20100529

El día que me lo mataron

Por Felipe Ramos

Eso fue pasando la hora del almuerzo. Serían como las nueve de la mañana porque ya el puerco estaba gruñendo, pos quería de tragar. Fui al corral, en cuanto me vio se puso de buen humor, me olía las patas y con la cabeza me aventaba como jugando o diciéndome que ya le diera su maíz. Yo le acaricié la cabeza. Vi que estaba más gordo que el día anterior.”Vas bien Pipeco”, así le decía de cariño.”Cuando engordes más, te voy a llevar al pueblo de San Miguel y te voy a vender. Con lo que me den compraré más puerquitos pa’ engordarlos y así criar muchos, que se pongan bien gorditos y venderlos”. El Pipeco nomás me aventaba con la cabeza porque ya le andaba. Fui y le traje un puño de zapotes, le hice un revoltijo con mezquites y unos granos de maíz pa’ que se pusiera en paz. Esa revoltura le gustaba mucho. Después amarré los baldes y los atravesé con un leño de mezquite, para luego colgármelos en la espalda pa’ arrimarle su agua.
Me encaminé al pozo. En eso estaba llenando mis baldes, cuando de chiripada voltee y una nube de polvo venía a lo lejos entre la hilera de unos mezquites. De pronto oí el fuerte graznido de unos ticuces que levantaron el vuelo y se fueron asustados por arriba del suelo aterranado. Sin hacer caso de la polvadera, acabé de llenar mis baldes y me fui a llevar el agua.
Llegué a darle agua a Pipeco, mientras unos pájaros se peleaban en suelo. Luego se oyeron unas pisadas de caballos y los pájaros se aplacaron, para después irse volando. Rápido me di cuenta que eran los Revolucionarios. Corrí pa’ dentro y le dije a mi vieja que se escondiera junto con mis hijos. Despuesito salí a ver qué se les ofrecía a esas gentes.
El primero en bajar del caballo era un señor de bigotes gruesos, cara redonda y un sombrero que le sentaba bien en su cabeza, mirándome me hablo:

- ¡Hey tú! ¿Cómo te llamas?
- Leandro Camacho, - para servirle. Le contesté.
- Pos queremos comer, porque no hemos comido en dos días esta lejos el camino y vamos a Guadalajara a encontrarnos con los pelones.
- Ummm, jefecito, es que no tengo mucho que ofrecerle, pero si se espera tantito ahorita junto unos leños y le hecho unas gordas pa’ que usted almuerce
- ¿Y mi gente qué? - Me preguntó muy enojado. La verdad si le tuve miedo y con la voz temblorosa le conteste:
- Aguante tantito, mi jefe, que ahorita le vamos a tortear unas tortillas a todos.
- Órale pues, póngase la lumbre y deje de quejarse.

Rápido me puse a atizar los leños entre las brazas que habían quedado del almuerzo. Ya que agarró la lumbre, puse el comal. Le hable a mi vieja para que se pusiera a tortear hasta donde alcanzara la masa.

- ¡¿Ya mero está Leandro?! - Me preguntó el mayor desesperado por el hambre.
- Péreme tantito, le estoy haciendo un chelito pa’ que almuerce a gusto.
- Apúrele pues, que ya me lleva la chingada de hambre.
- Ya va señor no se desespere.

Cuando las tortillas se comenzaron a inflar una a una en el comal, las fui sacando pa’ ofrecérselas al mayor. Mientras mi vieja le revolvía un chilito bien bravo en el molcajete.

- ¿Está bravo el chile Leandro?
- No mi mayor, ahí le hecha usted a su gusto.

Como pude les di de comer a los que se veían más importantes. Luego que se acabaron todo muchos se quedaron con hambre.

- ¿Ya no hay más Leandro? - me preguntó el mayor.
- No … Se acabó todo.
- ¡Teniente Nicolás! ¡Busque alrededor de la casa haber si encuentra algo!
- ¡Sí mi general¡ - le contesto el mentado Nicolás y se fue a dar la vuelta.

Al poco rato llego el mentado Nicolás y le dijo al mayor:

- Oiga mi mayor, en el corral tienen un puerquito.
- ¡Pos a darle, que espera!
- ¡Ese puerquito no mi mayor…, lo estoy engordando pà venderlo.
- No te fijes Leandro, estas cooperando pa’ la causa, y pos vamos matándolo y lo hacemos chicharrones.
- Le ruego por lo que más quiera que ese puerquito no me lo mate.

El mayor soltó una carcajada que todos sus cabrones le festejaron.

- Es mucho puerco pa’ ustedes - siguió diciendo el mayor.

Yo me puse nervioso, sude un sudor frío que me recorrió la espalda. Vi el rostro del mayor, que me pedía permiso con la mirada. Después abrió la boca para decirme:

- Pos tenemos hambre Leandro. ¡ Nicolás¡ Vayan por el puerco y mátenlo.
- No mi mayor. No me lo mate - Les gritaba. Cuando los quise detener, uno de ellos me pegó con el rifle en la panza y me caí bien sofocado.

- ¡ No, déjenlo, déjenlo no le peguen! - Les gritaba mi vieja, en eso también salieron mis hijos y se pusieron a llorar conmigo.

Después de un rato, los gritos de Pipeco entraron por la ventana. Sentí que me moría con él. Me arrodillé en el suelo, cerré los ojos y vi que los puerquitos se iban lejos. Ya en la noche salí a asomarme al corral; había una luna en medio del cielo y un viento que se traía las risas, los gritos desafinados de los Revolucionarios. Mientras avanzaba la noche, el olor a chicharrones se hacía más fuerte. Me preguntaron que si no queria.Yo les dije que no con la cabeza. Después me fui a acostar pero no pude dormir por la roncadera de los señores que se oían hasta el cuarto. Así me la pase esperando a que amaneciera. Luego soñé que le echaba de comer a Pipeco y él festejaba con sus gruñidos, cuando lo iba a acariciar me despertaron unos golpes que venían de afuera. Abrí la puerta y vi al mayor montado en su caballo, y atrás de él muchos bultos a caballo también, luego habló el Mayor:

- Gracias Leandro por tus atenciones. Pero grábatelo muy bien, la Revolución se hizo pa’ que el pueblo viva mejor, y tú ya ayudaste a la Revolución; todo se te pagará con bienestar pa’ tu familia y pa’ ti.

Yo me quedé con la cabeza agachada, en silencio. El mayor levantó el brazo y dio órdenes a su tropa de irse. Luego el mayor otra vez me miró y en una sonrisa me volvió a decir:

- ¡Gracias Leandro…! ¡Que viva la Revolución!

Yo me quedé parado viéndolos, ya cuando los vi de espaldas les menté su madre.

20100513

Nota de Prensa

Javier Verea despersonaliza sus poemas
(El Universal)

◦''Unir la nada'', su tercer libro

Se trata de la tercera publicación del autor que anteriormente editó ''El libro de los tiempos'' y ''Reconciliar la sombra'

GUADALAJARA, JALISCO (12/MAY/2010).- En el marco de la Feria Municipal del Libro de Guadalajara, que celebra su cuadragésima segunda edición, Javier Verea presentó ''Unir la nada'', un libro de poemas publicado por ''La Zonámbula''.

Desde noviembre pasado, ''Unir la nada'' vio la luz, sin embargo fue hasta el lunes pasado que fue presentado “entre amigos” en el patio de la presidencia municipal de Guadalajara.

Se trata de la tercera publicación de Javier Verea, autor que anteriormente editó ''El libro de los tiempos'' y ''Reconciliar la sombra'', por lo que se trata de un escritor que ya conoce de las andadas en el mundo literario.

Cerca de un centenar de poemas son compilados en ''Unir la nada'', un libro que tiene su origen en un ejercicio realizado por el autor a un poema de su amigo Gustavo “Pato” Hernández, quien construyó un texto a partir de negaciones.

El autor señala que la idea fundamental de éste su tercer libro de poemas, es que “la voz que está hablando tratar de hacerla totalmente despersonalizada, algo que no sea yo. Que no esté basado en las experiencias de Javier Verea o en el sentir de Javier Verea o las chavas con las que Javier Verea ha estado. Nada. Sino tratar de ser una voz de alguien más y de alguien totalmente sin personalidad y que va a alguien que tampoco tiene que ver ni ha tenido que ver con mi vida, y que la personalidad se va creando a partir del mismo libro, tanto del que habla como del que escucha, entonces se van generando las personalidad y que el lector se involucre en eso. Esa despersonalización fue la que me aportó más satisfacción durante el proceso de creación de cada uno de los poemas”.

Álbum de Fotos









































Evento: Presentación del libro Unir la nada.
Lugar: Palacio Municipal, Guadalajara, Jal.
Fecha: 10 mayo, 2010.




20100510

Reseña: Fulana


Por Jorge Orendáin

Palacio Municipal
5, mayo, 2010, Guadalajara


Fulana es un libro de poemasescrito con y desde la rabia”, como alguna vez lo dijo Lisi. Pero esa rabia no se manifiesta con palabras altisonantes, sino que se construye con una fina ironía lúdica donde permean recuerdos, escritura, poesía, soledad, tangos, nostalgia, ires y venires, gatos, Buenos Aires, Guadalajara, la muerte. Pero, al mismo tiempo, sus poemas entrevén una rendija de esperanza a pesar de queTodo se hace polvo en el fondo/ del alma”, como dice en un verso.Q
Quienes conocemos a Lisi Turrá, sabemos que a ella no le gusta la poesía ampulosa, rebuscada y pretenciosa. Ella tiene un voz muy propia, juguetona, cachonda, argentina, tapatía, gatuna, musical. En Fulana coquetean sutilmente su acento bonaerense o porteño con el nuestro, el tapatío de buena cepa. El resultado ha sido un libro donde los poemas bailan tango y un zapateado jalisciense, siempre con la complicidad de una rockola que está al dos por uno, y eso , “la mitad la paga Dios”. Todos estamos invitados. No hay derecho de admisión. Acaso, llevar un buen tinto para conversar.
Lisi es una poeta que en su escritura afila un verso para cortarse la garganta, y luego canta con la voz de la poesía. Después, apaga sucigarro en la lengua/ de la tarde” y nos dice que “No hay como irse de las palabras/ para decirlo todo”.
En su poesía, Lisi ha decidido tirar barcos en vez de anclas, porque sólo así el lenguaje, el ritmo, las imágenes podrán fluir mientras ella vatirando pedazos de Dios/ al cielo”.
Ella sabe que el poeta tiene queespiar el azar” y atraparlo en los momentos más inesperados, porque si no seremosun pez en el anzuelo/ de la memoria” y no podremos seguir la ruta que el mar nos ofrece; esto es, la poesía.
En Fulana, Lisi combate con todo adversario “en postura de abrazo”. La vida no siempre le ha jugado limpio, pero siempre la vida misma la ha salvado, por no decir que la poesía. No en vano dice que la poesía es “tirana y muy cabrona” En una entrevista que le hizo el poeta Ricardo Solís, de La Jornada Jalisco, Lisi comentó:

Vengo de un país que sufrió una dictadura militar. Estoy viva de casualidad. Estuve en el centro clandestino de detención de personas más tristemente célebre —la ESMA—; de las 5 mil personas que se calcula pasaron por ahí, 150 están vivas, una de ellas soy yo, y siempre me pregunto si estoy honrando la vida que me tocó después de ello. De alguna manera la muerte siempre ha estado presente. La poesía es una manera de sublimar eso”.

Lisi es una mujer que nos ha demostrado mucha fortaleza en todo lo que hace. Desde su poesía ya nos ha ofrecido mucho, y claro, ha honrado a la vida, la poesía y la amistad. Ella escribe:

“Yo soy una que se fue/ y estoy de paso”/solo un poco aquí/ en la punta de una mujer/ clavada en la tierra/ donde de algún modo se existe.”

Lisi Turrá dejó un territorio para fundar otro que está lleno de palabras, de música, de esperanza. Guadalajara es su patria donde Lisi vino a nacerse de nuevo. La poesía ha sido su gran bandera.
Ella ha venido desde lejos para traernos sus distancias, que ahora son nuestras cercanías. Ella es, como dice Isela Sánchez, una poeta que en su obradestila otra patria y nos la llueve”.
Desde ahora, el camino de Lisi será volver a su antigua libertad”, como lo señala Sancho Panza en uno de los epígrafes del libro. Volver a su antigua libertad, a su infancia, su terruño, a destejerse en palabras y música. Sin duda, la poesía que ha encontrado en su andar, le ha devuelto lo tanto que ha ofrecido.
En fin, Lisi es esa muchachita azul que de niña escribió su primer poema con el avispero alborotado, luego de ver pasar a un muchacho con su rauda bicicleta. Ella sigue alborotando las palabras para que le dicten su poesía precisa, a nosotros: fulanos, manganos y perenganos.

20100504

El murciélago del tercer piso

Por Felipe Ramos

El cuarto de Alfredo está en el tercer piso, es muy grande, pero no cabemos porque el suelo esta lleno de ropa tirada, tiene pilas de libros, de periódicos por todas partes, montones de cajas de cartón llenas de muchas cosas. Las paredes las tiene tapizadas con póster de grupos de rock.
El otro día sin querer, agarré una revista de su cama y no me gustó, tenía muchas mujeres encueradas con pelos. Alfredo tiene pelos, yo lo vi una vez cuando se bañaba. Yo no tengo. Rosa, la hermana de Alfredo, sí tiene, ella me agarró una vez en el sillón. Alfredo se estaba bañando, y arrimó sus pelos en mi pitirrín, es bien caliente. A veces se enoja. Y su mamá le grita que la va a correr cuando salga panzona, Rosa nomás se ríe.
Alfredo panzoneó a Leti, él me dijo en secreto, porque es mi amigo. La mamá de Leti la corrió, pero después la perdonó. Leti tiene un hermano que se llama Beto, a mí me cae gordo. Siempre que paso por su casa me grita: ''¡Chacho cochino, chacho cochino!'' Yo lo maldecí en silencio y se formó un remolino a mitad de la calle. Mi mamá me dice que esos remolinos son el diablo. Entonces corrí sin detenerme, pero la polvareda se hizo más grande y corrió atrás de mí hasta alcanzarme y me dejó la cara llena de tierra. Luego me lloraron los ojos, la boca me sabía a polvo, pensé que el diablo me había dejado ciego, pero pude oir cuando oí el pitido junto con los gritos del paletero. Allé estaba con su gorro de palma. Es un viejito flaco, alto, con cara de niño arrugado. Cada vez que me ve, me regala una paleta de limón. Él dice que me porte bien, yo le digo gracias. Se queda parado en la esquina gritándo: ''¡Paletas!'', y yo me voy corriendo.
El otro día el Beto se peleó con Alfredo, a los dos les salió sangre de la boca, pero el Beto lloró con la tierra pegada en los cachetes, rápido salió su mamá para quebrarle una escoba a Alfredo en la cabeza. Leti chilló y se desmayó. Su mamá nos corrió a puras maldiciones. Alfredo sólo se burló y fuimos a buscar dinero a su casa. Esculcó un monedero que estaba en la mesa, sacó un billete. Su hermana le gritó que le iba a decir a su mamá. Alfredo estrelló la puerta y nos fuimos con el señor Robe, le tocó muchas veces. El señor Robe asomó la cabeza y luego salió sin camisa y gritó enojado: ''¿¡Qué quieres!?'' Alfredo le enseño el billete, el señor Robe pronto se metió y salió con un envoltorio de papel periódico para dárselo a escondidas. Después le dijo: ''¡Largate!'' Alfredo me dio una moneda y compré galletas de animalitos. Pero se acordó que iba a hacer una cosa y se fue a su casa.
En la noche estoy en la cama, algo que siempre quiero es darme cuenta en qué momento me quedo dormido y nunca puedo, ya después abró los ojos y es de día.
Una mañana la lluvia dejó charcos, y yo me metí sin zapatos. Atrapé ajolotitos en una botella. El cielo se veía sin nubes, sin sol, y cuando estaba en elcharco, Alfredo me invitó a su casa. Subimos por la escalera de caracol a la azotea y nos caímos en el suelo a mirar el cielo gris. No era como otras veces que veíamos nubes en forma de trompa de elefante. Alfredo sacó su envoltorio y lo hizo un cigarro gordo y chiquito. Yo fumé, pero el humo me ahogó y vomité. Él aventó el humo hacia las nubes, luego caminó como zombi. Al bajarnos Alfredo le hablo a la pared, le pego con las manos cerradas. Su hermana le gritó: ''¡Cálmate Alfredo!'' Después bailó sin canción. Su mamá llegó y se pelearon a gritos. Yo me regresé a la casa y ellos se quedaron aventándose cosas.
Mientras, mi mamá me dice que me va a meter a otra escuela porque en la que estaba no me quisieron por burro, me miro en el espejo y me da mucha vergüenza, porque aunque no quiera pongo cara de mirarme al espejo y me da sabe qué cambiar la cara cuando me veo.
Mi mamá se fue a trabar y yo mejor me voy a la casa de Alfredo. Nos subimos a la azotea, entre sus manos prende un cigarro, fuma atrás del tinaco. Intento fumar la nube del cigarro, pero el humo pica los ojos, cuando pruebo el humo Alfredo me pregunta: ''¿Por qué los murciélagos no tienen plumas de colores?'' Yo me río, le digo que no sé. Él sigue hablando: ''¿Si los pájaros les quitas la plumas se vuelven murciélagos?, cada pájaro lleva un murciélago abajo de sus plumas, los murciélagos cantan con su chillido''. Alfredo camina y se detiene al final de la azotea, se acuesta en la orilla con la cabeza colgando, luego dice: ''Veo el mundo volteado, como un murciélago, ¿son bonitos los murciélagos verdad?''
Me pregunta, y se deja caer.

20100425

Tortícolis

Por Rossana Camarena

Yo
Acurrucada en tu tortícolis
profunda y lagunar
esparcida en tu meceo
de ramas albergueras y pájaros parlones
Estoy
Indiscripta en discresora apariencia
atrapada entre las garruñas de un esparpajo distraído y lento
crédula de tus palabras dulcidiotas
que provocan riasirme al computador
Aquí
Taconeo dacto habilidoso
en danza adolescentil se prolonga
y arroja floratiles reseñas
en el cubretesta cerebral de las despedidas

Fantasmero espíritu que viaja
en balsas madereras de un verde arboreo
sobre torrenteaguas sanadoras
para almas insondables
Dónde
Permeado de vulneravilidosa esgrima
empapado en juventil sangre
en el segmento minutero
de redobles tiempales
Yo estoy
Aquí tú
Dónde
Luchantes persistibles en la cotinada vida

20100421

La Zonámbula en la Feria Municipal del Libro-Guadalajara

-Fulana de tal, de Lisi Turrá. Miércoles 5 de mayo, 18 horas en el Andador Pedro Loza.

-Unir la nada, de Javier Verea. Lunes 10 de mayo, 19 horas, Palacio Municipal.

-Sueños imperfectos, de Roberto Ascencio. Miércoles 12 de mayo, 19 horas, Palacio Municipal.

-Si no tardas mucho, te espero toda la vida, de Jorge Castellanos. Viernes 14 de mayo, 19 horas, Palacio Municipal.

Expatriada tropical

Por Michelle Lorena Hardy

A mi esposo

La primera vez que abrí los ojos, lo vi.
Era ese verde intenso, enorme
tan común como yo, como mi mamá, como mi papá.
Crecí verde.

Se me pegaron al cuerpo las hojas, los árboles
la abundancia vegetal.
Me creció verde el alma y era normal, para mí.

Yo pensaba que todos los humanos éramos verdes
que todo el planeta era verde.

Hasta que conocí el gris, me monté en un avión
y wuuusshh! Llegué al gris.
Gris de calles, de edificios
de miles de años de historia, de civilización.
Era el gris de París.

Luego conocí el amarillo, ese amarillo ocre
antiguo como un pergamino.
El amarillo del Renacimiento
el de Florencia.
Y yo verde en el gris, verde en el amarillo.

Luego conocí el rojo
con todas sus tonalidades deslumbrantes.
Conocí el otoño en Nueva Jersey.
Después vino el blanco
ése que había visto en televisión
aquél que cae del cielo en forma de nieve.
Y yo verde en el rojo, verde en el blanco.

Después me encontré, frente a frente
con ese verde restringido por una camisa de fuerza.
Era verde, pero no era como el mío
mi verde era libre y éste era de mentira, de plástico.
Era el color de Miami.

Luego conocí el color sucio, el que no tiene nombre.
Conocí Milán.
Y yo verde en el plástico, verde en el sucio.
Luego volé a la tierra del tequila
y conocí el marrón y el azul.
El marrón de la tierra seca
el azul de los campos de agave.
Y yo verde en el marrón, verde en el azul.

¿Era yo todavía verde?
¿Todavía tenía pegados los árboles, las hojas?
Sí, pero también tenía una piedra gris,
un punto amarillo, una hoja roja,
un copo de nieve, una palmera de plástico,
un pedazo de grafiti,
un puñado de tierra, una penca azul.

Cada vez me costaba más encontrar mi color verde.
Y de repente me acordé que hacía mucho tiempo
había mezclado en un gran caldero
todo ese verde donde nací
y que lo había concentrado
en dos hermosas cápsulas.
Una noche, hace unos años
las metí en tus ojos.

Así que hoy corrí a buscarte
pues necesitaba sentir el verde.
Me sonreíste
tus ojos brillaron.
Se iluminó la habitación.
Era el color de Venezuela.

Retratos de familia

Comunidad y Cultura Local

Retratos de familia
El Occidental
21 de abril de 2010

Wolfgang Vogt

La familia es un tema central de la literatura de todos los tiempos. Pensemos por ejemplo en grandes novelas de la literatura moderna como "Los Buddenbrook" de Thomas Mann, "La saga de los Forsyte" de John Galsworthy o "Los Thibault" de Roger Martin du Gard. Se trata de obras voluminosas que cuentan la historia de una familia. Mann describe con melancolía la decadencia de una rica familia de comerciantes del Mar Báltico que tiene mucho en común con la suya propia. Se nota que le tiene cariño y que le duele su decadencia. En cambio, su contemporáneo Kurt Tucholsky en uno de sus artículos satíricos critica a la familia como algo nefasto. Cita al sociólogo Georg Simmel, según el cual "nadie puede hacer tanto daño como el miembro más próximo de la casta, ya que conoce exactamente los puntos más débiles de la víctima. Se conocen demasiado para amarse y no suficientemente bien para agradarse". Tucholsky concluye su ensayo en tono pesimista con las siguientes palabras: "Toda la juventud de hoy... sufre bajo la férula de la familia. Y luego cada uno funda una y hace exactamente lo mismo".

En la literatura mexicana Rosario Castellanos trata el tema de la familia en su libro "Álbum de familia", en el cual describe la situación de la mujer mexicana en la sociedad tradicional y en círculos sociales y progresistas. En la Feria Internacional del Libro 2009, la joven autora austriaca Andrea Grill (1975) presentó su libro "El tío amarillo. Un álbum familiar", publicado en Salzburgo en el año 2005. En esta obra que es su primera publicación nos describe la autora a algunos miembros de su familia. Tal vez el más interesante y enigmático es "El tío amarillo", que da el título a todo el libro. Hasta el momento sólo de este cuento existe una traducción al español. Lo encontramos en la antología "Escritores contemporáneos de Austria" compilada por Elfriede Hammelmüller y Luis Medina y publicada por la editorial tapatía La Zonámbula de Jorge Orendáin en noviembre de 2009.

El tío era un hombre simpático, quien nunca se casó. Le gusta la ropa elegante y siempre vestía de manera impecable, porque esto se exigía, como decía él, a un empleado de banco. Vivía en la capital y la autora sólo lo veía cuando estaba de visita con su madre en el pueblo, donde lo visitaba con frecuencia. Allí lo sorprendió a veces planchando sus camisas: "El tío fue el primer hombre al que vi planchar. Parecía que se divertía haciéndolo. Sí, evidentemente lo disfrutaba". A la narradora le hubiera gustado visitarlo en su departamento de Viena, pero nunca la invitó. No se sabía nada de su vida en la capital.

Un día el tío se puso amarillo. "Su rostro no se tornó gris, como el de los enfermos cuando ya no salen al aire libre y la oxigenación de su piel disminuye; no, él se puso amarillo, no amarillo limón, sino del color de un plátano que ha permanecido mucho tiempo, demasiado tiempo en el refrigerador y que ahora está lo suficientemente maduro para comerlo. A partir del momento que se puso amarillo, solamente lo vi algunas veces. Él ya no quería ver a nadie, al menos a ningún integrante de la familia". Un día llega la noticia de su muerte "súbita e inesperada". Después se descubre que el tío vivía en su casa de Viena con un hombre, porque era homosexual.

Casi todos los parientes de la narradora tienen ciertas manías que los convierten en personajes pintorescos. Una de sus dos abuelas se subió hacia los ochenta años a su bicicleta con motor. "A veces se caía, se fracturó la pierna o se torció la rodilla. Pero la abuela era un indio y para ella el dolor no existía. Se volvió a levantar y con la pierna rota regresó en moto a la casa. Después de haberle preparado al abuelo la comida, subió de nuevo a la moto para ir al hospital".

El libro de cabecera de la tía Lulja, que vivía en Albania, era una novela de E.M. Remarque, autor de "Sin novedad en el frente". El personaje principal de la obra suele pedir en los bares de París "calvados" que la tía describe como "un licor especial, destilado de manzanas y de un sabor maravilloso". Toda la vida sueña con "calvados" que en Albania es tan caro que ella no lo puede pagar. Un día su sobrina la invitó al mejor hotel de Tirana, pero ella no pidió "calvados", sino que se conformó con un café. No quiso que su sueño se convirtiera en realidad.

A diferencia de Kurt Tucholsky, Andrea Grill se identifica con la familia y está convencida de que no pasó de moda. Piensa que necesitamos a los familiares a pesar de todos los problemas que nos causan. Es cómodo echarle la culpa de nuestros fracasos a la familia. Pero también es agradable poder recurrir en cualquier circunstancia a miembros de la familia que nunca nos rechazan. Según Andrea Grill, lo que nos queda en la vida es la familia.

Después de "El tío amarillo" publicó dos novelas en 2007 y 2008, donde aplica técnicas narrativas más complejas que en su primer libro. Ahora ya es una narradora reconocida. Cuando platiqué con ella en la FIL 2009, me dijo que le tiene un cariño especial a "El tío amarrillo".

Andrea Grill es una narradora que se abre al mundo. Viaja mucho y ha vivido en diferentes partes de Europa. Domina muchos idiomas y traduce del albanés y holandés. Esperemos que un día se publique una traducción española completa de su álbum familiar "El tío amarillo".

20100418

Sueños imperfectos

Comunidad y Cultura Local
Los laberintos de "Sueños imperfectos"
Foto: Archivo.
El Occidental
24 de marzo de 2010
Andrés Amescua A través de esta serie de cuentos y narraciones cortas que rozan la poesía, el autor nos lleva por laberintos construidos de palabras que nos pierden de vista el final del camino ya trazado, cuando de pronto ¡plas! nos estrellamos con el duro concreto que significa la realidad y la condición humana de unos personajes inmiscuidos en unos sueños imperfectos. Si la vida es concebida como un sueño, tal concepción oculta ya en sí una idealización de la vida misma; la concepción de la vida se vuelve meramente positiva, es así como el sufrimiento y la violencia que en la realidad abundan, no alcanzan el ámbito onírico. Cuando queremos escapar de la realidad cotidiana de nuestro acontecer en el tiempo, inmediatamente acudimos a los sueños, porque ellos implican una idealización de nuestro ser en esa realidad. Es en este sentido que podríamos entender a los sueños como perfectos, ya que nos liberan de las cadenas que regulan nuestra existencia en el tiempo y nos vuelven seres meramente potenciales; en el sueño podemos ser lo que queramos ser, en ellos existe una armonía de nuestro existir, tal que la existencia se torna un sueño cuando va perfectamente acorde a nuestra voluntad, es decir, cuando el deseo se cumple sin mayor obstáculo la vida se vuelve un sueño. Sin embargo, nuestro autor nos va descubriendo lo crudo de la realidad palabra tras palabra, cuento tras cuento; la vida no es un sueño para todos, y si lo fuera sería un sueño imperfecto, una vil pesadilla para los que sufren la violencia de la circunstancia que les tocó vivir; los constantes abusos sexuales que sufre un niño en su infancia por parte de un sacerdote y su posterior venganza en la edad adulta ("Serpientes y escaleras") nos muestra una concepción cruda de la realidad que nada tiene que ver con una visión positiva de la vida. Y sin embargo, no es ahí donde mantiene la fuerza de su narrativa el autor, sino que el hilo dramático es tensado en gran parte por el estilo poético-narrativo del autor. Sus caminos son caminos insospechados que en un punto se vuelven difíciles de comprender, pero al final se ve una luz, que llegados al punto nos golpea el rostro como los rayos de un sol veraniego; o como el jab de un boxeador en plena efervescencia de la pelea, nos aturden sus finales porque develan el plan preconcebido de aquella lírica salpicada de imágenes, véase lo bien logrado de este efecto en "Unos ojos, un veneno" que da cuenta de las intenciones asesinas de un niño, o la bien lograda "Aurora boreal" que trata la violación de una infante, por nombrar algunas. Son narraciones que dejan un amargo sabor de boca por su crudeza, pero que a su vez nos dota de un gozo estético por su prosa poética siempre bien llevada "Tentado a mover los sueños", "Un tenue reflejo", "Espuma", la desgarradora pero no menos ingeniosa "Estado perfecto", en la cual contrapone y alterna los puntos de vista de los personajes; "Fuegos artificiales", "Lo que cabe en un parpadeo", "Tornasol" y muchas otras historias que componen este libro, son una muestra de la brillante capacidad literaria de Roberto Ascencio.

Nota de Prensa

Comunidad y Cultura Local
Apuntes a la literatura austriaca contemporánea
Foto: Archivo.
El Occidental
7 de abril de 2010

Georg Oswald

En 1981, cuando fue otorgado el premio de literatura más prestigioso al escritor Elias Canneti, quedó en duda si el premio lo había recibido un escritor búlgaro, suizo, inglés o austriaco. Canneti, de familia judía sefardita, nació en Ruse, Bulgaria, vivió en Viena, Inglaterra y Suiza, donde murió. En 2004, cuando se le otorgó el premio Nobel a Elfriede Jelinek, era más claro que se le estaba otorgando a una autora fácil de catalogar como austriaca. Un periódico expresó su alegría con el título "Premio Nobel a escritora de Alta Estiria".

El intento de nacionalizar la literatura fracasa en la estrechez de su propia definición. La postura estética en la obra de Jelinek no representa un fenómeno aislado en la literatura austriaca, está profundamente arraigada en la tradición que toma una posición crítica acerca del uso del lenguaje y así parece que la obra principal de Jelinek es un trabajo literario duro, que critica la hipocresía con metáforas que le permiten crear nuevos contextos para descifrar el uso falso del lenguaje. Elfriede Jelinek es la conciencia que denuncia a los asesinos de Oberwart, lugar en el sureste de Austria, donde en un ataque racista estalló una bomba y mató a cuatro gitanos. La conciencia que denuncia las carreras fáciles de actores de teatro con historias escondidas, olvidadas del nacionalsocialismo. Una cronista del Austria actual que tardó demasiado tiempo para confrontarse con su dictadura cristiana-social y luego enfrentarse con el nacionalsocialismo.

No hablaremos de Karl Kraus, de Hermann Broch, de Robert Musil o de Ingeborg Bachman, los clásicos de la literatura austriaca del siglo XX. José María Pérez Gay les dedicó a estos escritores un libro muy valioso con el título "El imperio perdido". Dejemos de lado a Thomas Bernhard y Peter Handke, los dos, punto de referencia, si hablamos de la literatura de la segunda mitad del siglo XX, de este país. El primero encontró su estilo exagerado, muy radical y propio: el detector de lugares inhóspitos y de personajes aislados, enredados en sus monólogos. El segundo desarrolló nuevos estilos y perspectivas para su trayecto literario: tomó ferozmente posesiones dudosas en la guerra de ex-Yugoslavia con una imagen idílica de los serbios, posición opuesta a las imágenes de la prensa. La literatura austriaca hoy en día se caracteriza por su diversidad, por su heterogeneidad, por sus múltiples enfoques. Cada intento de resumir los logros literarios actuales ha sido insuficiente por omitir tantos autores que no pueden ser definidos por tendencias generales y excluyentes.

No voy a profundizar, pero por lo menos mencionaré los textos de migrantes en Austria que debido a acontecimientos personales, políticos o económicos llegaron a este país. En los textos de Dimitré Dinev, Radek Knapp o Julya Rabinowich se reflejan las experiencias de una orientación nueva, una confrontación con lo inesperado en el nuevo entorno del personaje.

El germanista italiano Claudio Magris intentó mostrar una característica de la literatura austriaca con su libro "El Mito Habsburgo en la Literatura Austriaca" de 1963. Su hipótesis acerca de la monarquía que acabó en 1919 tenía mucha influencia en la literatura. Incluso muchos años después de su caída encontró simpatías, pero también críticos que hicieron hincapié en los textos y autores que no siguieron el esquema escapista que sostiene Magris. El escritor y ensayista Robert Menasse, en los años ochenta dio clases de Literatura Alemana y Austriaca, en Brasil, inventó la estética de colaboración social (Sozialpartnerschaft) de la literatura austriaca, quiere decir que la situación política se caracterizó por una búsqueda de neutralizar conflictos de intereses fuera del parlamento en juntas privadas entre representantes de empleados y patrones. Y también a esta hipótesis se le reprochó una manera demasiado fácil de igualar literatura y política. Lo que sí es cierto es que el horizonte temático de la literatura austriaca se amplió notablemente en los últimos veinte años.

Los escritores de esta antología representan un corte en la literatura contemporánea y sí es cierto que es un corte pequeño. El de mayor edad, Christoph Janacs, se concentra en la narrativa y en la poesía. Durante varios años enfocó su preocupación artística en la temática de México destacando el interés por lo mítico del mundo precortesiano. Son dos sus libros de prosa con que trata el mundo mexicano: "Der Gesang des Coyoten" (El Canto del Coyote) y la novela "Aztekensommer" (Verano azteca). La temática es semejante: los lectores que conocen ambos textos van a reconocer el conjunto de cuentos como los "best of" de la novela publicada poco antes. Janacs busca conectarse con la poesía latinoamericana actual, usa pocas líneas con sentencias de reflexión general. Es un lector atento desde Octavio Paz hasta Roberto Juarroz y también es un promotor de sus obras publicadas en alemán.

Thomas Stangl es un narrador de 43 años que logró asombrar a los críticos con su novela "Der einzige Ort" (El lugar único), un voluminoso acercamiento al descubrimiento que hicieron los primeros europeos de la ciudad Tombuctú en África del Oeste. Fueron dos hombres los primeros en su intento de lograr entrar a esta ciudad fabulosa, y secreta. Dos figuras con motivación distinta, un francés y un escocés, pero en lugar de desarrollar el tema como novela de aventuras, las más de 400 páginas se dedican a la expectativa, al tiempo de esperar, a permisos, posibilidades, oportunidades de llegar hasta esa ciudad. Un trastorno cultural que exige del lector dedicación y que, ejerce una atracción particular a través del lenguaje:

"Voces se despegan del silencio o del ruido en que estuvieron escondidas, del que siempre se sentían atraídos, historias, fragmentos de historias, no destinados para nuestras oídos, no están contadas en nuestro idioma, un hablar que va a través de los siglos y se pierde en los siglos. Un hablar cortado por sonidos agudos, pero si no (una tos, un dolor agudo en la profundidad del pulmón) nos quedaríamos ciegos, sordos sin poder ninguno." (p. 6)

No tiene muchos antecedentes en la literatura austriaca, se puede pensar en el narrador y traductor de Quevedo, Wilhelm Muster con su novela "Der Tod kommt ohne Trommel" (La muerte llega sin tambor) sobre un Camerún ficticio con los poderes soñados de la monarquía de los Habsburgos. Pero la novela de Stangl dejó atrás casi por completo el contexto austriaco, se inscribió a una literatura o temática universal y existencial. Thomas Stangl tiene hasta ahora tres novelas publicadas -sus dos mas recientes con una temática vienesa- y ha recibido prestigiosos premios.

Muy austriaca desde mi perspectiva es la trayectoria literaria de Franzobel, pseudónimo de Stefan Griebl. Él es un escritor austriaco profundamente metido en la tradición crítica del lenguaje desde Johann Nestroy a Karl Kraus. Su afán de jugar con las expresiones, de dejar llevarse por la fantasía, las asociaciones, la digresión, es casi sin límites. Tiene algo del humor del escritor alemán Jean Paul y la alegría y lo temerario de "Gargantúa y Pantagruel". En su novela "La fiesta de las piedras o el cuarto milagroso de la excentricidad", un pícaro austriaco invade a la Argentina de los años cincuenta y vive sus aventuras grotescas. Franzobel es un escritor que ha publicado hasta ahora, según el indice de wikipedia, 34 libros, entre cuentos, obras de teatro y novelas. También toma la palabra para acusar las malas condiciones e hipocresías de la sociedad austriaca. Se puede pensar que Franzobel es un escritor poco traducido por su sensibilidad al lenguaje local. Pero su página web oficial enumera y muestra evidencias desde el farsi, inglés, francés, japonés, eslovaco, polaco y también tres textos en español (Kafka, Scala y Messia). También deja pasar por su triturador de carne verbal los temas clásicos históricos de Austria desde el príncipe Rodolfo que mató sangrientamente a su novia y se suicidó enseguida, hasta la prostituta Josefine Mutzenbacher y la princesa inglesa Diana. Su ensayo más reciente "Österreich ist schön. Ein Märchen" (Austria es bello. Un cuento de hadas) toma el caso conflictivo de una familia de refugiados albanesa del Kosovo en su odisea entre expulsión, apoyo y la amenaza de suicidio por parte de Arigona, la hija adolescente de 15 años.

Andrea Grill empezó su carrera literaria con un tomo de cuentos, un álbum familiar en que cuenta anécdotas de personas que van más allá del concepto autobiográfico, también el vecino pertenece a esta familia imaginada, destaca el tono fresco, las comparaciones inesperadas, originales y brilla un horizonte que va más allá de los límites geográficos de Austria. Andrea Grill es una escritora con ese trasfondo trashumante, vivió en Italia, Albania, en Sardinia, hizo su doctorado sobre la evolución de las mariposas, también traduce del albanés. Su novela más reciente, "Tränenlachen" (Reír llorando), bosqueja sutilmente en forma de cartas, los roces y acercamientos de una relación entre un joven albanés y una austriaca.

Rosemarie Poiarkov recibió la atención de los críticos por un libro de cuentos de amor y desamor "Eine CD lang" (Mientras suena un CD). Son nuevas facetas del encuentro-desencuentro amoroso en sus relatos. Lugares que puede descifrar el lector atento. Música, alcohol y antros crean una atmósfera propia en que muchos quieren reconocer lo que en Alemania se acostumbró a nombrar como literatura POP. Su cuento largo "Wer, wenn nicht wir?" (¿Quién, si no nosotros?) profundiza en el luto y sentimientos mixtos por la muerte de la abuela de la protagonista. Es un texto que se inscribe entre los diferentes mundos de las generaciones y entre la vida entre provincia y capital.

20100414

Camilo

Por Iskra


Cuando Camilo escuchó el timbre de su casa no se imaginó que la vida le cambiaría en el segundo que decidió atender el llamado. Dejó de lavar los trastes para asomarse por el ojito de la puerta, la figura detrás de la mirilla era su vecino. Levantó la mano a la altura de la chapa y cuando la sintió en la palma la giró lentamente. Lo que le vio sosteniendo a su vecino le sacudió hasta los intestinos. Era algo que le recordó cuando tenía diez años y a fuerza de desobediencia cogió la bicicleta con un balde para salir a robarle naranjas a su vecino. La fechoría habría resultado bien a no ser porque el manubrio cargado con el peso de las naranjas desvió la bicicleta a una zona empedrada, lo único que Camilo recordaba era que abrió los ojos y vio un par de dientes regados con un caminito de sangre que salía de su boca, el balde rojo tirado y todas las naranjas regadas. Aparte del dolor de la boca se sumó el dolor del cuerpo consecuencia de los chicotazos propinados por su madre, frente a ese balde rojo recargado en la pared que parecía que estaba mirando. Para Camilo la pérdida de los dientes no tuvo tanta importancia hasta que los niños comenzaron a llamarlo chimuelo, y más cariñosamente “el Chimas”, apodo que crecería con él. A decir del dentista los dientes que perdió eran el incisivo central izquierdo y el incisivo lateral izquierdo, ambos superiores. A falta de dinero su madre solo pudo pagarle el implante del diente incisivo central para que hablara sin sentir vergüenza. La ventilación de la boca creció con él igual que las burlas y los apodos. Avergonzado por su falta de diente Camilo dejó de sonreír y hablaba lo necesario, por eso cuando entró a trabajar de peón en una construcción se sintió seguro, pues mientras trabajaba no hablaba y al ver a sus compañeros albañiles de tan variadas desproporciones, su diente inexistente dejaba de preocuparle. De peón, Camilo pasó a ser media cuchara, luego cuchara y después albañil, en esa categoría logró construir una pequeña casa en un barrio popular, lo primero que le acondicionó a su pequeña posesión fue el timbre, timbre con el que ahora su vecino de al lado llamaba.

- Te regalo este balde.- fue lo que Camilo le escuchó decir – Te puede servir para tu ropa, para el agua, para trapear y hasta para remojar los pies.

El vecino esbozó una sonrisa y se retiró. La sorpresa fue tan grande que Camilo no atinó a decir nada y se quedó ahí parado sosteniendo el balde unos minutos, sin atreverse a entrar y sin atreverse a dejarlo ahí afuera.

Cuando la reacción llegó de golpe a la mente de Camilo, cerró la puerta y observó al nuevo inquilino. Era un balde corriente, rojo, claramente usado, lleno de manchas de pintura.. Cómo era posible que le regalaran algo tan feo y para acabarla usado, ese vecino no tenía vergüenza, como ya no le servía, creyó mejor regalárselo que esperar el camión de la basura. ¡Ah! Méndigo vecino, pero él, Camilo lo tiraría en cuanto pudiera.

Al talan talan, Camilo agarró el balde y salió hacia el carretón de basura. Lo primero que se encontró fue la mirada interrogante de su vecino, Camilo sonrió disimuladamente y cuando el basurero le preguntó que si el balde lo tiraría, solo respondió un “No”, que convenció al vecino pero no a sí mismo.

- Salí a mojar la calle.- Fue lo único que atinó a decir.

Los días pasaban unos tras otro y Camilo no se podía deshacer del balde, el vecino siempre estaba presente en la escena del próximo crimen y siempre eran las mismas excusas: “Traía la ropa. Les eché agua a las plantas. Transporté naranjas”. Una serie de absurdas respuestas. Mientras tanto ahí estaba el balde rojo, cínico, retador, burlándose en su cara.

Camilo casi cada noche soñaba que se encontraba ante un sacerdote azteca al que le ofrecía al nuevo inquilino. Cuando llegaba la hora del sacrificio entre burlas escuchaba “Chimas” repetidas veces y luego risas, muchas risas. Camilo despertaba sudando.

- ¿Está loco? Idiota.- Un transeúnte le gritó cuando soltó una patada al aire. Camilo lo miró con ojos de perro rabioso, “Y ese pendejo qué.” La patada que Camilo soltó era a ese balde que hasta en la calle lo seguía, ya oía el rechinar del plástico contra el asfalto del bulto rojo detrás de él. No sólo lo seguía en la calle, se aparecía manejando camiones, taxis, autos, bicicletas, patinetas, todo lo que tuviera ruedas. Un grito fue lo único que oyeron las personas en la calle cuando Camilo salió corriendo en una carrera frenética. “Chimas, Chimas, Chimas”, sólo eso escuchaba Camilo y muchas, muchas risas.

Cuando Camilo llegó a su casa cogió el martillo y cerró la puerta del patio para que el balde no pudiera escapar. Levantó el martillo y con fuerza lo estrelló en el plástico hasta que el cansancio de los brazos lo venció. Tomó de su bolsillo unos chicles en forma de cuadritos blancos, masticó el borde de uno y lo adhirió a la encía del diente inexistente. “Ves, no estoy chimuelo. No soy Chimas, así que cállate, cállate.”

Camilo no supo cuánto tiempo le llevó cavar un hoyo en el patio para enterrar los restos del balde hasta que un timbrido lo despabiló. Abrió la puerta sin mirar por el ojito.

- Hola vecino. Se acuerda del balde que le regalé. ¿Me lo podría prestar un momento?

Los puños de Camilo se cerraron instintivamente y antes de que lo decidiera ya estaban contra la cara del vecino. Si lo tiró o no con el golpe a Camilo no le importó, tampoco le importó que el viento golpeara su rostro en esa carrera frenética sin rumbo, mientras atrás de él cada vez más lejos escuchaba, “Chimas, Chimas” y muchas, muchas risas.

20100413

Eres mi razón de ser

Eres mi razón de ser

Por Denise Montiel


balbuceaba ella a su marido, segundos antes de unir sus labios a los de Morfeo, y se durmió.

le dijo la copa al vino, y se evaporó bajo el murmullo gris del chorro del fregadero, bajo la sordera de la noche, bajo el silencio –quedo- del cielo.

le dijo la lengua al corazón, y se ensopó su cuerpo con el olor del vino que flotaba sobre la mesa.

le dijo la baba al estómago, y se deslizó entre el concierto y los olores de los dientes al tronar contra el ajo.

le dijo la cuchara al plato, y se detuvo a observar cómo una mosca se paraba frente a ella para desfigurarse toda en su cóncavo universo.

le dijo la pluma al papel, y se perdió un día entero en el bosque de cristales arriba del secreter.

le dijo la lámpara al libro, y se apagó para mirar la escena del papagayo y la hoja –anunciando el sereno- detrás del cristal.

le dijo la trabe al techo, y se durmió. Y en el sueño soñó ser la proa de un barco salida de un tronco de un viejo baobab.

le dijo la maleta al saco, y se abrió completa para recibir el fresco de la mañana.

le dijo la escoba al piso, y enroscó sus cabellos entre el polvo y la hojarasca tendidos en el zaguán.

le dijo la maceta al romero, y calló ensimismada frente al musgo del jinicuil.

le dijo la fuente al agua, y lloró de alegría al ver su reflejo en los ojos de un niño que se vio reflejado en el agua, gigante, junto a un avión.

le dijo la rana al príncipe, y se fue brincando entre la sombra de una flauta y las huellas de un ratón.

le dijo la gallina al gallo, y se esfumó entre cojines y edredones buscando sus raíces.

le dijo la vaca al toro, y se tendió sobre el pasto para admirar de cerca a la tierra engullendo los cientos de hormigas anunciando el trueno.

le dijo la rama al tronco, y se estiró un milímetro rumbo al silbido del acantilado.

le dijo la balsa al océano, y se fue tras el viento impulsada por los ecos, vueltos olas, de la barca de Noé.

20100405

Sin importancia

Por Carlos Suárez

Hola, soy Juan, y soy esquizoide, ja, ja, bah; a poco no parezco los de las juntas esas de anónimos. Pues sí, eso dice mi psicólogo, que soy Juan y soy esquizoide, ¡hola!
Ahora debo hacer un diálogo interno, ja, ja, bah, mejor lo hago externo ¿para qué? ¿para que me oigan? No, porque quiero ¿por qué quiero? Porque creo que debo querer ¿o no?
De acuerdo, de acuerdo, mejor lo hago interno, no vaya a ser que si me rebelo ya no reúna los rasgos del esquizoide y recuerden, yo soy Juan, y soy esquizoide, ja, ja, bah.
Espermatozoide, humanoide, mongoloide, negroide, esquizoide, todo suena como a medias, como parecido a algo que no es, como casi algo, pues; espermatozoide: casi casi un ser; humanoide: casi humano; mongoloide: casi mongol; negroide: casi negro; esquizoide: casi… ¿esquizofrénico? No sé, pero todo parece que ni siquiera llega a ser lo que se pretende ser ¿es bueno? ¿es malo? No importa, así es ¿me duele? Cómo creen.
Que no siento ¿que no siento? ¡Qué, no siento y qué! puedo no sentir, total ¡hola! soy Juan, y soy esquizoide, ja, ja, bah.
Ya tengo dos padrinos de bautismo: el que me llevó a la pila de la iglesia y el que me trajo a este psicólogo que me catalogó con este nuevo nombre, o será adjetivo, creo que ya lo convertí en verbo: yo esquizeo, él esquizea, nosotros esquizeamos, sí todos los ezquizoides esquizeamos, aunque la computadora me lo ponga en rojo. Ya sé, se estarán preguntando si soy un esquizoide excepcional, si fui al psicólogo; no, no, un tipo que se dice mi amigo desde pequeño, que dice tratar de ayudarme, me lo llevó a un restaurante, engañado yo, claro, un supuesto amigo de él, si me di cuenta, soy esquizoide no pendejo.

Ahora estoy aquí, miren, encerrado en esta cueva embarrotada, en la que puedo hacer mi diálogo interno. Que robé o fraudé o abusé, dicen; que yo no fui, digo; que no me creen, oigo. Que no tengo el don de la ubicuidad, pienso, yo estaba en otro lado, pero no les digo, no tiene objeto al fin, qué, ¡hola! soy Juan, y soy esquizoide, ja, ja, bah.
Las noches tienen aquí el color de un arcoiris enfermo atravesado por hachas que la parten en trozos de silencio, aquí espero mi sentencia, será mañana, o pasado mañana, será cualquier día (parece canción), me dijeron la fecha pero no puse atención, igual da: salir, entrar, subir, bajar.
Ya me dijeron, veinte años, si pago es la mitad, pero cómo pago si no debo; tengo no niego, pago no debo; pagar lo que debo sin deberlo no es una premisa lógica, los silogismos no concuerdan. De cualquier manera, adentro o afuera es igual, sólo las paredes son más anchas allá; de todos modos en veinte años saldré para adentro, así que ¡adiós! Soy Juan, y soy esquizoide, siempre y cuando el psicólogo ese, que no es psiquiatra, no haya hecho mal su diagnóstico.











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