee y una nube de polvo venía a lo lejos entre la hilera de unos mezquites. De pronto oí el fuerte graznido de unos ticuces que levantaron el vuelo y se fueron asustados por arriba del suelo aterranado. Sin hacer caso de la polvadera, acabé de llenar mis baldes y me fui a llevar el agua.
Llegué a darle agua a Pipeco, mientras unos pájaros se peleaban en suelo. Luego se oyeron unas pisadas de caballos y los pájaros se aplacaron, para después irse volando. Rápido me di cuenta que eran los Revolucionarios. Corrí pa’ dentro y le dije a mi vieja que se escondiera junto con mis hijos. Despuesito salí a ver qué se les ofrecía a esas gentes.
El primero en bajar del caballo era un señor de bigotes gruesos, cara redonda y un sombrero que le sentaba bien en su cabeza, mirándome me hablo:

- ¡Hey tú! ¿Cómo te llamas?
- Leandro Camacho, - para servirle. Le contesté.
- Pos queremos comer, porque no hemos comido en dos días esta lejos el camino y vamos a Guadalajara a encontrarnos con los pelones.
- Ummm, jefecito, es que no tengo mucho que ofrecerle, pero si se espera tantito ahorita junto unos leños y le hecho unas gordas pa’ que usted almuerce
- ¿Y mi gente qué? - Me preguntó muy enojado. La verdad si le tuve miedo y con la voz temblorosa le conteste:
- Aguante tantito, mi jefe, que ahorita le vamos a tortear unas tortillas a todos.
- Órale pues, póngase la lumbre y deje de quejarse.

Rápido me puse a atizar los leños entre las brazas que habían quedado del almuerzo. Ya que agarró la lumbre, puse el comal. Le hable a mi vieja para que se pusiera a tortear hasta donde alcanzara la masa.

- ¡¿Ya mero está Leandro?! - Me preguntó el mayor desesperado por el hambre.
- Péreme tantito, le estoy haciendo un chelito pa’ que almuerce a gusto.
- Apúrele pues, que ya me lleva la chingada de hambre.
- Ya va señor no se desespere.

Cuando las tortillas se comenzaron a inflar una a una en el comal, las fui sacando pa’ ofrecérselas al mayor. Mientras mi vieja le revolvía un chilito bien bravo en el molcajete.

- ¿Está bravo el chile Leandro?
- No mi mayor, ahí le hecha usted a su gusto.

Como pude les di de comer a los que se veían más importantes. Luego que se acabaron todo muchos se quedaron con hambre.

- ¿Ya no hay más Leandro? - me preguntó el mayor.
- No … Se acabó todo.
- ¡Teniente Nicolás! ¡Busque alrededor de la casa haber si encuentra algo!
- ¡Sí mi general¡ - le contesto el mentado Nicolás y se fue a dar la vuelta.

Al poco rato llego el mentado Nicolás y le dijo al mayor:

- Oiga mi mayor, en el corral tienen un puerquito.
- ¡Pos a darle, que espera!
- ¡Ese puerquito no mi mayor…, lo estoy engordando pà venderlo.
- No te fijes Leandro, estas cooperando pa’ la causa, y pos vamos matándolo y lo hacemos chicharrones.
- Le ruego por lo que más quiera que ese puerquito no me lo mate.

El mayor soltó una carcajada que todos sus cabrones le festejaron.

- Es mucho puerco pa’ ustedes - siguió diciendo el mayor.

Yo me puse nervioso, sude un sudor frío que me recorrió la espalda. Vi el rostro del mayor, que me pedía permiso con la mirada. Después abrió la boca para decirme:

- Pos tenemos hambre Leandro. ¡ Nicolás¡ Vayan por el puerco y mátenlo.
- No mi mayor. No me lo mate - Les gritaba. Cuando los quise detener, uno de ellos me pegó con el rifle en la panza y me caí bien sofocado.

- ¡ No, déjenlo, déjenlo no le peguen! - Les gritaba mi vieja, en eso también salieron mis hijos y se pusieron a llorar conmigo.

Después de un rato, los gritos de Pipeco entraron por la ventana. Sentí que me moría con él. Me arrodillé en el suelo, cerré los ojos y vi que los puerquitos se iban lejos. Ya en la noche salí a asomarme al corral; había una luna en medio del cielo y un viento que se traía las risas, los gritos desafinados de los Revolucionarios. Mientras avanzaba la noche, el olor a chicharrones se hacía más fuerte. Me preguntaron que si no queria.Yo les dije que no con la cabeza. Después me fui a acostar pero no pude dormir por la roncadera de los señores que se oían hasta el cuarto. Así me la pase esperando a que amaneciera. Luego soñé que le echaba de comer a Pipeco y él festejaba con sus gruñidos, cuando lo iba a acariciar me despertaron unos golpes que venían de afuera. Abrí la puerta y vi al mayor montado en su caballo, y atrás de él muchos bultos a caballo también, luego habló el Mayor:

- Gracias Leandro por tus atenciones. Pero grábatelo muy bien, la Revolución se hizo pa’ que el pueblo viva mejor, y tú ya ayudaste a la Revolución; todo se te pagará con bienestar pa’ tu familia y pa’ ti.

Yo me quedé con la cabeza agachada, en silencio. El mayor levantó el brazo y dio órdenes a su tropa de irse. Luego el mayor otra vez me miró y en una sonrisa me volvió a decir:

- ¡Gracias Leandro…! ¡Que viva la Revolución!

Yo me quedé parado viéndolos, ya cuando los vi de espaldas les menté su madre.

20100513

Nota de Prensa

Javier Verea despersonaliza sus poemas
(El Universal)

◦''Unir la nada'', su tercer libro

Se trata de la tercera publicación del autor que anteriormente editó ''El libro de los tiempos'' y ''Reconciliar la sombra'

GUADALAJARA, JALISCO (12/MAY/2010).- En el marco de la Feria Municipal del Libro de Guadalajara, que celebra su cuadragésima segunda edición, Javier Verea presentó ''Unir la nada'', un libro de poemas publicado por ''La Zonámbula''.

Desde noviembre pasado, ''Unir la nada'' vio la luz, sin embargo fue hasta el lunes pasado que fue presentado “entre amigos” en el patio de la presidencia municipal de Guadalajara.

Se trata de la tercera publicación de Javier Verea, autor que anteriormente editó ''El libro de los tiempos'' y ''Reconciliar la sombra'', por lo que se trata de un escritor que ya conoce de las andadas en el mundo literario.

Cerca de un centenar de poemas son compilados en ''Unir la nada'', un libro que tiene su origen en un ejercicio realizado por el autor a un poema de su amigo Gustavo “Pato” Hernández, quien construyó un texto a partir de negaciones.

El autor señala que la idea fundamental de éste su tercer libro de poemas, es que “la voz que está hablando tratar de hacerla totalmente despersonalizada, algo que no sea yo. Que no esté basado en las experiencias de Javier Verea o en el sentir de Javier Verea o las chavas con las que Javier Verea ha estado. Nada. Sino tratar de ser una voz de alguien más y de alguien totalmente sin personalidad y que va a alguien que tampoco tiene que ver ni ha tenido que ver con mi vida, y que la personalidad se va creando a partir del mismo libro, tanto del que habla como del que escucha, entonces se van generando las personalidad y que el lector se involucre en eso. Esa despersonalización fue la que me aportó más satisfacción durante el proceso de creación de cada uno de los poemas”.

Álbum de Fotos









































Evento: Presentación del libro Unir la nada.
Lugar: Palacio Municipal, Guadalajara, Jal.
Fecha: 10 mayo, 2010.




20100510

Reseña: Fulana


Por Jorge Orendáin

Palacio Municipal
5, mayo, 2010, Guadalajara


Fulana es un libro de poemasescrito con y desde la rabia”, como alguna vez lo dijo Lisi. Pero esa rabia no se manifiesta con palabras altisonantes, sino que se construye con una fina ironía lúdica donde permean recuerdos, escritura, poesía, soledad, tangos, nostalgia, ires y venires, gatos, Buenos Aires, Guadalajara, la muerte. Pero, al mismo tiempo, sus poemas entrevén una rendija de esperanza a pesar de queTodo se hace polvo en el fondo/ del alma”, como dice en un verso.Q
Quienes conocemos a Lisi Turrá, sabemos que a ella no le gusta la poesía ampulosa, rebuscada y pretenciosa. Ella tiene un voz muy propia, juguetona, cachonda, argentina, tapatía, gatuna, musical. En Fulana coquetean sutilmente su acento bonaerense o porteño con el nuestro, el tapatío de buena cepa. El resultado ha sido un libro donde los poemas bailan tango y un zapateado jalisciense, siempre con la complicidad de una rockola que está al dos por uno, y eso , “la mitad la paga Dios”. Todos estamos invitados. No hay derecho de admisión. Acaso, llevar un buen tinto para conversar.
Lisi es una poeta que en su escritura afila un verso para cortarse la garganta, y luego canta con la voz de la poesía. Después, apaga sucigarro en la lengua/ de la tarde” y nos dice que “No hay como irse de las palabras/ para decirlo todo”.
En su poesía, Lisi ha decidido tirar barcos en vez de anclas, porque sólo así el lenguaje, el ritmo, las imágenes podrán fluir mientras ella vatirando pedazos de Dios/ al cielo”.
Ella sabe que el poeta tiene queespiar el azar” y atraparlo en los momentos más inesperados, porque si no seremosun pez en el anzuelo/ de la memoria” y no podremos seguir la ruta que el mar nos ofrece; esto es, la poesía.
En Fulana, Lisi combate con todo adversario “en postura de abrazo”. La vida no siempre le ha jugado limpio, pero siempre la vida misma la ha salvado, por no decir que la poesía. No en vano dice que la poesía es “tirana y muy cabrona” En una entrevista que le hizo el poeta Ricardo Solís, de La Jornada Jalisco, Lisi comentó:

Vengo de un país que sufrió una dictadura militar. Estoy viva de casualidad. Estuve en el centro clandestino de detención de personas más tristemente célebre —la ESMA—; de las 5 mil personas que se calcula pasaron por ahí, 150 están vivas, una de ellas soy yo, y siempre me pregunto si estoy honrando la vida que me tocó después de ello. De alguna manera la muerte siempre ha estado presente. La poesía es una manera de sublimar eso”.

Lisi es una mujer que nos ha demostrado mucha fortaleza en todo lo que hace. Desde su poesía ya nos ha ofrecido mucho, y claro, ha honrado a la vida, la poesía y la amistad. Ella escribe:

“Yo soy una que se fue/ y estoy de paso”/solo un poco aquí/ en la punta de una mujer/ clavada en la tierra/ donde de algún modo se existe.”

Lisi Turrá dejó un territorio para fundar otro que está lleno de palabras, de música, de esperanza. Guadalajara es su patria donde Lisi vino a nacerse de nuevo. La poesía ha sido su gran bandera.
Ella ha venido desde lejos para traernos sus distancias, que ahora son nuestras cercanías. Ella es, como dice Isela Sánchez, una poeta que en su obradestila otra patria y nos la llueve”.
Desde ahora, el camino de Lisi será volver a su antigua libertad”, como lo señala Sancho Panza en uno de los epígrafes del libro. Volver a su antigua libertad, a su infancia, su terruño, a destejerse en palabras y música. Sin duda, la poesía que ha encontrado en su andar, le ha devuelto lo tanto que ha ofrecido.
En fin, Lisi es esa muchachita azul que de niña escribió su primer poema con el avispero alborotado, luego de ver pasar a un muchacho con su rauda bicicleta. Ella sigue alborotando las palabras para que le dicten su poesía precisa, a nosotros: fulanos, manganos y perenganos.

20100504

El murciélago del tercer piso

Por Felipe Ramos

El cuarto de Alfredo está en el tercer piso, es muy grande, pero no cabemos porque el suelo esta lleno de ropa tirada, tiene pilas de libros, de periódicos por todas partes, montones de cajas de cartón llenas de muchas cosas. Las paredes las tiene tapizadas con póster de grupos de rock.
El otro día sin querer, agarré una revista de su cama y no me gustó, tenía muchas mujeres encueradas con pelos. Alfredo tiene pelos, yo lo vi una vez cuando se bañaba. Yo no tengo. Rosa, la hermana de Alfredo, sí tiene, ella me agarró una vez en el sillón. Alfredo se estaba bañando, y arrimó sus pelos en mi pitirrín, es bien caliente. A veces se enoja. Y su mamá le grita que la va a correr cuando salga panzona, Rosa nomás se ríe.
Alfredo panzoneó a Leti, él me dijo en secreto, porque es mi amigo. La mamá de Leti la corrió, pero después la perdonó. Leti tiene un hermano que se llama Beto, a mí me cae gordo. Siempre que paso por su casa me grita: ''¡Chacho cochino, chacho cochino!'' Yo lo maldecí en silencio y se formó un remolino a mitad de la calle. Mi mamá me dice que esos remolinos son el diablo. Entonces corrí sin detenerme, pero la polvareda se hizo más grande y corrió atrás de mí hasta alcanzarme y me dejó la cara llena de tierra. Luego me lloraron los ojos, la boca me sabía a polvo, pensé que el diablo me había dejado ciego, pero pude oir cuando oí el pitido junto con los gritos del paletero. Allé estaba con su gorro de palma. Es un viejito flaco, alto, con cara de niño arrugado. Cada vez que me ve, me regala una paleta de limón. Él dice que me porte bien, yo le digo gracias. Se queda parado en la esquina gritándo: ''¡Paletas!'', y yo me voy corriendo.
El otro día el Beto se peleó con Alfredo, a los dos les salió sangre de la boca, pero el Beto lloró con la tierra pegada en los cachetes, rápido salió su mamá para quebrarle una escoba a Alfredo en la cabeza. Leti chilló y se desmayó. Su mamá nos corrió a puras maldiciones. Alfredo sólo se burló y fuimos a buscar dinero a su casa. Esculcó un monedero que estaba en la mesa, sacó un billete. Su hermana le gritó que le iba a decir a su mamá. Alfredo estrelló la puerta y nos fuimos con el señor Robe, le tocó muchas veces. El señor Robe asomó la cabeza y luego salió sin camisa y gritó enojado: ''¿¡Qué quieres!?'' Alfredo le enseño el billete, el señor Robe pronto se metió y salió con un envoltorio de papel periódico para dárselo a escondidas. Después le dijo: ''¡Largate!'' Alfredo me dio una moneda y compré galletas de animalitos. Pero se acordó que iba a hacer una cosa y se fue a su casa.
En la noche estoy en la cama, algo que siempre quiero es darme cuenta en qué momento me quedo dormido y nunca puedo, ya después abró los ojos y es de día.
Una mañana la lluvia dejó charcos, y yo me metí sin zapatos. Atrapé ajolotitos en una botella. El cielo se veía sin nubes, sin sol, y cuando estaba en elcharco, Alfredo me invitó a su casa. Subimos por la escalera de caracol a la azotea y nos caímos en el suelo a mirar el cielo gris. No era como otras veces que veíamos nubes en forma de trompa de elefante. Alfredo sacó su envoltorio y lo hizo un cigarro gordo y chiquito. Yo fumé, pero el humo me ahogó y vomité. Él aventó el humo hacia las nubes, luego caminó como zombi. Al bajarnos Alfredo le hablo a la pared, le pego con las manos cerradas. Su hermana le gritó: ''¡Cálmate Alfredo!'' Después bailó sin canción. Su mamá llegó y se pelearon a gritos. Yo me regresé a la casa y ellos se quedaron aventándose cosas.
Mientras, mi mamá me dice que me va a meter a otra escuela porque en la que estaba no me quisieron por burro, me miro en el espejo y me da mucha vergüenza, porque aunque no quiera pongo cara de mirarme al espejo y me da sabe qué cambiar la cara cuando me veo.
Mi mamá se fue a trabar y yo mejor me voy a la casa de Alfredo. Nos subimos a la azotea, entre sus manos prende un cigarro, fuma atrás del tinaco. Intento fumar la nube del cigarro, pero el humo pica los ojos, cuando pruebo el humo Alfredo me pregunta: ''¿Por qué los murciélagos no tienen plumas de colores?'' Yo me río, le digo que no sé. Él sigue hablando: ''¿Si los pájaros les quitas la plumas se vuelven murciélagos?, cada pájaro lleva un murciélago abajo de sus plumas, los murciélagos cantan con su chillido''. Alfredo camina y se detiene al final de la azotea, se acuesta en la orilla con la cabeza colgando, luego dice: ''Veo el mundo volteado, como un murciélago, ¿son bonitos los murciélagos verdad?''
Me pregunta, y se deja caer.

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